«Al Nacimiento de Jesús», villancico de Santa Teresa

Vaya para el día de Año Nuevo este villancico pastoril dialogado de Santa Teresa de Jesús. Como bien anota el Padre Tomás Álvarez, los nombres de los pastores que hablan o se mencionan (Gil, Bras, Menga, Llorente) son los tradicionales en la poesía pastoril castellana. Y añade el dato de que «Todo el poema se conserva autógrafo: los primeros once versos, en el carmelo de Florencia; los restantes en el carmelo de Savona (Italia)». Como es habitual en este tipo de poemas, al tiempo que se canta el Nacimiento de Jesús se anuncia ya su pasión y muerte redentora de toda la humanidad:

Adoración, Bonifacio Veronese

Hoy nos viene a redimir
un Zagal, nuestro pariente,
Gil, que es Dios omnipotente.

—Por eso nos ha sacado
de prisión a Satanás;
mas es pariente de Bras,
y de Menga, y de Llorente.
¡Oh, que es Dios omnipotente!

—Pues si es Dios, ¿cómo es vendido
y muere crucificado?
—¿No ves que mató el pecado,
padeciendo el inocente?
Gil, que es Dios omnipotente.

—Mi fe, yo lo vi nacido
de una muy linda Zagala.
—Pues si es Dios, ¿cómo ha querido
estar con tan pobre gente?
—¿No ves que es omnipotente?

Déjate de esas preguntas,
muramos por le servir,
y pues Él viene a morir,
muramos con Él, Llorente,
pues es Dios omnipotente[1].


[1] Cito, con algún ligero retoque, por Santa Teresa, Obras completas, 16.ª ed., preparada por Tomás Álvarez, Burgos, Monte Carmelo, 2011, p. 1371. 

«De una Virgen hermosa / celos tiene el sol», villancico de Lope de Vega

 El Niño Dios ha nacido en Belén,
¡aleluya, aleluya!
Quiere nacer en nosotros también,
¡aleluya, aleluya!

¡Gloria a Dios en las alturas
y paz en la tierra a todos los hombres
de buena voluntad!

Vaya para el feliz día de la Natividad del Señor este otro villancico del Fénix, perteneciente también a Pastores de Belén[1]. Comenta su editor moderno, Antonio Carreño, que «Cristo es el nuevo Sol, el centro por analogía del nuevo mundo que va a regir con su llegada (vv. 13-14)». Y añade después en su anotación:

Nótese el conceptismo sacro: el sol se rinde a los pies de la Virgen (de la Estrella) como señal de adoración, pues esta porta en sus brazos al otro Sol mayor. La iconografía sagrada presenta numerosos ejemplos de tal representación[2].

Natividad

Este es el texto completo del villancico, que tiene (¡es de Lope!) toda la gracia y sencillez de la mejor poesía popular:

De una Virgen hermosa
celos tiene el sol,
porque vio en sus brazos
otro Sol mayor.

Cuando del Oriente
salió el sol dorado,
y otro sol helado
miró tan ardiente,
quitó de la frente
la corona bella,
y a los pies de la Estrella[3]
su lumbre adoró,
porque vio en sus brazos
otro Sol mayor.

«Hermosa María»,
dice el sol vencido,
«de vos ha nacido
el Sol que podía
dar al mundo el día
que ha deseado».
Esto dijo humillado
a María el sol,
porque vio en sus brazos
otro Sol mayor[4].


[1] Lope de Vega, Pastores de Belén. Prosas y versos divinos de Lope de Vega. Dirigidos a Carlos Félix, su hijo, en Madrid, por Juan de la Cuesta, año 1612, fols. 193v-194r.

[2] Antonio Carreño, en su ed. de Lope de Vega, Rimas humanas y otros versos, Barcelona, Crítica, 1998, p. 610, nota a los vv. 10-11.

[3] Se trata de un heptasílabo en un contexto de hexasílabos, lo mismo que el v. 21, «Esto dijo humillado».

[4] Cito por Lope de Vega, Rimas humanas y otros versos, ed. y estudio preliminar de Antonio Carreño, Barcelona, Crítica, 1998, p. 610.

