«La celosa de sí misma» de Tirso de Molina: los chistes del gracioso

Otros chistes del gracioso, en La celosa de sí misma, presentan mayor complejidad y requieren una explicación algo más detallada[1]. Examinemos este diálogo:

MELCHOR.- Si a ver aquel ángel vuelvo,
no sé cómo he de poder
casarme.

VENTURA.- ¿Ángel, y de negro,
con uñas? Llámole diablo.

MELCHOR.- Es sol de nubes cubierto.

VENTURA.- Bien dices que es sol… con uñas (p. 1083).

Hay que tener en cuenta que sol con uñas, según recoge el DRAE, es frase figurativa y familiar que sirve para designar a «Este astro cuando se interponen algunas nubes ligeras que no le dejan despedir su luz con toda claridad y fuerza». Así pues, la expresión empleada por el gracioso puede entenderse en dos planos: 1) en primer lugar, la dama es sol con uñas en tanto en cuanto su mano, que se ha comparado metafóricamente con el sol, está cubierta con un guante; 2) pero la dama es también sol con uñas porque, pese a ser sol (metáfora trillada para designar la belleza o la bondad de una persona), oculta tras su apariencia exterior sus verdaderas cualidades e intenciones: es sol ‘mujer hermosa’, pero con uñas, y uñas connota aquí su ‘rapacidad’.

Sol con nubes

Otro chiste hay en la indicación de Ventura de que la dama misteriosa puede ser una «doncella despalmada / como nave que inverniza» (p. 1102). Despalmar es, en sentido recto, «Limpiar y dar sebo a los fondos de las embarcaciones que no están forradas de cobre» (DRAE), pero cabe entender el participio separando el prefijo des- e interpretando literalmente los elementos componentes, des-palmada. Una doncella despalmada será, pues, una doncella que ha perdido su palma (la palma es el atributo de la virginidad), es decir, una doncella que no es tal.

Un tercer chiste lo encontramos en la afirmación de Ventura de que se ha convertido en lacayo de anillo; dice el gracioso a doña Magdalena: «pues sin haber sido papa / me hacéis de anillo lacayo», en alusión a la sortija que le ha dado la dama. La expresión está calcada sobre obispo de anillo, también llamado obispo in partibus infidelium, que es «El que toma título de país o territorio ocupado por los infieles y en el cual no reside» (DRAE). Luego se juega también con conde de anillo (p. 1149): don Melchor es conde de anillo, en el sentido de ‘falso, que no responde a una realidad verdadera’, pues la condesa con quien se va a casar es igualmente fingida[2].


[1] Todas las citas de La celosa de sí misma corresponden a: Tirso de Molina, Obras completas, III, Doce comedias nuevas, ed. de María del Pilar Palomo e Isabel Prieto, Madrid, Fundación Castro, 1997, pp. 1055-1164. Otra edición moderna es: Tirso de Molina, La celosa de sí misma, ed. de Gregorio Torres Nebrera, Madrid, Cátedra, 2005. Esta entrada forma parte de los resultados de investigación del Proyecto «Identidades y alteridades. La burla como diversión y arma social en la literatura y cultura del Siglo de Oro» (FFI2017-82532-P) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España (Dirección General de Investigación Científica y Técnica, Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia).

[2] Para más detalles sobre la comedia remito a Carlos Mata Induráin, «Comicidad “en obras” y “en palabras” en La celosa de sí misma», en Ignacio Arellano, Blanca Oteiza y Miguel Zugasti (eds.), El ingenio cómico de Tirso de Molina. Actas del II Congreso Internacional, Pamplona, Universidad de Navarra, 27-29 de abril de 1998, Madrid / Pamplona, Instituto de Estudios Tirsianos, 1998, pp. 167-183.

Jerónimo de Cáncer: comedias bíblicas y otras de asunto religioso

El Arca de Noé (1665, escrita por Cáncer y Velasco junto con Martínez de Meneses y Rosete[1]) es comedia de asunto bíblico: es la historia de Noé, el gran privado de Dios, padre de la Edad segunda, y de sus hijos. En la Jornada III, la de Cáncer, se explica cómo el arca de los animales es trasunto de un «Arca mejor, en que el mismo / Verbo ha de librar el mundo / de el diluvio del delito» (p. 59a).

