«Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza», una comedia en colaboración (y 3)

¿Cuál es la relación que unía a los nueve colaboradores en Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, y a ellos a su vez con Lope de Vega, autor de la precedente comedia del mismo tema Arauco domado?[1] Reduciéndolo a lo esencial, se trata de la coincidencia de casi todos ellos en las justas poéticas madrileñas en honor de San Isidro de los años 1620 y 1622, tal como ha explicado Patricio C. Lerzundi, entre otros críticos:

Se ha visto que el interés de Lope por el tema de Arauco se remonta a 1598 y a través de muchas fuentes no necesariamente por conseguir el favor de los Cañete. Por otra parte, Luis de Belmonte estuvo en contacto directo con Pedro de Oña y con don García Hurtado de Mendoza entre los años 1605 y 1606 en el Perú.

Durante las justas poéticas de San Isidro de 1620 y 1622, en donde se reúne la mayoría de los nueve ingenios, Lope había servido como secretario y organizador de ellas. En la justa de 1620 concurrieron Luis de Belmonte, Jacinto de Herrera, el conde del Basto, Guillén de Castro y Diego de Villegas; en la justa de 1622 concurrieron Mira de Amescua, Guillén de Castro, el conde del Basto, Diego de Villegas y Fernando de Ludeña. Se deduce que es a partir de la justa de 1620 cuando comienza a formalizarse el proyecto de Algunas hazañas…[2]

¿Y cuál fue la intervención que tuvo cada uno de ellos en el proyecto común? No es mi propósito analizar las características de esta comedia en cuanto tal obra en colaboración, para valorar la aportación de cada poeta y explicar cómo se produce el ensamblaje de las distintas piezas, sino presentar cómo aparece tratada la figura de don García en el conjunto. Me limitaré aquí a dejar constancia del orden de las aportaciones hechas por cada dramaturgo y del número de versos de que constan. Hay que recordar que la dedicatoria a don Andrés Hurtado de Mendoza, así como las palabras dirigidas al «Lector», son de Luis de Belmonte Bermúdez, como seguramente es suyo también el plan organizativo general de la obra y la labor de coordinaciFirma de Fernando de Lodeñaón de los distintos ingenios. Los versos de la comedia se distribuyen así: en la Jornada I, los vv. 1-260 (un total de 260 versos), son de Antonio Mira de Amescua; los vv. 261-404 (144), de Francisco de Tapia y Leyva, conde del Basto; y los vv. 405-1218 (814), de Belmonte. En la Jornada II, los vv. 1219-1584 (367) corresponden a Juan Ruiz de Alarcón; los vv. 1585-1956 (372), a Luis Vélez de Guevara; y los vv. 1957-2119 (163), a Fernando de Ludeña.

En fin, en la Jornada III escribe los vv. 2120-2491 (352) Jacinto de Herrera y Sotomayor; los vv. 2472-2701 (230), Diego de Villegas; los vv. 2702-3045 (344), Guillén de Castro, y remata la faena Belmonte, que es el único que repite, con los vv. 3126-3195 (150).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Patricio C. Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Valencia, Albatros Hispanófila Ediciones, 1996, p. 31. Citaré por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

«Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza», una comedia en colaboración (2)

ComediaEnColaboracion.jpgLa existencia de piezas dramáticas escritas en colaboración es fenómeno bien conocido —y últimamente bastante estudiado— en el teatro del Siglo de Oro español[1]: para atender la fuerte demanda del público de los corrales de comedias, que exigía continuas novedades en los títulos representados, los dramaturgos debían trabajar muchas veces contra el reloj para cumplir con los plazos de los compromisos acordados con los autores de las compañías, y una forma de hacerlo con más comodidad consistía precisamente en repartirse el trabajo entre varios[2]. Lo más habitual era la colaboración entre tres ingenios, a razón de una jornada para cada pluma, y en cambio resulta mucho más excepcional —aunque sin ser tampoco caso único— el de una comedia escrita a nueve manos[3]. Como bien señala Patricio C. Lerzundi, «Lo que llama la atención en Algunas hazañas…, más que el hecho de que sea una obra escrita en colaboración, es que es una de las pocas que cuenta con nada menos que nueve autores»[4]. Ya Luis Fernández-Guerra y Orbe evocaba, a la altura de 1871, varias de las características de esta redacción en colaboración, al tiempo que apuntaba otras circunstancias atingentes a la representación y publicación en formato lujoso de la pieza que nos ocupa:

Muerto el piadoso príncipe [Felipe III], sucediéndole su hijo, con destinada afición a las musas del teatro, juzgó don Juan Andrés que en la escena se debía también presentar con toda su grandeza la figura del noble don García; y encomendó la tarea de disponer una comedia en su elogio al poeta Luis de Belmonte Bermúdez, que le había conocido y debido atenciones, siendo virrey del Perú, en el año de 1605. Belmonte, para dar mayor importancia y realce a la ofrenda, llamó a la parte del trabajo y de la gloria a algunas personas a quienes estimaba por amigos y muy sutiles ingenios. Reuniéronse nueve colaboradores, sin duda como observa con su habitual penetración el señor Hartzenbusch, para representar las nueve musas; y tomando por guía el libro del doctor maldiciente [los Hechos… de Suárez de Figueroa], trabajaron la comedia intitulada Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, dedicándola a su hijo y sucesor el gentilhombre de la cámara de Su Majestad. Representose, con extraordinario aparato, riqueza de trajes y admirable perspectiva, el año de 1622; y se imprimió lujosamente, aderezándola con dedicatoria y prólogo al lector y con los nombres de los poetas, y expresión de la parte de trabajo que a cada cual había correspondido[5].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] La comedia en colaboración es un tema que cada vez va contando con más bibliografía: ver, por ejemplo, Juan Matas Caballero, «El Arte nuevo de hacer comedias y la comedia en colaboración», en Cuatrocientos años del «Arte nuevo de hacer comedias» de Lope de Vega, coords. Germán Vega García-Luengos y Héctor Urzáiz Tortajada, Valladolid, Universidad de Valladolid-Secretariado de Publicaciones e Intercambio Editorial, 2010, vol. 2, pp. 715-728; y Alessandro Cassol y Juan Matas Caballero (eds.), La escritura en colaboración en el teatro áureo, Valladolid, Universidad de Valladolid-Secretariado de Publicaciones e Intercambio Editorial, en prensa). Ver también la bibliografía del proyecto La comedia escrita en colaboración en el Siglo de Oro, de la Universidad de León.

[3] Se suele recordar el caso similar de La mejor luna africana y Rey Chico de Granada, estudiada por María Soledad Carrasco Urgoiti, «En torno a La luna africana, comedia de nueve ingenios», Papeles de Son Armadans, año IX, tomo XXXII, 96, 1964, pp. 255-298 y más recientemente por Juan Matas Caballero, «La officina poetica de una comedia colaborada: La mejor luna africana», en La escritura en colaboración en el teatro áureo, eds. Alessandro Cassol y Juan Matas Caballero, Valladolid, Universidad de Valladolid-Secretariado de Publicaciones e Intercambio Editorial, en prensa. En cualquier caso, no me detengo en los mecanismos de la escritura en colaboración, sino que me centro en la caracterización del personaje a lo largo de la comedia en su conjunto, haciendo abstracción de la autoría de cada segmento.

[4] Patricio C. Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Valencia, Albatros Hispanófila Ediciones, 1996, p. 25. Citaré por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

[5] Luis Fernández-Guerra y Orbe, Don Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza, Madrid, Imprenta y Estereotipia de Rivadeneyra, 1871, p. 358.

«Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza», una comedia en colaboración (1)

En esta y en sucesivas entradas iré examinando, siquiera de forma somera, los principales datos externos sobre la comedia (autoría y datación, representación y publicación), así como los relativos a su estructura interna y las fuentes manejadas por los autores, sin olvidar el comentario de algunas valoraciones que ha ofrecido la crítica acerca de Algunas hazañas[1].

belmonte-bermudezLa pieza que nos ocupa, que ha sido calificada por Patricio C. Lerzundi como «tragicomedia histórica»[2], fue escrita en colaboración por nueve ingenios, siendo el coordinador del proyecto el sevillano Luis de Belmonte Bermúdez, quien estaba en México hacia 1604 y en 1605 había pasado a Lima; allí conoció a Pedro de Oña y al propio don García Hurtado de Mendoza, de forma que «pudo informarse en detalle de todos los hechos históricos relacionados con la conquista de Chile»[3]. Los demás dramaturgos que colaboraron en la escritura de la pieza fueron Juan Ruiz de Alarcón, Luis Vélez de Guevara, Antonio Mira de Amescua, Guillén de Castro, Fernando de Ludeña, Jacinto de Herrera y Sotomayor, Diego de Villegas y Francisco de Tapia y Leyva, conde del Basto[4]. Y aunque varios de ellos eran dramaturgos de reconocido prestigio y competencia (los cuatro primeros ocupaban un lugar destacado en el panorama teatral del momento, mientras que los otros cuatro eran menos importantes), la calidad del producto final resultante de esta colaboración a tantas manos no podía menos que resentirse.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] «Publicada en 1622 con el rótulo de comedia, atendiendo a su temática, Algunas hazañas… cabe dentro de la clasificación de “tragicomedia histórica”» (Patricio C. Lerzundi, «Introducción», en Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008, p. 2). Citaré por esta edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

[3] Patricio C. Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Valencia, Albatros Hispanófila Ediciones, 1996, p. 25. Para el personaje histórico, ver la biografía de Cristóbal Suárez de Figueroa, Hechos de don García Hurtado de Mendoza, cuarto marqués de Cañete…, en Madrid, en la Imprenta Real, 1613, y el trabajo moderno de Fernando Campos Harriet, Don García Hurtado de Mendoza en la Historia Americana, Santiago, Editorial Andrés Bello, 1969. Ver también Remedios Morán Martín, «García Hurtado de Mendoza ¿gobernador o héroe», Espacio, Tiempo y Forma, Serie IV, Historia Moderna, 7, 1994, pp. 69-86.

[4] Datos de los nueve autores en Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, pp. 25-30.

«Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza», una comedia de encargo nobiliario

En el teatro español del Siglo de Oro existen varias piezas que tienen como tema la conquista de Chile y la prolongada guerra de Arauco[1]. Dentro de ese corpus, hay algunas comedias que fueron encargadas por la familia de los Hurtado de Mendoza (primero por el propio don García y luego por su hijo don Juan Andrés) con la finalidad de prestigiar la figura del cuarto marqués de Cañete, quien en su etapa como gobernador de Chile (1557-1561) había logrado notables avances en la pacificación del rebelde territorio de Arauco, pero cuyos méritos e importancia no quedaron reconocidos por Alonso de Ercilla en su famosa Araucana. Para tratar de contrarrestar aquel voluntario olvido se preparó un amplio programa de propaganda que incluyó no solo varias obras de teatro, sino también crónicas, biografías, poemas épicos, etc.