«Campanitas de Belén», villancico de Lope de Vega

Venid, que es hoy Nochebuena.
Venid, que es hoy Navidad…

Vaya para la noche de Nochebuena este precioso villancico de Lope de Vega, inserto en Pastores de Belén. Los humildes pastores han recibido la embajada angelical que les anuncia el nacimiento del Salvador, y ellos se preparan para acudir a adorarlo: «—Vamos a ver la inmensa maravilla que Dios ha usado con nosotros: pasemos hasta Belén y gocemos desta gloria que por tan altos y fidedinos embajadores nos ha sido prometida». Tras lo cual, añade el narrador:

No se les olvidaron algunos dones y presentes, aunque humildes (puesto que de los corazones y voluntades es el mejor para quien hizo todas las cosas criadas que estima el hombre), y con varios y dulces instrumentos comenzaron a regocijar la divina mañana de aquel venturoso día, de tal suerte que los demás vaqueros y pastores de aquellas cabañas se les iban juntando por el camino, y todos cantando ansí.

Nacimiento

Este es el texto del villancico que entonan:

Campanitas de Belén,
tocad al Alba, que sale
vertiendo divino aljófar
sobre el Sol que de ella nace,
que los ángeles tocan,
tocan y tañen,
que es Dios hombre el Sol
y el Alba su madre.

Din, din, din, que vino en fin,
don, don, don, San Salvador,
dan, dan, dan, que hoy nos le dan,
tocan y tañen a gloria en el Cielo,
y en la tierra tocan a paz.
En Belén tocan al Alba
casi al primer arrebol
porque de ella sale el Sol,
que de la noche nos salva.
Si las aves hacen salva
al Alba del Sol que ven,
campanitas de Belén,
tocad al Alba, que sale
vertiendo divino aljófar
sobre el Sol que de ella nace,
que los ángeles tocan,
tocan y tañen,
que es Dios hombre el Sol
y el Alba su madre.

Este Sol se hiela y arde
de amor y frío en su Oriente,
para que la humana gente
el Cielo sereno aguarde,
y aunque dicen que una tarde
se pondrá en Jerusalén,
campanitas de Belén,
tocad al Alba, que sale
vertiendo divino aljófar
sobre el Sol que de ella nace,
que los ángeles tocan,
tocan y tañen,
que es Dios hombre el Sol
y el Alba su madre[1].


[1] Pastores de Belén, prosas y versos divinos de Lope de Vega Carpio. Dirigidos a Carlos Félix, su hijo, en Lérida, a costa de Miguel Manescal, mercader de libros, 1612. Cito por la edición electrónica de Enrique Suárez Figaredo (pp. 179-180), disponible aquí. Desarrollo los versos del estribillo.

«Star Wars (1977)», poema de Luis Alberto de Cuenca

Esta entrada debería haber salido el pasado viernes 18, día en que se estrenaba en España El despertar de la fuerza, la última entrega de la saga La guerra de las galaxias (Star Wars), pero… el hombre propone y el blog dispone. Sale hoy, que es cuando ha sido posible…

El poema de Luis Alberto de Cuenca pertenece a la sección «Carteles de cine», de su poemario La vida en llamas, que recoge poemas de entre 1996 y 2005[1]. En este texto, el poeta cinéfilo —o cinéfilo poeta— evoca la impresión en él causada por la película de George Lucas (la primera estrenada de la serie, el Episodio IV, A New Hope / Una nueva esperanza); o, para ser más exactos, por la protagonista, la princesa Leia (interpretada por Carrie Fisher), que para el hablante lírico constituye una encarnación del eterno femenino.

PrincesaLeia

El texto del poema, que se puede escuchar recitado en este enlace, es como sigue:

Hace ya tanto tiempo que no puedo acordarme,
pero sé que ocurrió. No sé dónde. En galaxias
improbables, difusas. Acaso en mi cerebro
tan sólo. No recuerdo ni el tiempo ni el lugar,
pero pasó. Las cosas importantes que pasan
parecen no pasar. Una chica muy pálida
venía de algún astro a jugar en tu sueño
contigo: era tu amiga, la que se fue de viaje
por el cielo, y volvía para no abandonarte
nunca más. Sonreía como una aparición
surgida de las páginas de una novela gótica
y, a la vez, como un hada de los hermanos Grimm.
Se hacía llamar Leia en nuestros juegos. Leia
Organa, para ser más precisos. Un nombre
que sonaba a romance galáctico, a balada
espacial, a cantar de gesta del futuro.
Un nombre que sabía a chicle americano
y a bolsa de patatas fritas en el descanso
de una doble sesión de cine, y a caricias
desmañadas, y a celos, y a promesas de amor.
Hace ya tanto tiempo que no puedo acordarme,
pero sé que ocurrió. Y sé que a la princesa
Leia irán dirigidas mis últimas palabras
cuando la luz se apague, y que repetiré
su nombre en mi agonía (como si Ella tuviese
un nombre) antes de hundirme en la noche total[2].