Gran éxito alcanzó, reeditándose varias veces, El bruto de Babilonia (1668, con Matos Fragoso y Moreto[2]), que refiere el cautiverio del pueblo de Dios en Babilonia. Se integra en esta comedia el sueño del rey Nabucodonosor interpretado por el profeta Daniel (la estatua gigantesca con pies de barro derribada por una piedrecilla, que será el Mesías); el episodio de Daniel y los leones; la historia de la casta Susana contemplada en el baño por los viejos; y la de los judíos arrojados al horno sin que se quemen. El título hace referencia a Nabucodonosor, que exige ser adorado como Dios de Asiria («Dios he de ser, Dios me llamo», p. 22a), viendo castigada su soberbia al quedar convertido en bruto irracional.

BrutodeBabilonia

En fin, La Virgen de la Aurora (1670, con Moreto[3]) dramatiza la tradición de una imagen de Nuestra Señora que los vecinos de Escamilla arrojaron a un estanque, de donde la sacó un lego franciscano para llevarla a Madrid y rendirle el debido culto. A esto hace referencia la seguidilla que canta el ciego: «A un estanque os echaron, / Virgen Divina; / ¿quién vio pila tan grande / de agua bendita?» (p. 310a). Es bello el soneto que declama Manuel al rescatar la imagen y algunos versos cantados por los Músicos, como los que abren la comedia:

MÚSICOS.- Norabuena sea
prioste en la fiesta
de la Niña bella
el rico Juan Tarro.
Anda, Maldonado,
que la fiesta es buena.
Norabuena sea (Jornada I, p. 282a)[4].


[1] El Arca de Noé, de Don Antonio Martínez, y Don Pedro Rosete Niño y Don Gerónimo Cáncer, en Parte veinte y dos de comedias nuevas, escogidas de los mejores ingenios de España, Madrid, Andrés García de la Iglesia a cargo de Juan Martín Merinero, 1665.

[2] La gran comedia del bruto de Babilonia, de D. Juan de Matos Fragoso, D. Agustín Moreto, Don Gerónimo Cáncer, en Parte treinta. Comedias nuevas, y escogidas de los mejores ingenios de España, Madrid, Domingo García Morrás a cargo de Domingo Palacio Villegas, 1668.

[3] La Virgen de la Aurora, de don Agustín Moreto y don Gerónimo Cáncer, en Parte treinta y cuatro de comedias nuevas, escritas por los mejores ingenios de España, Madrid, Joseph Fernández de Buendía a cargo de Manuel Meléndez, 1670.

[4] Para más detalles remito a Carlos Mata Induráin, «Cáncer y la comedia burlesca», en Javier Huerta Calvo (dir.), Historia del teatro español, vol. I, De la Edad Media a los Siglos de Oro, Madrid, Gredos, 2003, pp. 1069-1096.

«La celosa de sí misma» de Tirso de Molina: juegos de palabras

Hay muchos otros juegos de palabras en esta comedia de Tirso[1]: don Melchor desea que la dama sea imagen de la Soledad, no de la compañía, es decir, ‘que no la traiga’ (p. 1067); el comentario de que don Melchor ha sido potrero del bolsillo, al sacarle una piedra que contenía (p. 1081); las alusiones a la barriga de opilada que habrá tomado el acero, refiriéndose al mismo bolsillo; el juego con doscientos escudos y doscientos de azotes (p. 1082); el comentario de que la de la desconocida será una cara a letra vista (p. 1102), por el deseo de contemplarla de don Melchor; la mención de yemas y claras, refiriéndose a las caras de las monedas doradas (p. 1134); el Ite, missa est que da Ventura a dos cajas de dulces (p. 1141); otro chistecillo del gracioso, a quien los ojos de la dama, con sus pestañas, le parecen un vellón (p. 1142)…

Ite, missa est

Encontramos asimismo juegos onomásticos, ya con el nombre propio de Ventura: Venturilla / mi ventura (p. 1078), «Ahora sí que soy Ventura» (p. 1133) y varios más similares en las pp. 1082, 1095, 1115 y 1118. También con el de Santillana, escudero viejo, al que el gracioso llama «Nuño Salido» y «vuestra ancianidad»: como el buen anciano tiene como nombre de pila Suero, le dice que le sorberán los éticos (p. 1009). Otros juegos son reminiscencias de pasajes bíblicos, como la alusión a los llamados y escogidos (p. 1104; luego la emplea también doña Magdalena, p. 1126, en tono serio); o del Romancero: «Mediodía era por filo» (p. 1079)[2].


