El «Villancico que llaman del soldador», de Federico Muelas

De Federico Muelas (Cuenca, 1910-Madrid, 1974) hemos puesto aquí, en años anteriores, varias composiciones navideñas como «Por atajos y veredas», el «Villancico que llaman unos del aserrín y otros del Niño Carpintero», el «Villancico que llaman de la partera», el «Villancico que llaman de la llegada de los Reyes Magos», el «Villancico nana de los tres Reyes» o el «Villancico que llaman del aviador». Siguiendo con la serie de los oficios, añado hoy el «Villancico que llaman del soldador».

Casa del herrero en Belén
Casa del herrero en Belén.

—¿Soldador?
                —Sí, soldador;
y un sol traigo preso aquí…
—Tápalo, que es noche y
dormidito está el Señor.

—Déjame pasar, José.
Voy a ofrecer mis calores
al nacido, porque sé
que viene a fundir amores.

—Deja en el santo crisol
de tu corazón la brasa
y pasa, soldador, pasa,
aunque no sirva tu sol[1].


[1] Cito por la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 247-248.

«Belén por compañía», soneto de Nieves Viesca

Nieves Viesca (Gijón, 1959) es poeta y narradora, autora de libros como La danza del equilibrio (1996), Metamorfosis del sentimiento (2002), Diecinueve o veinte líneas (2009), Manual de tinta (2012) o El túnel y los días (2017). Copio para hoy su soneto «Belén por compañía», publicado en Me gusta la Navidad. Antología de poesía navideña contemporánea (2016).

Juan Correa de Vivar, Adoración de los pastores (c. 1555-1559). Museo de Santa Cruz (Toledo, España)
Juan Correa de Vivar, Adoración de los pastores (c. 1555-1559).
Museo de Santa Cruz (Toledo, España).

Llega la Navidad que me envolvía
y el belén que recuerdo tan presente
arropa con su manto bien caliente
a este fin por su larga travesía.

Con luz hasta la sien, es compañía
disfrutar sus delicias gratamente
obsequiando figuras de mi mente
al anciano que muere cada día.

La hoz de mi vejez me trae presencias,
atesora la espera del adviento
reposado de azul melancolía

y encumbra los recuerdos con clemencias
del hogar en su vivo movimiento
para alcanzar la cúspide que es mía[1].


[1] Cito por Me gusta la Navidad. Antología de poesía navideña contemporánea, Madrid, Cuadernos del Laberinto, 2016, p. 35.

«Villancico de la sorpresa», de José García Nieto

De José García Nieto (Oviedo, 1914-Madrid, 2001) ya pueden leerse en el blog un par de poemas de temática navideña,  «Súplica del pastor que estaba mal colocado en el “belén”» y «Nacimiento de Dios». Añado hoy su «Villancico de la sorpresa», perteneciente a su libro Seis villancicos en la Navidad (1961).

Luca Giordano, Adorazione dei pastori (c. 1688). Musée du Louvre (París, Francia).
Luca Giordano, Adorazione dei pastori (c. 1688).
Musée du Louvre (París, Francia).

¡Pronto, venid, que aquí hay al…!
Algo hermoso, iba a decir,
y no pude concluir
al ver la luz del Portal.

¡Carillo, Gabriel, Leo…
Leonor, quise llamar,
pero no pude acabar,
que ya he visto al Niño yo.

¡Traed acá queso y mi…!
Y miel también, os decía,
que al tiempo que le veía
el Niño me ha visto a mí.

¡Preparad leña y cande…!
Candela de aquella estrella
y haced la hoguera más bella
para el hijo de José[1].


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, p. 155. Cito con algún ligero retoque en la puntuación.