[1] Se dedican también sendas composiciones a «Die Nibelungen (1923-1925)», «Scarface (1932)», «Münchhausen (1943)», «The Big Heat (1953)», «The Horse Soldiers (1959)»¸ «Hatari! (1961)», «My Fair Lady (1964)». «Beauty and the Beast (1991)» y «Shrek (2001)».

[2] Cito por Luis Alberto de Cuenca, Los mundos y los días. Poesía 1970-2005, 4.ª ed., Madrid, Visor Libros, 2012, pp. 467-468. Aquellos que sean fans de La guerra de las galaxias y también de la poesía pueden consultar Que la fuerza te acompañe. Antología de poesía sobre «Star Wars», Almería, El Gaviero Ediciones, 2005, que incluye textos de Luis Alberto de Cuenca, Ana Gorría, Eduardo García, Ana Merino, Elena Medel, Antonio Lucas, Vanesa Pérez Sauquillo, Matías Miguel Clemente, Lara Cantizani, Estíbaliz Espinosa, Rafael Espejo, Alejandra Vanessa, Raúl Quinto, Lorenzo Oliván, Basho Bin-Ho, Javier Rodríguez Marcos, Harkaitz Cano, Carlos Marzal, Álvaro Salvador, Juan Manuel Gil, Rafael Ramírez Escoto, etc.

«Harina y nieve», villancico de Juan Colino Toledo y José Javier Alfaro Calvo

El Señor cerca está,
Él viene con la paz.
El Señor cerca está,

Él trae la verdad.

Estamos ya en el cuarto domingo de Adviento y la Natividad del Señor está a la vuelta de la esquina. Para celebrarlo, he aquí un nuevo villancico de Juan Colino Toledo (†) y José Javier Alfaro Calvo[1], miembros los dos del Grupo Literario Traslapuente de Tudela (Navarra). Se trata de un romancillo (con rima í a) titulado «Harina y nieve» y contrapone «las dos Navidades, / iguales, distintas» de un niño de Oriente y otro de Occidente.

Belén con nieve

He aquí el texto de la composición, que adopta una estructura circular:

Oriente, Occidente,
dos niños, dos vidas,
en dos Navidades
iguales, distintas.

El de aquí le pone
al belén harina
a falta de nieve.

El de allí suspira
para que se vaya
la nieve algún día
y la harina llegue
para la comida.

Así que, sacando
cuentas resumidas,
lo que a uno le sobra
el otro precisa.

Cuando el de Occidente,
de carnes rollizas,
a un portal de plata
pone figuritas
con Reyes riquísimos…
en la lejanía
el niño de Oriente
el portal que habita
con techo de estrellas
está hecho de arcilla
—así puede verse
en fotografías
que la tele muestra
mientras la comida—.

No juega a belenes.
Es así su vida.

Y en sus propias carnes
enjutas y heridas
repite el misterio
de la Epifanía:
el corazón lleno,
las manos vacías.

Oriente, Occidente,
dos niños, dos vidas
en dos Navidades
iguales, distintas[2].


[1] Juan Colino Toledo (Zamora, 1913-Tudela, 2001), «escritor polifacético, pero sobre todo poeta», publicó los poemarios Sonetos a cuatro voces y Por las catorce rutas del soneto. José Javier Alfaro Calvo (Cortes, Navarra, 1947) ha dado a las prensas una decena de libros de poemas, la mitad de ellos dirigidos al público infantil, entre los que cabe destacar el titulado Magiapalabra.