[1] Todas las citas de La celosa de sí misma corresponden a: Tirso de Molina, Obras completas, III, Doce comedias nuevas, ed. de María del Pilar Palomo e Isabel Prieto, Madrid, Fundación Castro, 1997, pp. 1055-1164. Otra edición moderna es: Tirso de Molina, La celosa de sí misma, ed. de Gregorio Torres Nebrera, Madrid, Cátedra, 2005. Esta entrada forma parte de los resultados de investigación del Proyecto «Identidades y alteridades. La burla como diversión y arma social en la literatura y cultura del Siglo de Oro» (FFI2017-82532-P) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España (Dirección General de Investigación Científica y Técnica, Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia).

[2] Para más detalles sobre la comedia remito a Carlos Mata Induráin, «Comicidad “en obras” y “en palabras” en La celosa de sí misma», en Ignacio Arellano, Blanca Oteiza y Miguel Zugasti (eds.), El ingenio cómico de Tirso de Molina. Actas del II Congreso Internacional, Pamplona, Universidad de Navarra, 27-29 de abril de 1998, Madrid / Pamplona, Instituto de Estudios Tirsianos, 1998, pp. 167-183.

Otras comedias de asunto religioso de Jerónimo de Cáncer

En Dejar un reino por otro y mártires de Madrid (1678, escrita por Cáncer y Velasco en colaboración con Villaviciosa y Moreto[1]), Enrique, cautivo español que guarda gran parecido físico con Solimán, el desaparecido sobrino del emperador otomano Amurates, tiene la oportunidad de hacerse pasar por el infante y aspirar al trono de los turcos y al amor de la bella princesa Luna. Ya en Constantinopla, se reúne con Flora, mujer a la que cortejó en Madrid y que le ha seguido por toda Europa. Ambos se niegan a renunciar a su fe cristiana, mueren mártires y un ángel pone sobre sus cabezas sendas coronas de color rojo y blanco (símbolo de su sangre derramada y de su castidad).

Santa Sofía

En Antioquía, en tiempos de Diocleciano, ocurre la acción de La Margarita preciosa (1663, con Zabaleta y Calderón[2]). Margarita, hija supuesta de Esedio, sacerdote gentil, se convierte al cristianismo y es sacrificada a los dioses; después de muerta, obra el prodigio de decir que Cristo es el Dios verdadero. En la Jornada II, Cáncer la presentaba en traje de pastora, entonando bellas alabanzas a Dios-Pastor: «Ya todo me ha faltado, / mas como os tenga a Vos, Divino Esposo, / nada encuentro, Señor, que sea penoso» (p. 420). La obra se desarrolla en un ambiente campesino, con bellas cancioncillas intercaladas:

MÚSICOS.- La beldad de Flora
celebren y alaben
todos los pastores
deste ameno valle.
Que de Margarita
la hermosura grande
quemósela el sol,
llevósela el aire (Jornada II, pp. 420b-421a)[3].


[1] Dejar un reino por otro y mártires de Madrid, de Cáncer, Villaviciosa y Moreto, en Parte cuarenta y cuatro de comedias nuevas, nunca impresas, escogidas de los mejores ingenios de España, Madrid, por Roque Rico de Miranda, a costa de Juan Martín Merinero, 1678.

[2] La Margarita preciosa, comedia famosa de tres ingenios, la primera jornada de Don Juan de Zabaleta, la segunda de Don Gerónimo Cáncer y la tercera de Don Pedro Calderón, en Parte veinte y una de comedias nuevas escogidas de los mejores ingenios de España, Madrid, Joseph Fernández de Buendía a cargo de Agustín Verges, 1663. Puede leerse en el tomo XIV de la BAE (Obras de don Pedro Calderón de la Barca, ed. de Juan Eugenio Hartzenbusch, tomo cuarto, Madrid, Rivadeneyra, 1945), pp. 517-536.

[3] Para más detalles remito a Carlos Mata Induráin, «Cáncer y la comedia burlesca», en Javier Huerta Calvo (dir.), Historia del teatro español, vol. I, De la Edad Media a los Siglos de Oro, Madrid, Gredos, 2003, pp. 1069-1096.

«La celosa de sí misma» de Tirso de Molina: algo más sobre la comicidad verbal

Como ya señalé en alguna entrada anterior, esta comedia de Tirso[1] rebosa de comicidad verbal, con numerosos juegos de palabras y chistes, en su mayor parte puestos en boca del criado Ventura.