Un soneto «Al Niño Dios» de Rafael Morales

De Rafael Morales (Talavera de la Reina, Toledo, 1919-Madrid, 2005), entre otros poemas de temática diversa, hemos dado entrada en el blog al soneto «Al gozo de Nuestra Señora cuando se supo Madre de Dios». Añado hoy este otro soneto, que se caracteriza por la musical cadencia de sus endecasílabos, realzada por diversos paralelismos. En los dos primeros cuartetos se enumeran los elementos de la naturaleza (alba, aire, rosas, brisa, luz, luna) que contribuyen —poéticamente— a la Encarnación del Niño; los dos tercetos ponderan el misterio de una divinidad eterna, infinita, que «se hace niña», «tan pequeña y suave» (vv. 10 y 9) al adoptar Cristo la naturaleza humana (unión hipostática). La composición se cierra con el bello apóstrofe «¡oh, alba de Dios que entre la paja llora!».

Antonio Palomino, Niño Jesús dormido (entre 1701 y 1725). Museo de Bellas Artes de Córdoba (España)
Antonio Palomino, Niño Jesús dormido (entre 1701 y 1725).
Museo de Bellas Artes de Córdoba (España).

El alba tomó cuerpo en tu figura,
el aire se hizo carne, los rosales
desangraron sus rosas virginales
para crear tu piel silente y pura.

Desparramó la brisa su ternura,
la luz cuajó en tu forma sus cristales,
la luna derramó sus manantiales
para crear en Ti nuestra ventura.

Divinidad que, tan pequeña y suave,
se hace niña en tu carne redentora,
en lo infinito ni siquiera cabe.

En Ti la eternidad tiene su aurora,
en Ti nada se halla que se acabe,
¡oh, alba de Dios que entre la paja llora![1]


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 156-157. Añado los signos de admiración en el último verso.

«Hoy ha nacido un niño», de María José Cortés

Esta noche es Nochebuena
y mañana Navidad…

(villancico popular)

Con mis mejores deseos de paz, amor y felicidad para esta noche en que nace el Niño-Dios, os dejo aquí este poema de María José Cortés (Madrid, 1971), autora que cuenta en su haber con poemarios como Palabras derramadas (2008), Cicatrices de asfalto (2013), El libro de los dones (2016), Ahora (2016, en colaboración con José María Carnero Montesinos), El arte de la genuflexión (2019) y El abrazo o el agua (2024).

Ludovico Cardi, Cigoli, La Adoración de los Pastores con santa Catalina de Alejandría
Ludovico Cardi, Cigoli, La Adoración de los Pastores con santa Catalina de Alejandría (c. 1600). Metropolitan Museum of Art (Nueva York, Estados Unidos).

Hoy ha nacido un niño
un niño de arena y agua
un niño como un aljibe.
Hoy ha venido un niño
a enseñar con su sonrisa
a mostrar con su silencio
caminos que son de luz
y que la luz los desanda.
Hoy ha nacido un niño
yo lo pongo en su cuna
de paja ilusión y grava
junto a su madre que canta
nanas de algodón que late
sobre la piel que es distancia
resurrección de la carne
madera de la ignorancia.
Mientras, José en la puerta
les protege de amenazas.
Quién comprenderá este amor
quién lo lleva en su garganta
gratis como un beso de río
hermoso como una danza.
Hoy puede nacer un niño
en la arena o en el agua
sin la posibilidad de un aljibe.
Hoy ha venido un niño
a hablar de luz o de balas
del frío que no se cuela
por la pared de una casa.
Un niño puede mostrar
con su sonrisa intocada
aquello que ya olvidamos
cuando la luz nos tocaba.
Quién comprende ya este amor
quién lo acuna en su garganta
como el roce de una mano
aprendiendo perfil de plata[1].


[1] Cito por Me gusta la Navidad. Antología de poesía navideña contemporánea, Madrid, Cuadernos del Laberinto, 2016, pp. 75-76.