Don García Hurtado de MendozaLas tres piezas teatrales que presentan ese carácter de «obras de encargo»[2] son Arauco domado de Lope de Vega, la más famosa y conocida, la que más bibliografía ha generado (¡Lope es Lope!) y asimismo la que parece estar al comienzo de la serie (aunque su publicación se produce en 1625, su fecha de redacción es bastante más temprana, en torno a 1599-1603); El gobernador prudente, de Gaspar de Ávila (puede datarse en torno a 1624-1625, pero no sería publicada hasta 1663); y Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, comedia “perpetrada” —y con la elección de esta palabra adelanto ya un juicio valorativo sobre su escasa calidad dramático-literaria— por nueve ingenios capitaneados por Luis de Belmonte Bermúdez, la cual se representó y publicó en Madrid en 1622[3]. De esta última obra me iré ocupando en sucesivas entradas.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Algunas hazañas es una obra que hay que estudiarla en el contexto del mecenazgo teatral y literario, concretamente en la categoría de las comedias genealógicas de encargo (también denominadas comedias histórico-políticas). Ver, entre otros trabajos, Andrea Sommer-Mathis et al., El teatro descubre América. Fiestas y teatro en la Casa de Austria (1492-1700), versión española de Társila Reyes Sicilia, Madrid, Editorial MAPFRE, 1992; Teresa Ferrer Valls, Nobleza y espectáculo teatral (1535-1622). Estudio y documentos, Sevilla / Valencia, UNED / Universidad de Sevilla / Universitat de València, 1993. y Miguel Zugasti, «El encargo literario», en Las palabras a los reyes y gloria de los Pizarros by Luis Vélez de Guevara, eds. William R. Manson y George Peale, Newark (Delaware), Juan de la Cuesta, 1996, pp. 49-86. Como es de suponer, estos encargos nobiliarios para escribir elogiosas piezas genealógicas de algún personaje de la familia dejaban pingües beneficios a los dramaturgos (o a los autores literarios, en general, pues también hay encargos en otros géneros distintos del teatro).

[3] Para el análisis de esta pieza ver especialmente Germán Vega García-Luengos, «Las hazañas araucanas de García Hurtado de Mendoza en una comedia de nueve ingenios. El molde dramático de un memorial», Edad de Oro, X, 1991, pp. 199-210; Fausta Antonucci, «El indio americano y la conquista de América en las comedias impresas de tema araucano (1616-1665)», en Relaciones literarias entre España y América en los siglos XVI y XVII, coord. Ysla Campbell, Ciudad Juárez, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 1992, pp. 32-35; Mónica Lucía Lee, De la crónica a la escena: Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Columbia, University of British Columbia, 1993, pp. 184-203; Victor Dixon, «Lope de Vega, Chile and a Propaganda Campaign», Bulletin of Hispanic Studies, LXX, 1993, pp. 84-85; Patricio C. Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Valencia, Albatros Hispanófila Ediciones, 1996, pp. 25-32 y 2009; Moisés R. Castillo, Indios en escena: la representación del amerindio en el teatro del Siglo de Oro, West Lafayette (Indiana), Purdue University Press, 2009, pp. 115-125; y Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227. Citaré por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008.

Don García Hurtado de Mendoza en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (y 14)

Como hemos podido apreciar a lo largo de sucesivas entradas, en esta comedia de El gobernador prudente de Gaspar de Ávila, que forma parte de la campaña de propaganda impulsada por la familia Hurtado de Mendoza (primero por el propio don García y, tras su muerte, por su hijo), destacan varios elementos: en primer lugar, el retrato del personaje —ya desde el título— como buen gobernante que, pese a su mocedad, actúa con prudencia, justicia, sabiduría, modestia y humildad[1]. En segundo término, encontramos la faceta bélica: los elogios de propios y extraños, españoles y araucanos, destacan continuamente su valor personal y sus dotes de mando militar, al tiempo que se pone de manifiesto su astucia, su sagacidad para descubrir el ardid de los araucanos (la falsa embajada de paz de Colocolo).