Letras

Algunas de esas alusiones del gracioso están basadas en dilogías: de pesado (el bolsillo es tan pesado que parece necio, p. 1081); de preñado ‘lleno de cosas’ y ‘embarazado’, siendo esta segunda acepción operante por la mención de virgen (p. 1081); de sortija ‘anillo’ y ‘juego consistente en correr la sortija’, jugando además con la palabra precio, que designaba el ‘premio de las justas literarias’ (p. 1082); de ay, ay, ay ‘exclamaciones de don Melchor’ y ‘un baile de la época’ (p. 1104); de celebrada ‘encarecida’ y ‘misa celebrada’ (p. 1112); de faltas ‘ausencia de la menstruación’, ‘mataduras y defectos de una caballería’ y ‘errores en el juego de la pelota’ (p. 1116); de reverencias ‘saludo de cortesía’ y ‘tratamiento eclesiástico’, segundo significado atraído por la alusión inmediata a paternidades (p. 1140); de alba ‘vestidura religiosa’ y ‘amanecer’ (p. 1141), etc. También son frecuentes los juegos con las distintas acepciones de mano, como en este pasaje:

Mano, si en bolsillos fiera,
en sortijas franca y linda,
mano ginovesa o fúcar,
mano de papel batida,
mano de reloj de Flandes,
de cabrito o de cabrita,
de almirez que hace almendrada
y de misal manecilla (p. 1112).

Otros juegos de palabras están basados en fáciles paronomasias, como dedal y Dédalo, devanador y devaneos, ébano y Eva no (p. 1082); primo y primero (p. 1082); yerros ‘errores’ y [hierros] ‘cadenas’ de amor (p. 1086); cabello y cabe ello (p. 1087); muda y mudanzas (p. 1100); Chirinola y chirimía (p. 1110) o Chirinola y chilindrina (p. 1112); doblón y doblar de las campanas (p. 1131; luego el juego es entre doblón y doblar las rodillas, p. 1140); escudos, escudero y escudería (p. 1132). Puro floreo verbal es esta mezcla de paronomasias y derivaciones que hace Ventura:

Ya, ojos, pierdo la ojeriza
con que el bolso nos aojaste.
Ojalá ese ojal [dé] vista
al dios sin ojos ni ojetes[2],
pues es hojuela en almíbar.
Ojo a la margen, señor (p. 1111).

O esta acumulación de palabras que empiezan por la letra f:

… esta es mano, y no la otra,
flemática, floja y fría,
frágil, follona, fullera,
fiera, fregona y francisca (p. 1112).

En fin, la misma escena se remata con otro juego de paronomasia y aliteración: «¡Oh mano que mana minas!» (p. 1113)[3].


[1] Todas las citas de La celosa de sí misma corresponden a: Tirso de Molina, Obras completas, III, Doce comedias nuevas, ed. de María del Pilar Palomo e Isabel Prieto, Madrid, Fundación Castro, 1997, pp. 1055-1164. Otra edición moderna es: Tirso de Molina, La celosa de sí misma, ed. de Gregorio Torres Nebrera, Madrid, Cátedra, 2005. Esta entrada forma parte de los resultados de investigación del Proyecto «Identidades y alteridades. La burla como diversión y arma social en la literatura y cultura del Siglo de Oro» (FFI2017-82532-P) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España (Dirección General de Investigación Científica y Técnica, Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia).

[2] Enmiendo aquí el texto de la edición. Blanca de los Ríos, por su parte, en la edición de Aguilar, edita: «Ojale ese ojal de vista / el dios sin ojos ni ojetes».

[3] Para más detalles sobre la comedia remito a Carlos Mata Induráin, «Comicidad “en obras” y “en palabras” en La celosa de sí misma», en Ignacio Arellano, Blanca Oteiza y Miguel Zugasti (eds.), El ingenio cómico de Tirso de Molina. Actas del II Congreso Internacional, Pamplona, Universidad de Navarra, 27-29 de abril de 1998, Madrid / Pamplona, Instituto de Estudios Tirsianos, 1998, pp. 167-183.