«Letrilla de la Virgen María esperando la Navidad», de Gerardo Diego

La Virgen sueña caminos,
está a la espera…
La Virgen sabe que el Niño
está muy cerca…

Como antológico poema de Navidad de Gerardo Diego ya hemos reproducido aquí su célebre «La palmera» (editado en ocasiones con el título de «Canción al Niño Jesús»). Vaya para hoy, tercer domingo de Adviento, otro poema suyo, la «Letrilla de la Virgen María esperando la Navidad», perteneciente a sus Versos divinos (1938-1941). Diego, lo sabemos, es un consumado maestro en la recreación de la poesía popular, y así lo demuestra también con este poema que, con su estructura anafórico-paralelística (y la repetición del estribillo, con variantes), subrayada por el quebrado «con qué», expresa la incertidumbre de la joven María —que se dirige primero a los elementos de la naturaleza: luna, brisa y arroyuelo, y luego al ángel Gabriel y a su esposo José— ante la inminente llegada del Niño y los cuidados que requerirá el recién nacido.

Virgen María encinta

Cuando venga, ay, yo no sé
con qué le envolveré yo,
con qué.

Ay, dímelo tú, la luna,
cuando en tus brazos de hechizo
tomas al roble macizo
y le acunas en tu cuna.
Dímelo, que no lo sé,
con qué le tocaré yo,
con qué.

Ay, dímelo tú, la brisa
que con tus besos más leves
la hoja más alta remueves,
peinas la pluma más lisa.
Dímelo y no lo diré
con qué le besaré yo,
con qué.

Pues dímelo tú, arroyuelo,
tú que con labios de plata
le cantas una sonata
de azul música de cielo.
Cuéntame, susúrrame
con qué le cantaré yo,
con qué.

Y ahora que me acordaba,
Ángel del Señor, de ti,
dímelo, pues recibí
tu mensaje: «He aquí la esclava».
Sí, dímelo, por tu fe,
con qué le abrazaré yo,
con qué.

O dímelo tú, si no,
si es que lo sabes, José,
y yo te obedeceré,
que soy una niña yo,
con qué manos le tendré
que no se me rompa, no,
con qué[1].


[1] Cito por Guillermo Suárez, SM, María, belleza de Dios. Cien poemas marianos, Madrid, SPM. Servicio de Publicaciones Marianistas, 2010, núm. 24, p. 39.

Poesía de Adviento: «Lumbre de Dios», de Pedro Miguel Lamet, SJ

Ven, ven, Señor, no tardes,
ven, ven, que te esperamos…

Vaya para hoy, segundo domingo de Adviento, un soneto de Pedro Miguel Lamet, SJ titulado «Lumbre de Dios». De este autor ya han entrado en el blog poemas de Adviento («Soy Adviento», y su tríptico «Tres profetas de Adviento», formado por «Isaías», «Juan el Bautista» y «María») y de Navidad («Encarnación», «Meditación de fin de año»), además de otros más propios del tiempo de Semana Santa («Ceniza eterna», «El dolor del tiempo»). El que añado hoy pertenece a su libro La luz recién nacida. Cancionero de Adviento y Navidad (2016) y dice así:

Dios Padre y Dios Hijo

El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz; a las que habitaban en tierra de sombra de muerte, la luz resplandeció sobre ellos.

(Isaías, 9, 2)

Desde la sombra de la noche aquella
que también es la noche tuya y mía,
cuando esta tierra abandonada y fría
perdió sin ti la risa de tu huella,

y buscaba temblando la centella
de un sueño, una palabra, una alegría
que aliviara ese horror en que sufría
el ser sin ser, la vida sin estrella,

de pronto te asomaste a la ventana
y preguntaste al Padre de esta guisa:
—¿Qué te parece proclamar cariño

y que el hombre se sienta en la mañana
tu júbilo, tu lumbre, tu sonrisa?
—¡Bájate, Hijo, y llora como un niño![1]


[1] Pedro Miguel Lamet, La luz recién nacida. Cancionero de Adviento y Navidad, Bilbao, Ediciones Mensajero, 2016, pp. 79.