Don García Hurtado de Mendoza

En este retrato cobran importancia igualmente los elementos relacionados con la religión (don García es piadoso, actúa como un catequista con los indios y, al final, acaba equiparado a un santo). En suma, en esta obra panegírica de Gaspar de Ávila don García Hurtado de Mendoza es un personaje modélico y todas sus palabras y acciones conforman un compendio del buen gobernante. Diestro en armas y letras, este don García / San García es, como dijera Colocolo y recoge Bocafría en el ultílogo, el «piadoso vencedor» y el «gobernador prudente»[2].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Para más detalles sobre la comedia que nos ocupa ahora, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

La justificación de la conquista de América en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (y 2)

Pero, sobre todo, la justificación de la conquista de Arauco —por extensión de América— en virtud de la extensión de la fe católica aparece explícitamente en un par de pasajes muy significativos en los que don García debate con Colocolo, primero, y con Caupolicán después[1]. En efecto, importantísima es la escena de la (falsa) embajada de paz de Colocolo. Don García muestra su deseo de que el más anciano del Estado araucano conozca su «ciego error» y reciba la luz de la fe (vv. 1614b-1617)[2]. Colocolo protesta con estas palabras:

Y pues está en opinión
de sabio tu corazón,
que le dais juzga prudente
a nuestro espíritu ardiente
culto de otra religión,
cuando es ya rigor impío
obedecer mandamientos
de estranjero señorío,
que siempre han de estar exemptos
los actos del albedrío (vv. 1624-1633).

El venerable araucano pregunta directamente a don García cuáles son los argumentos que pueden justificar el dominio de los españoles. ¿Más valor en la guerra? Pero los araucanos los han derrotado algunas veces. ¿Un alma superior? Pero todos, españoles y araucanos, tienen almas inmortales. Don García, tras reconocer la prudencia del anciano representante Arauco, pleno de experiencia, razona que la justicia de los españoles es evidente. Este pasaje es muy interesante en tanto en cuanto escenifica esa especie de «debate legal» para justificar la jurisdicción española sobre el territorio chileno. Sabe don García que los araucanos están enojados por los tributos excesivos; pero él les aliviará esa carga. Y defiende el justo derecho del monarca español sobre aquellas tierras porque el Papa y el rey son inmediatos de Dios en la tierra. Añade que fundará seminarios religiosos para enseñarles la doctrina cristiana:

Y así, os pretendo fundar
seminarios religiosos
donde os puedan enseñar
con preceptos amorosos
la ley que habéis de guardar (vv. 1695-1698).

Reconoce también que españoles y araucanos son iguales en ser mortales, pero la fe católica es sin duda superior a la indígena. En fin, el gobernador deja claro que cumplirá con su honor, matando o muriendo. Colocolo, tras afirmar que queda convencido «en parte» (v. 1719), dice que hablará con los suyos y le pide que, mientras tanto, suspenda el rigor de su acero. En aparte, añade este elogio de don García (Colocolo cree que lo ha engañado con su táctica dilatoria, mientras se preparan mejor para la guerra):

(¡Qué bondad
y qué valor! No creyera
tal ser de tan poca edad;
pero en la reportación
tiene puesto el corazón
y le falta en lo advertido,
que aunque sabe, no ha sabido
conocerme la intención.) (vv. 1726b-1733).

Moisés R. Castillo ha destacado la importancia de esta escena:

lo que merece una atención especial es la reveladora entrevista entre Colocolo y don García al final del segundo acto, dada la calidad de los argumentos que se esgrimen. Por primera vez en estas comedias, dos personalidades, un español y un indio, tienen una entrevista donde relajadamente sentados debaten críticamente el actuar de ambos[3].

Y más adelante añade:

La explicitación de este discurso apologético-moralizante, sin duda, tendría un potente poder adoctrinador en el auditorio. Por eso es conveniente recalcar que el propósito de la obra de Ávila consiste en sacar a nueva luz lo sabio de las medidas de don García, que no sólo atajan los excesos de los peninsulares, sino que traen el «mejor y más pío gobierno» al territorio mapuche[4].

Un pasaje con función semejante lo tenemos en la escena del acto tercero en que se enfrentan en combate don García y Caupolicán. También aquí se produce un intercambio de pareceres sobre la justicia del dominio que ejerce en aquellas tierras el rey de España:

CAUPOLICÁN.- ¿En qué se funda quisiera
saber esta acción primera
del dominio de tu rey?