Jerónimo de Cáncer: comedias «de santos y bandoleros»

Un subgrupo particular dentro de la producción dramática de Cáncer y Velasco lo forman dos comedias «de santos y bandoleros». Me refiero a Chico Baturi y Caer para levantar. La primera, publicada en 1652, colaboración con Antonio de Huerta y Pedro Rosete Niño[1], es comedia de ambiente italiano (Palermo). Francisco Baturi mata a César Veintemilla, que ha conseguido rendir a su hermana Laura Baturi. Para proteger su honor, Baturi mantiene encerrada a Laura. Convertido en capitán de bandoleros, comete mil excesos, ensañándose especialmente con los familiares y partidarios de César. Al final, vestido con el hábito de San Juan, se entrega y pide al duque de Montalto que mire por el honor de su padre y su hermana, y el generoso duque perdona al arrepentido «bandolero capuchino».

ChicoBaturi

Caer para levantar (1662, con Matos Fragoso y Moreto[2]) es una versión del mito del hombre que vende su alma al diablo a cambio de placeres mundanos. La acción sucede en Coimbra. Violante, hija del noble don Vasco de Noroña, rechaza los planes de su padre para casarla con don Sancho de Portugal. Ella ama a don Diego de Meneses, que fue el matador de su hermano. Don Vasco maldice a su hija y solicita la ayuda de don Gil Núñez, varón con fama de gran virtud. Sin embargo, don Gil se deja llevar por su apetito y goza a Violante (quien lo recibe creyendo que se trata de su amado). Convertido en bandolero, don Gil firma un pacto con Angelio, el Demonio. En la escena final, cuando ya se le ve hundirse entre llamas infernales, solicita la ayuda divina y un ángel lo salva, y tanto él como Violante hacen votos religiosos. El humor corre por cuenta del gracioso Golondro, que aparece primero de bandolero y luego de ermitaño, haciendo —dice él— más milagros que longanizas[3].


[1] Chico Baturi, de tres ingenios, don Antonio de Huerta, don Gerónimo Cáncer y don Pedro Rosete, en Primera parte de comedias escogidas de los mejores de España…,  Madrid, por Domingo García Morras, a costa de Juan de San-Vicente, 1652.

[2] Caer para levantar, de don Juan Vélez, don Gerónimo Cáncer y don Antonio Martínez, en Parte diez y siete de comedias nuevas, y escogidas de los mejores ingenios de Europa, Madrid, Melchor Sánchez a cargo de San Vicente, 1662.

[3] Para más detalles remito a Carlos Mata Induráin, «Cáncer y la comedia burlesca», en Javier Huerta Calvo (dir.), Historia del teatro español, vol. I, De la Edad Media a los Siglos de Oro, Madrid, Gredos, 2003, pp. 1069-1096.

«La celosa de sí misma» de Tirso de Molina: el dinero

En entradas anteriores he revisado cuestiones relacionadas con la belleza femenina y el lenguaje galante en La celosa de sí misma de Tirso de Molina[1]. En cuanto al dinero, Ventura pinta a las mujeres como verdaderas pidonas, entusiastas amigas, como diría Quevedo, de Santo Tomé. Y así, si lo único que ve don Melchor de la dama de la Victoria es la mano (una mano gustada a sorbos, con intermitencias, como si jugara al escondite[2]), Ventura lo único que intuye, aunque no la vea, es su uña rapaz: «¡Ay qué uñas aguileñas! / ¡Ay qué bello rapio, rapis! / ¡Ay qué garras monederas!» (p. 1068). Si el galán comenta, refiriéndose a los encajes de la manga del vestido, que era una mano adornada con una vuelta de red, el gracioso verá en esa red la imagen perfecta de la pescadora de bolsillos ajenos; y si aquel habla de su puño abierto (de nuevo en referencia al vestido), el criado comentará que no estuvo cerrado el que les tomó los dineros (pp. 1092-1093). Ventura se escandaliza de que su amo dé a la tapada su propio bolsillo[3], comentando humorísticamente: «Espiró nuestro bolsillo: / Requiscat in pace, amén» (p. 1078), y el acto I se remata con un nuevo lamento suyo por los dineros perdidos: «¡Ay mis escudos doscientos, / espirasteis en Madrid» (p. 1095).