«Villancico del Adviento en Galilea. Homenaje a Federico García Lorca», de Jesús Górriz Lerga

Preparemos los caminos,
ya se acerca el Salvador…

Jesús Górriz Lerga (Pamplona, 1932​-Pamplona, 2016​), uno de los fundadores de la revista de poesía Río Arga, es un poeta que cultivó con maestría las formas estróficas tradicionales y que se aproximó a la temática navideña en distintas ocasiones, y de forma monográfica en su poemario Memorial del gozo (1994). Así, ya han entrado en el blog poemas suyos como el «Villancico del anuncio gozoso», el «Villancico del vagabundo», el «Villancico del corolario que resume el gozo», el «Villancico que repite la letanía de siempre», el «Villancico de la espera en el portal», los «Gozos para entonar en la Nochebuena», el «Romancillo de la Natividad del Señor» o el «Soneto para un alumbramiento» (y también otras composiciones de tema no navideño como «Primera claridad» o «Canción para Antonio Machado»).

Madonna del Parto (c. 1460), fresco de Piero della Francesca. Museo de la Madonna del Parto (Monterchi, Italia)
Madonna del Parto (c. 1460), fresco de Piero della Francesca. Museo de la Madonna del Parto (Monterchi, Italia).

Vaya para hoy, primer domingo de Adviento e inicio del nuevo año litúrgico, su «Villancico del Adviento en Galilea», que lleva como subtítulo «Homenaje a Federico García Lorca» (y, en efecto, se aprecian en el texto claros ecos lorquianos en el empleo de una métrica neopopularista, con repetición continua del primer verso y de un estribillo que presenta variantes, y en la imaginería empleada: nácar, luna, alborada, verdes algas, etc.). Dice así:

La Virgen se fue a la mar
a buscar conchas de nácar
para hacerle al niño[1] un cofre
de madreperlas y escarcha.

(La Estrella del mar volvía
con el rocío del alba.)

La Virgen se fue a la mar
en buscas[2] de espumas blancas
para coser los pañales
con sus puntillas de Holanda.

(La Estrella del mar volvía
saludando a la mañana.)

La Virgen se fue a la mar
a ver la luna en el agua
para copiar en sus brazos
un regazo de luz alta.

(La Estrella del mar volvía
orilla de la alborada.)

La Virgen se fue a la mar
a buscar las verdes algas
con que hacerle al niño ajorcas
y túnicas de esmeralda.

(La Estrella del mar volvía
con la flor de la enramada.)

La Virgen se fue a la mar
a oírle[3] cantar su nana
para acunarle los sueños
al pequeño Dios del alma.

(La Estrella del mar volvía
por la senda de las barcas.)

La Virgen se fue a la mar
en busca de la alborada
para iluminar el día
de la promesa anunciada.

(La Estrella del mar volvía
con el sol de la mañana.)[4]


[1] Mantengo aquí y unos versos más abajo la minúscula del original.

[2] Tal vez podría enmendarse a «en busca», considerando parásita la s final, atraída por «espumas blancas». En cualquier caso, «en buscas» bien podría ser un plural intensificador querido por el poeta y por ello mantengo lo que dice el texto.

[3] Añado la tilde, ausente en el original.

[4] Cito por Jesús Górriz Lerga, Memorial del gozo, Pamplona, edición del autor [EUROGRAF], 1994, pp. 27-28. El libro fue editado con la colaboración del Departamento de Educación y Cultura (Institución Príncipe de Viana) del Gobierno de Navarra.

Un soneto de Ernestina de Champourcin: «Búscame en ti. La flecha de mi vida…»

De Ernestina de Champourcin (Vitoria, 1905-Madrid 1999), poeta de la Generación del 27 y perteneciente al grupo de «Las Sinsombrero», esposa de Juan José Domenchina, ya había transcrito aquí su poema navideño «Contemplación de María». Como bien escribe José Luis Ferris, «Ernestina de Champourcin fue, con distancia, una de las poetas más prolíficas de su generación, con más de veinte libros publicados y una extensa lista de poemas diseminados, desde los años veinte, por múltiples y prestigiosos diarios y revistas»[1]. Vaya para hoy este bello soneto de La voz en el viento (1931), «construido con una retórica que tiene en el símbolo cancioneril o místico su base, aquí destinada a la expresión del amor humano, que a la altura de 1930 constituye para Champourcín uno de sus temas poéticos preferidos»[2].