DON GARCÍA.- En instruiros la ley
de Dios, que es la verdadera (vv. 1998-2002).

Como vemos, de nuevo la conquista se justifica por motivos religiosos: la extensión de la fe católica. Aquí la escena no alcanza mayor desarrollo; simplemente, Caupolicán reconoce el valor de don García, antes de volver a pelear con él:

Si presumes blandamente,
con arrogancia peleas:
no me espanto que mi gente
huya acobardadamente,
ni que haya rey que se atreva
a introducción de ley nueva
con vasallo tan valiente (vv. 2006-2012).

La muerte de Caupolicán

El gobernador prudente se remata, como ya he señalado, con el bautismo de dos de los personajes «catequizados» por don García. Castillo valora así este final, en el que Caupolicán muere (pero con la garantía de salvación para su alma) y Guacolda pide profesar como religiosa:

De esta forma, los dos personajes que en el primer acto mostraban más inquina contra los peninsulares acaban de muy diverso modo: Caupolicán arrepentido, bautizado y muerto, sujeto de cruel, pero «necesario» y pío, ejemplo de la violencia española; y Guacolda monja y rezando por la victoria de los españoles, reflejo del poder del adoctrinamiento y de la excelsa labor de los españoles en Indias[5].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por Gaspar de Ávila, El gobernador prudente / The Prudent Governor, ed. de Patricio Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2009, con ligeros retoques en la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

[3] Moisés R. Castillo, Indios en escena: la representación del amerindio en el teatro del Siglo de Oro, West Lafayette (Indiana), Purdue University Press, 2009, p. 100.

[4] Castillo, Indios en escena…, pp. 101-102.

[5] Castillo, Indios en escena…, p. 106.

La justificación de la conquista de América en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (1)

En esta comedia encontramos planteada la justificación de la conquista de América por motivos religiosos. Un leit motiv repetido a lo largo de la pieza es la idea de que, para don García, resulta mucho más importante la conquista espiritual que la territorial, es decir, el ganar las almas que el someter los cuerpos y las vidas.

Indios mapuches rezando a la Virgen María

Es más, don García actúa como un verdadero catequista que quiere enseñar a Colocolo y a Guacolda la falsedad de sus ídolos y la existencia de un Dios verdadero. En efecto, cuando Guacolda pide a los españoles que le den muerte, don García le responde que la confunde «la ciega idolatría / de tu torpe entendimiento» (vv. 2224-2225), y trata de aleccionarla con estas palabras:

Demonios son vuestros dioses
y con engañoso intento,
por asegurar las almas,
os lisonjean los hechos.
Solamente nuestro Dios
es, Guacolda, el verdadero,
y el que nos hizo de nada,
estando siempre en sí mesmo.
Y si por aquí hay alguno
de los tuyos, verás presto
comprobada esta verdad
con fáciles argumentos (vv. 2230-2241).

Y cuando Guacolda presa comenta su deseo de consultar con el dios que anunció la llegada del español, su «Eponamón supremo» (v. 2251), que suele contestar a las preguntas que se le hacen, don García la anima a ello, pero antes le entrega un Agnus Dei con una astilla de la Cruz de Cristo. Señala la acotación tras el v. 2257: «Ábrese la peña, salen muchas llamas de fuego y humo», y de dentro de la peña se oye a Eponamón decir: «Reniego de su poder» (v. 2258). Don García la convence de que se trata de un espíritu blasfemo[4] y Guacolda pide que se la admita en la ley del evangelio a través del bautismo. La alegría de don García es grande, pues convertir a un infiel le parece la victoria más honrosa de todas:

Y este sí es glorioso triunfo,
que en más estimo, más precio
darle a Dios un alma sola
que a mi rey un mundo entero (vv. 2282-2285).