Niñas contando monedas

En su concepto, las mujeres oliscan las faltriqueras y «si no exhalan el aliento / dorado, vuelven el rostro, / escupen y hacen un gesto» (p. 1080). Por eso, cree que la «ninfa» volverá por la Victoria tan solo si intuye «otro bolsillo preñado / de doradas gollorías» (p. 1101). En las escenas siguientes siguen los dicterios del cuitado Ventura contra esa «mano de tejo / que hemos engastado en oro» (p. 1084), verdadera «mano […] de Judas, / pues lleva bolsa y dineros» (p. 1087; recuérdese que Judas era quien guardaba la bolsa con el dinero común de los apóstoles). Todas estas prevenciones del criado contra las uñas femeninas las confirma su compañera Quiñones, quien comenta que todas las damas reciben con gusto las dádivas de sus amados, al afirmar que «Es grande hechicero el dar» y que, jugando del vocablo, «en los estudios de amor / sólo hay libros de recibo» (p. 1089)[4].


[1] Todas las citas de La celosa de sí misma corresponden a: Tirso de Molina, Obras completas, III, Doce comedias nuevas, ed. de María del Pilar Palomo e Isabel Prieto, Madrid, Fundación Castro, 1997, pp. 1055-1164. Otra edición moderna es: Tirso de Molina, La celosa de sí misma, ed. de Gregorio Torres Nebrera, Madrid, Cátedra, 2005. Esta entrada forma parte de los resultados de investigación del Proyecto «Identidades y alteridades. La burla como diversión y arma social en la literatura y cultura del Siglo de Oro» (FFI2017-82532-P) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España (Dirección General de Investigación Científica y Técnica, Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia).

[2] Ventura se sorprenderá de este amor de su amo, que entra por la grosura, por la mano, no por los ojos (p. 1072), vía de transmisión de los espíritus amorosos, según las idealizadas teorías neoplatónicas.

[3] Reprocha a su amo que va a hacer un mal papel, yendo a vistas sin un real, pues le parecerá a la novia un pelón que aspira a casarse con ella por el interés, por el dinero de su dote: «Pero agora, yendo a vistas / sin un real, por Dios, que temo / que al instante que te mire / le has de oler a perro muerto» (p. 1080), haciendo un juego de palabras entre el significado literal: ‘le has de parecer mal, como el olor de un perro muerto’ y la expresión formulística dar perro muerto, alusiva al engaño consistente en engañar a alguien (se decía sobre todo cuando no se pagaba a una prostituta por sus servicios). En cambio, la prometida de don Melchor es rica, y el oro nunca es feo; con dinero puede ser tenida como prototipo de belleza, como Elena de Troya, y de honestidad, como Lucrecia (p. 1062).

[4] Para más detalles sobre la comedia remito a Carlos Mata Induráin, «Comicidad “en obras” y “en palabras” en La celosa de sí misma», en Ignacio Arellano, Blanca Oteiza y Miguel Zugasti (eds.), El ingenio cómico de Tirso de Molina. Actas del II Congreso Internacional, Pamplona, Universidad de Navarra, 27-29 de abril de 1998, Madrid / Pamplona, Instituto de Estudios Tirsianos, 1998, pp. 167-183.

Jerónimo de Cáncer y Velasco: obras no dramáticas

En 1651 Jerónimo de Cáncer y Velasco publicó en Madrid sus composiciones poéticas, en un volumen dedicado a su protector, don Gaspar Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, que incluía además la comedia burlesca La muerte de Valdovinos y el entremés La garapiña (suprimido en la segunda edición, que salió ese mismo año, y en las siguientes)[1]. Estas Obras varias de don Gerónimo de Cáncer y Velasco se reimprimieron en Lisboa en 1657 y 1675. Bergman[2] apunta que el volumen conoció diez ediciones hasta 1761. La mayoría de las composiciones líricas reunidas aquí por Cáncer pertenecen al género festivo (sátira de tipos y costumbres, parodias mitológicas, versos divinos a lo burlesco…), aunque abundan también las de contenido religioso serio y otras de raigambre cultista como su «Fábula del Minotauro», escrita en octavas reales. En todo caso, el conjunto más destacado de la poesía de Cáncer está formado por sus jocosos poemas petitorios y satírico-burlescos, en los que da frecuente entrada a equívocos, dilogías y otras modalidades del juego de palabras[3].

Obras varias poéticas de Cáncer y Velasco

En ese volumen de Obras varias se recoge también el famoso Vejamen que redactó como secretario de la Academia poética de Madrid, en el que traza burlescas semblanzas de Martínez de Meneses, Belmonte, Alfonso de Batres, Rojas Zorrilla, Zabaleta, Rosete, Juan Vélez de Guevara, Matos Fragoso o Huerta, es decir, sus principales amigos y colaboradores literarios. Para Bonilla y San Martín es «un documento modelo en su género»[4], en el que campean todo el gracejo y naturalidad del autor[5].