[2] Juan Colino Toledo y José Javier Alfaro Calvo, De hiel y de miel. Villancicos, Tudela, Grupo Literario Traslapuente, 2013, pp. 16-17. Mantengo las divisiones en «estrofas» dentro de la tirada de versos del romancillo.

«Dos navidades», de Juan Colino Toledo y José Javier Alfaro Calvo

La Virgen sueña caminos,
está a la espera.
La Virgen sabe que el Niño
está muy cerca.

Para este tercer domingo de Adviento —y festividad de santa Lucía, que nos conserve la vista— copiaré el poema «Dos navidades», de Juan Colino Toledo (†) y José Javier Alfaro Calvo[1], miembros los dos del Grupo Literario Traslapuente de Tudela (Navarra). Se trata de un sencillo villancico que nos habla de la existencia de dos navidades, la «de verdad» y la «de oropel». Su estructura circular pone de relieve que la misma historia de María y José se sigue actualizando en nuestros días —un tiempo de crisis— en la figura de otros «sintecho», igual de necesitados y tan desamparados como ellos.

María y José camino de Belén

He aquí el texto de la composición, que desde el punto de vista métrico adopta la forma de un ágil romancillo con rima aguda en é:

Lo dice la Historia:
Érase una vez
una tal María
y un tal San José
que andaban buscando
al atardecer
un refugio para
tener su bebé.

En ninguna casa,
en ningún hotel
de aquel pueblecito
llamado Belén
se abrió puerta alguna
para que aquel ser,
que estaba empujando
queriendo nacer,
tuviera un refugio
con techo y pared.

Hoy, aquella historia,
regresa otra vez:
en un descampado
muy cerca del tren
María Sintecho
da a luz un bebé
en cuna diseño
de yerba y papel.

En el horizonte,
al fondo, se ven
luces que relucen
desde El Corte Inglés.

Hay dos navidades
—el haz y el envés—,
una es de abundancia,
la otra es de escasez,
una es de verdad,
la otra de oropel.

Y, así, año tras año
vuelve a suceder
esta misma Historia:
Érase una vez…[2]


[1] Juan Colino Toledo (Zamora, 1913-Tudela, 2001), «escritor polifacético, pero sobre todo poeta», publicó los poemarios Sonetos a cuatro voces y Por las catorce rutas del soneto. José Javier Alfaro Calvo (Cortes, Navarra, 1947) ha dado a las prensas una decena de libros de poemas, la mitad de ellos dirigidos al público infantil, entre los que cabe destacar el titulado Magiapalabra.

[2] Juan Colino Toledo y José Javier Alfaro Calvo, De hiel y de miel. Villancicos, Tudela, Grupo Literario Traslapuente, 2013, pp. 26-27. Mantengo las divisiones en «estrofas» dentro de la tirada de versos del romancillo. En el verso 30 añado «El», que me parece mejora el verso.

«De cuán graciosa y apacible era la belleza de la Virgen Nuestra Señora», soneto de Luis Rosales

Tota pulchra es, amica mea, et macula non est in te.

Vaya para el día de hoy, festividad de la Inmaculada Concepción, este hermoso soneto de Luis Rosales (perteneciente a su poemario Retablo de Navidad), sin comento, pero acompañado de uno de los cuadros que Francisco de Zurbarán dedicó a este tema:

Inmaculada Concepción de Zurbarán (Budapest)

Alba, mírala bien, mira el lucero
de miel, casi morena, que trasmana
un rubor silencioso de milgrana
en copa de granado placentero;

la frente como sal en el estero,
la risa con repique de campana
y el labio en que despunta la mañana
como despunta el sol en el alero.

¡Alba, mírala bien! y el mundo sea
heno que cobra resplandor y brío
en su mirar de alondra transparente;

aurora donde el cielo se recrea,
¡aurora Tú que fuiste como un río,
y Dios puso la mano en tu corriente![1]

[1] Cito por Luis Rosales, Obras completas, vol. I, Poesía, Madrid, Trotta, 1996, pp. 222-223. Es el poema número 9 de Retablo de Navidad. En el primitivo Retablo sacro del nacimiento del Señor, Madrid, Escorial, 1940, figura en la p. 34 y es el poema número 5; ahí aparece con cuatro variantes significativas: «Venid, alba, venid; ver el lucero» (v. 1); «la mano amiga como luz cercana» (v. 6); «con sonrisa de almendro tempranero» (v. 8); «¡Venid, alba, venid!; y el mundo sea» (v. 9).