Flecha atravesando dos corazones

Búscame en ti. La flecha de mi vida
ha clavado sus rumbos en tu pecho
y esquivo entre tus brazos el acecho
de las cien rutas que mi paso olvida.

Despójame del ansia desmedida
que abrasaba mi espíritu en barbecho.
El roce de tus manos ha deshecho
la audacia de mi frente envanecida.

Navegaré en tus pulsos. Dicha inerte
del silencio total. Ávida muerte
donde renacen, tuyos, mis sentidos.

Ahoga entre tus labios mi tristeza,
y esta inquietud punzante que ya empieza
a taladrar mi sien con sus latidos[3].


[1] José Luis Ferris, en Mujeres del 27. Antología poética, 6.ª impresión de la 1.ª ed., Barcelona, Planeta, 2025, p. 255.

[2] Francisco Javier Díez de Revenga, en Poetas del 27. Antología comentada, introducción de Víctor García de la Concha, Madrid, Espasa Calpe, 1998, p. 631.

[3] Lo cito por Poetas del 27. Antología comentada, pp. 630-631. En el verso 3 edito «tus» en vez de la lectura «sus» que trae la transcripción de Díez de Revenga.

La religión y el teatro en Calderón: los autos sacramentales

La dimensión religiosa aparece en numerosas obras de Calderón, pero no siempre en el mismo nivel. Más intensa en comedias como La devoción de la cruz, adquiere matiz hagiográfico en El mágico prodigioso, pero es en los autos sacramentales donde constituye un elemento fundamental. El auto sacramental sirve a la exaltación de la Eucaristía. El papa Urbano IV establece en 1264 la celebración de la fiesta del Corpus Christi, fiesta que se extiende por todo el orbe católico y recibe nuevo impulso en el Concilio de Trento, que ve en ella una respuesta a ciertas actitudes protestantes sobre el Sacramento. El auto sacramental pertenece a este marco histórico y religioso y es un género que despliega enorme riqueza de pensamiento, de poesía y de escenificación. Es un teatro intensamente religioso, pero no hay que olvidar que primordialmente es teatro.

La nómina de los autos calderonianos alcanza cerca de 80 títulos, que constituyen uno de los conjuntos artísticos de mayor importancia literaria y cultural del Siglo de Oro. Calderón aplica en este género sus más altas posibilidades de investigación dramatúrgica y ética al dramatizar un proceso de caída y redención en que el hombre, situado entre las asechanzas del Demonio y la gracia de Dios, es el protagonista de su propia historia, libre —y por tanto responsable— para desarrollar su proyecto vital. Trazan, así, los autos una ambiciosa perspectiva en la que todo cabe (el hombre interior y social, la naturaleza y la historia, Dios y el Demonio, el bien y el mal, la tentación y la gracia…), expresada en un poderoso teatro nutrido de cuestiones humanas esenciales.

Calderón de la Barca, ed. de Ignacio Arellano, estudio preliminar de Enrique Rull y Ana Suárez, Kassel, Edition Reichenberger, 2018.

La tarea de edición crítica y anotada de los autos completos de Calderón de la Barca ha sido, precisamente, uno de los objetivos del GRISO, que ha invertido algo más de veinticinco años (1992-2018) en publicar un centenar de volúmenes en colaboración con la prestigiosa editorial hispano-alemana Edition Reichenberger[1].


[1] Recupero este texto de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin, «Calderón de la Barca. Un maestro en el olvido», Nuestro Tiempo. Revista cultural y de cuestiones actuales de la Universidad de Navarra, 700, otoño de 2018, pp. 36-43. La biografía del dramaturgo más completa y reciente es la de Don William Cruickshank, Calderón de la Barca: su carrera secular, trad. de José Luis Gil Aristu, Madrid, Gredos, 2011.