[1] Obras varias de don Geronimo de Cáncer y Velasco, Madrid, por Diego Díaz de la Carrera, véndese en casa de Pedro Coello, 1651.

[2] Hannah E. Bergman (ed.), Ramillete de entremeses y bailes nuevamente recogidos de los antiguos poetas de España. Siglo XVII, Madrid, Castalia, 1970, p. 279.

[3] Una selección de sus poesías puede leerse en el tomo XLII de la BAE (Poetas líricos de los siglos XVI y XVII, tomo II, ed. de Adolfo de Castro, Madrid, Atlas, 1951), pp. 429-435; para un análisis remito a Narciso Díaz de Escovar, «Don Jerónimo de Cáncer y Velasco», Revista Contemporánea, tomo CXXI, cuaderno IV, núm. 606, 1901, pp. 399-404. Ver ahora Jerónimo de Cáncer y Velasco, Obras varias, ed. de Rus Solera, Zaragoza, Larumbe, 2005; y Jerónimo de Cáncer y Velasco, Poesía completa, ed. de Juan Carlos González Maya, Madrid, Fundación Universitaria Española, 2007.

[4] Adolfo Bonilla y San Martín [bajo el seudónimo de El Bachiller Mantuano], Vejámenes literarios por D. Jerónimo de Cáncer y Velasco y Anastasio Pantaleón de Ribera (siglo XVII), Madrid, Biblioteca Ateneo, 1909, p. 9. Lo reproduce en las pp. 19-36; puede verse también en el tomo XLII de la BAE (Poetas líricos de los siglos XVI y XVII, tomo II, ed. de Adolfo de Castro, Madrid, Atlas, 1951), pp. 435-437. Pueden verse nuevas aportaciones sobre el autor en varios trabajos de Elena Martínez Carro y Alejandro Rubio San Román: «Documentos sobre Jerónimo de Cáncer y Velasco», Lectura y Signo, 2, 2007, pp. 15-32; «Documentos sobre Jerónimo de Cáncer y su familia. Parte II», Lectura y Signo, 4, 2009, pp. 61-77; «Una nota biográfica sobre Jerónimo de Cáncer y Velasco», Revista de literatura, vol. 77, núm. 154, 2015, pp. 585-595; y «Relaciones entre Rojas Zorrilla y Jerónimo de Cáncer», Arbor, CLXXXIII, 2007, pp. 461-473.

[5] Para más detalles remito a Carlos Mata Induráin, «Cáncer y la comedia burlesca», en Javier Huerta Calvo (dir.), Historia del teatro español, vol. I, De la Edad Media a los Siglos de Oro, Madrid, Gredos, 2003, pp. 1069-1096.

«La celosa de sí misma» de Tirso de Molina: la burla del culteranismo

En La celosa de sí misma de Tirso de Molina, un aspecto importante en la parodia del lenguaje amoroso es la burla del culteranismo[1]. Por ejemplo, cuando don Melchor elogia la famosa mano diciendo que es «blancura tierna» y «cristal animado», Ventura apunta: «Di candor, si intentas / jerigonzar critiquicios», etc. (p. 1069).

Mano

Al enseñar doña Magdalena un ojo, don Melchor elogiará la «belleza en cifra» de ese «lucero», ocasión que aprovecha Ventura para animarle en el empleo acumulativo de metáforas e imágenes cultistas:

Mata, rinde, esplende, brilla,
hermoso rasgón de gloria,
luminosa saetía
para las flechas de amor.
Sé culto aquí, critiquiza (p. 1111).

Más tarde juega con la indicación de que los diamantes son «a lo culto rutilantes» (p. 1128). Por último, cuando el galán insista en calificar la blanca mano de «nieve helada» y use otras metáforas con las mismas connotaciones de ‘blancura’, Ventura volverá a insistir en su burla anticulterana:

Quitad la encella a esa nata,
si es que hay natas con encellas;
que yendo a decir cuajada,
andan, desde que hablan cultos,
las metáforas bastardas (p. 1142)[2].


[1] Todas las citas de La celosa de sí misma corresponden a: Tirso de Molina, Obras completas, III, Doce comedias nuevas, ed. de María del Pilar Palomo e Isabel Prieto, Madrid, Fundación Castro, 1997, pp. 1055-1164. Otra edición moderna es: Tirso de Molina, La celosa de sí misma, ed. de Gregorio Torres Nebrera, Madrid, Cátedra, 2005. Esta entrada forma parte de los resultados de investigación del Proyecto «Identidades y alteridades. La burla como diversión y arma social en la literatura y cultura del Siglo de Oro» (FFI2017-82532-P) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España (Dirección General de Investigación Científica y Técnica, Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia).