«Estrella de Oriente», villancico de Juan Colino Toledo y José Javier Alfaro Calvo

De Nazaret a Belén
hay una senda;
por ella van los que creen
en las promesas.

Vaya, para este segundo domingo de Adviento, el texto de otro villancico de los escritores Juan Colino Toledo (†) y José Javier Alfaro Calvo, pertenecientes ambos al Grupo Literario Traslapuente de Tudela. Este villancico (un romancillo, formado por tres breves tiradas de seis versos cada una, con rimas en á, é a y é o) nos habla, desde su sencilla formulación, de realidades por desgracia muy vigentes en nuestros días. Y finaliza con tono desiderativo, para que esa estrella de Oriente presida «sobre un mismo suelo» una paz beneficiosa para todos, «sin bombas ni burkas, / sin odio y sin miedo».

Adviento

Su texto dice así:

La estrella de Oriente
nos trae la Paz
en cielos de guata
y de celofán
junto a mesas llenas
de todo con pan.

Al cielo de Oriente
le falta una estrella,
cosa que se nota
bastante en su tierra
pues se fue la Paz
y llegó la guerra.

Ojalá que un día
tengamos un cielo
con la misma estrella,
sobre un mismo suelo
sin bombas ni burkas,
sin odio y sin miedo[1].


[1] Juan Colino Toledo y José Javier Alfaro Calvo, De miel y de hiel. Villancicos, Tudela, Grupo Literario Traslapuente, 2013, p. 25.

Un milagro de San Francisco Javier en Nápoles

Bandera de NavarraSiendo hoy 3 de diciembre, festividad de San Francisco Javier y Día de Navarra, y estando en Nápoles, participando en el Congreso Internacional «Nápoles y la cultura teatral hispánica», coorganizado por la Seconda Università degli Studi di Napoli, el Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO) de la Universidad de Navarra y la Fondazione Pietà deʼ Turchini-Centro di Musica Antica di Napoli, en colaboración con el Instituto Cervantes de Nápoles y otras instituciones, no estará de más honrar al Santo copatrón de Navarra, el más universal de todos los navarros, evocando un milagro suyo en Nápoles, el obrado en la persona del padre Marcelo Mastrilli.

San Francisco Javier

Este milagro ha sido estudiado con mayor detalle por María Gabriela Torres Olleta, en su trabajo «Relación de un prodigioso milagro de San Francisco Javier en Nápoles» (Pamplona, Universidad de Navarra, 2003, colección «Pliegos volanderos del GRISO, núm. 4), donde escribe:

El milagro del padre Marcello Mastrilli es uno de los más conocidos de San Francisco Javier. Viene recogido en relaciones, cartas y hagiografías tanto de San Francisco como de Mastrilli. Lo encontramos, entre otros textos, en la Vida y milagros de San Francisco Javier del padre Francisco García; en El Apóstol de las Indias y Nuevas Gentes, de Cristóbal de Berlanga; en El Príncipe del mar, San FranciscoJavier, de Lorenzo Ortiz; sin que falte mención del mismo en los sermones del famoso padre Antonio Vieyra y otros lugares.

El padre Marcello Mastrilli nació en Nola, Nápoles, en 1603. De familia noble entró en la Compañía a pesar de la oposición de su padre. Se educó en el colegio de Nápoles, donde hizo estudios clásicos, filosofía y teología y enseñó gramática. En diciembre de 1633, mientras desmontaban los altares de la fiesta de la Purísima en el palacio del virrey, le cayó accidentalmente un martillo en la cabeza, de cuya herida curó por intercesión milagrosa de San Francisco Javier, que se le apareció en forma de peregrino.

El padre Mastrilli, poco después de su curación, partió para la India el 7 de abril de 1635, junto con treinta y dos jesuitas y dieciséis padres de otras religiones. Llegó a Japón en 1637 en plena persecución contra los cristianos, y murió martirizado en Nagasaki el 17 de octubre de 1637.

El padre Nieremberg, en su obra Varones ilustres de la Compañía de Jesús, cuenta su vida, el viaje tan deseado a las Indias y las atrocidades de su martirio. Incluye también la relación del famoso milagro de San Francisco Javier así como los numerosos milagros que a su muerte fueron concedidos por sus méritos a sus devotos.