En efecto, el bautizo de Guacolda con el nombre de María se celebra hacia el final de la pieza, momento en que don García insiste en que «el darle [a Dios] un alma / es el triunfo verdadero» (vv. 2554-2555), al tiempo que don Felipe reconoce que esa es «Digna acción de tu saber» (v. 2560).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Ver sobre esta cuestión Alberto Pérez-Amador Adam, De legitimatione imperii Indiae Occidentalis. La vindicación de la Empresa Americana en el discurso jurídico y teológico de las letras de los Siglos de Oro en España y los virreinatos americanos, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011 (para el teatro, pp. 319-403).

[3] Cito por Gaspar de Ávila, El gobernador prudente / The Prudent Governor, ed. de Patricio Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2009, con ligeros retoques en la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

[4] El contrapunto humorístico lo pone el chiste de Bocafría, que equipara al dios con un sodomita: «Bocafría.- Este ídolo es nefando, / a pagar de mi dinero. / Don Felipe.- ¿Por qué? Bocafría.- Huele a chamusquina, / y paga el delito en fuego» (vv. 2262-2265).

Don García Hurtado de Mendoza en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (13)

El elemento religioso constituye un aspecto muy destacado en el desarrollo de esta comedia[1]. Algunos detalles nos han ido apareciendo ya en entradas anteriores, pero los sintetizaré ahora recordando las escenas y los motivos esenciales. Un aspecto destacado es la piedad religiosa de don García. Ya comenté la escena en la que se tumba en el suelo al paso del Santísimo Sacramento, que sirve para poner de relieve la piedad y la humildad del gobernador, y que —en esta comedia— va imbricada con el acto gubernativo de la detención de Villagrán. Otro detalle de ese comportamiento piadoso: cuando los indios se ofrecen a poblar algunas ciudades que han quedado deshabitadas por la guerra, don García decide que la primera ha de ser la Concepción, «porque tenga preeminencia / por el nombre, como es justo» (vv. 2476-2477)[2].

Arauco domado, de Pedro de Oña

Otro detalle que merece comentario es la denominación de San García que se aplica al personaje: cuando quedan derrotados los araucanos, los demás indios que les seguían en la rebelión acuden en masa a someterse a los españoles, momento en que comenta Bocafría: «Dicen que eres San García / y que te quieren besar / los pies» (vv. 2371-2373a). Como anota Patricio Lerzundi, esta denominación de San García estaba ya en el exordio del Arauco domado de Oña («¡oh, sublime garza Sant García!»). Y es ahora cuando parece cobrar más sentido la alusión al Flos Sanctorum de Villegas: podríamos decir que del panegírico hemos pasado definitivamente a la hagiografía; don García se ha convertido ya en San García.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por Gaspar de Ávila, El gobernador prudente / The Prudent Governor, ed. de Patricio Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2009, con ligeros retoques en la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

Don García Hurtado de Mendoza en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (12)

Solo queda una coda final, que es el bautismo y muerte de Caupolicán[1]. Aquí el episodio tiene una importancia secundaria frente a lo que sucede, por ejemplo, en Arauco domado de Lope y además presenta variantes significativas[2]: en efecto, la orden de matar al toqui no la da aquí don García sino Reinoso, sobrino de Valdivia, que ha mandado empalarlo (se muestra una apariencia: «Corra una cortina y muéstrelo empalado», acot. tras el v. 2710)[3]. Don García se enfada ante esta cruel ejecución: «¡Por vida del rey, tirano, / que estoy por darte la muerte / por hecho tan inhumano!» (vv. 2711-2713), apostrofa a Reinoso. Este se disculpa diciendo que el caudillo araucano murió arrepentido y cristiano. La intercesión de Guacolda en favor de Reinoso permitirá que de nuevo don García se ejercite en el perdón, pero no sin antes lanzarle esta dura advertencia:

pero no por eso abono
su rigor inadvertido;
que aunque las venganzas son
disculpas del corazón,
la nobleza del poder
consistió en poderla hacer,
pero no en la ejecución.
Porque ¿qué más soberanos
hechos, más nobles y humanos
que tener siempre una vida
inferior y agradecida
a la piedad de tus manos? (vv. 2724-2735).