[2] Para más detalles sobre la comedia remito a Carlos Mata Induráin, «Comicidad “en obras” y “en palabras” en La celosa de sí misma», en Ignacio Arellano, Blanca Oteiza y Miguel Zugasti (eds.), El ingenio cómico de Tirso de Molina. Actas del II Congreso Internacional, Pamplona, Universidad de Navarra, 27-29 de abril de 1998, Madrid / Pamplona, Instituto de Estudios Tirsianos, 1998, pp. 167-183.

Jerónimo de Cáncer y Velasco (¿1599?-1655): datos biográficos y personalidad

Jerónimo de Cáncer y VelascoHombre de buen humor, dotado de agudísimo ingenio, amigo de equívocos y juegos de palabras, Cáncer destacó en el cultivo de la literatura jocosa, tanto en el terreno poético como en el dramático. Incluido entre los dramaturgos del ciclo de Calderón, escribió la mayoría de sus comedias en colaboración con numerosos ingenios del momento (el propio Calderón, Luis y Juan Vélez de Guevara, Agustín Moreto, Juan de Matos Fragoso, Pedro Rosete Niño, Antonio de Huerta, Antonio Martínez de Meneses, Sebastián de Villaviciosa, Juan de Zabaleta, los hermanos Figueroa…).

Cáncer nació a finales del siglo XVI (quizá en 1599) en Barbastro, en el seno de una familia noble. Sirvió, como contador o secretario, al conde de Luna, y contó con la protección puntual de otros nobles. En 1620 estaba en Madrid, y en 1625 casó con una viuda joven, doña María de Ormaza, con la que tuvo una hija. En alguna ocasión representó con los criados de Felipe IV en las comedias que se hacían en Palacio (es mérito que hace constar en uno de sus poemas para solicitar una ayuda de costa al rey). Fue asiduo a fiestas cortesanas, reuniones de academia y certámenes poéticos. Toda su vida pasó estrecheces económicas y es fama que, al morir en Madrid en 1655, fue enterrado de limosna. Una de las facetas más destacadas de su personalidad es precisamente la de «poeta pedigüeño»; él mismo se burlaba de su pobreza, por ejemplo en el romance dedicado «Al Excelentísimo señor Conde de Niebla, pidiéndole un vestido»:

Las llagas de mis calzones
son, señor, tan incurables,
que pasan las entretelas
y van descubriendo el Cáncer.

Además de su eterna pobreza, en sus composiciones poéticas quedan también apuntadas algunas notas físicas: su baja estatura, su obesidad, su desaliño indumentario… Bonilla y San Martín[1] y Sainz de Robles[2] han insistido en este retrato grotesco y abufonado de Cáncer. Por lo que toca a su producción literaria, un rasgo unánimemente destacado por la crítica es su carácter ingenioso, que se pone de manifiesto tanto en sus poemas como en los entremeses y comedias, y de forma particular en el subgénero de la comedia burlesca, del que Cáncer fue un verdadero especialista[3].


[1] Adolfo Bonilla y San Martín [bajo el seudónimo de El Bachiller Mantuano], Vejámenes literarios por D. Jerónimo de Cáncer y Velasco y Anastasio Pantaleón de Ribera (siglo XVII), Madrid, Biblioteca Ateneo, 1909, pp. 5-9.

[2] Federico Carlos Sainz de Robles, «Jerónimo de Cáncer y Velasco (¿1598?-1655)», en El teatro español. Historia y antología, vol. IV, Madrid, Aguilar, 1943, p. 821. Ver la ficha biobibliográfica que le dedica Juan Carlos González Maya, «Jerónimo de Cáncer y Velasco», en Pablo Jauralde Pou (dir.), Diccionario Filológico de Literatura Española. Siglo XVII, I, Madrid, Castalia, 2012, pp. 141-170.

[3] Para más detalles remito a Carlos Mata Induráin, «Cáncer y la comedia burlesca», en Javier Huerta Calvo (dir.), Historia del teatro español, vol. I, De la Edad Media a los Siglos de Oro, Madrid, Gredos, 2003, pp. 1069-1096.