Caupolicán cautivo

Cabe recordar, en fin, las palabras últimas de la comedia, que resumen —en labios de Bocafría— los rasgos principales del retrato de don García Hurtado de Mendoza:

Y porque otra parte cuente
el fin espléndidamente,
en esta fin da el autor
al piadoso vencedor
y al gobernador prudente (vv. 2751-2755).

En suma, a lo largo de la comedia encontramos toda una serie de comentarios, en boca de los españoles, pero también de los propios araucanos, que subrayan esa piedad y esa prudencia (aplicadas ahora al ámbito de lo militar, como vimos antes en lo que atañía a la gobernación) de don García, que une en su persona rasgos de valor personal, saber, buen juicio, sagacidad, astucia


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] También el episodio de Galvarino (el indio al que los españoles cortan las dos manos para escarmentar a los rebeldes araucanos) aparece tratado aquí de forma más breve y menos trágica que en la pieza de Lope.

[3] Cito por Gaspar de Ávila, El gobernador prudente / The Prudent Governor, ed. de Patricio Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2009, con ligeros retoques en la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

Don García Hurtado de Mendoza en «El gobernador prudente» de Gaspar de Ávila (11)

Una última serie de elogios se añaden en la escena final de la comedia[1]. El segundo ataque de los indios, lanzado en el momento del bautizo de Guacolda, también ha fracasado. Las palabras de la araucana suponen primero un nuevo elogio de don García, luego una advertencia a Arauco para que se bautice:

Vueseñoría, señor,
vino con su gran valor
a redimir esta tierra;
y así a un mismo tiempo aquí
nos da cuidadoso a mí
el bautismo de su ley,
mayor poder a su rey
y laurel eterno a sí;
que con tan heroicos nombres,
tal sangre y tales renombres,
poco su ser aumentara
si en Chile se contentara
con hacer lo que otros hombres.
¡Ea, hijo valeroso
de aquel virrey por quien ya
el Perú vive glorioso;
a ellos, que Arauco está
de tu espada temeroso!
¡Qué bien se te echa de ver
que has heredado el vencer
de la sangre de Mendoza,
y que España en ella goza
los triunfos de su poder! (vv. 2638-2660)[2].

Se trata de una escena ticoscópica, en la que Guacolda relata cómo se rinden los araucanos y la huida de Caupolicán, al tiempo que añade esta advertencia dirigida a los suyos:

Tómate cuenta a ti mismo,
Arauco, en tu barbarismo,
que el vencimiento mayor
es el conocer tu error
con la crisma del bautismo (vv. 2666-2670).

Guacolda

La derrota araucana (el triunfo de don García) es total. Colocolo dice que Arauco se entrega y queda domado, y don García, en su respuesta, de nuevo da muestras de que sabrá perdonar piadoso:

COLOCOLO.- Domado Arauco te ruega
que, pues a tus pies rendido
ya tributario se entrega,
que lo perdones vencido.

DON GARCÍA.- Nunca mi piedad se niega,
que aunque el seros generoso
parezca en algo dañoso,
solo quiero parecer
riguroso hasta vencer,
y en venciendo, ser piadoso.
El verdadero triunfar
es poder y no matar;
y así me hace insistir
animoso en el rendir
la gloria del perdonar.

COLOCOLO.- Nueve victorias te han dado
verde laurel, y has poblado
diez ciudades, persuadiendo,
peleando y corrigiendo.

DON GARCÍA.- Está el mundo admirado;
libre estáis.

COLOCOLO.- Y obediente
te humilla Arauco la frente;
y que eres, dirá, señor,
el piadoso vencedor
y el gobernador prudente (vv. 2671-2695).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por Gaspar de Ávila, El gobernador prudente / The Prudent Governor, ed. de Patricio Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2009, con ligeros retoques en la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.