Después de la curación milagrosa Mastrilli inició la famosa «Novena de la Gracia», que se haría muy popular, en honor de San Francisco y desde entonces quiso llamarse Marcelo Francesco Mastrilli Felicísimo Indiano.

El San Francisco que se aparece al padre Mastrilli sale de una imagen devota que tiene en su habitación, donde figura en forma de peregrino, iconografía reflejada con frecuencia por pintores y escultores, y muy común en la tradición cristiana que entiende la vida en la tierra como peregrinaje hacia el Cielo. De esta imagen milagrosa se hicieron al parecer muchas copias, y curiosamente en muchas relaciones posteriores de milagros javerianos el santo se describe «tal como se apareció al padre Marcelo». Y además también será milagrosa la «imagen con el milagro que obró con el bendito padre Marcelo Mastrilli» (Vida y milagros … del padre García), en una multiplicación de niveles de representación o juego de espejos muy barroco. [1]


[1] Esta entrada forma parte del proyecto de investigación Modelos de vida y cultura en la Navarra de la modernidad temprana, dirigido por Ignacio Arellano, que cuenta con una ayuda de la Fundación Caja Navarra, «Convocatoria de ayudas para la promoción de la Investigación y el Desarrollo 2015», Área de Ciencias Humanas y Sociales.


La oda «A Roosevelt» de Rubén Darío

Theodore RooseveltEsta oda «A Roosevelt», poema VIII de Cantos de vida y esperanza (Madrid, 1905), puede relacionarse con la «Salutación del optimista» por su marcado tono de exaltación hispánica. La composición fue redactada por Rubén Darío a finales del año 1903, en Málaga (allí vivía con la española Francisca Sánchez), y responde a un hecho histórico concreto: la declaración del presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt (1852-1919), hecha el 3 de noviembre de 1903, en la que declaraba: «I took Panama» («Yo tomé Panamá»). Hay que recordar que el territorio de Panamá formaba parte de Colombia, y que este país rechazó un acuerdo del gobierno norteamericano para abrir un canal en el Istmo; entonces, algunos panameños sobornados por el coloso del Norte proclamaron la independencia del país, cediendo la Zona del Canal en el Tratado Hay-Bunau Varilla, firmado el 18 de noviembre de 1903 en Washington.

El poema, buen ejemplo de métrica y ritmo modernistas, constituye una dura protesta del poeta contra el imperialismo expansionista de los norteamericanos:

¡Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman,
que habría que llegar hasta ti, Cazador!
Primitivo y moderno, sencillo y complicado,
con un algo de Washington y cuatro de Nemrod.
Eres los Estados Unidos,
eres el futuro invasor
de la América ingenua que tiene sangre indígena,
que aún reza a Jesucristo y aún habla en español.
Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza;
eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoy.
Y domando caballos o asesinando tigres,
eres un Alejandro-Nabucodonosor.
(Eres un profesor de energía,
como dicen los locos de hoy.)
Crees que la vida es incendio,
que el progreso es erupción;
en donde pones la bala
el porvenir pones.
No.
Los Estados Unidos son potentes y grandes.
Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor
que pasa por las vértebras enormes de los Andes.
Si clamáis, se oye como el rugir del león.
Ya Hugo a Grant le dijo: «Las estrellas son vuestras».
(Apenas brilla, alzándose, el argentino sol
y la estrella chilena se levanta…) Sois ricos.
Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón;
y alumbrando el camino de la fácil conquista,
la Libertad levanta su antorcha en Nueva York.
Mas la América nuestra, que tenía poetas
desde los viejos tiempos de Netzahualcóyotl,
que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco,
que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió;
que consultó los astros, que conoció la Atlántida,
cuyo nombre nos llega resonando en Platón,
que desde los remotos momentos de su vida
vive de luz, de fuego, de perfume, de amor,
la América del gran Moctezuma, del Inca,
la América fragante de Cristóbal Colón,
la América católica, la América española,
la América en que dijo el noble Guatemoc:
«Yo no estoy en un lecho de rosas»; esa América
que tiembla de huracanes y que vive de Amor,
hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive.
Y sueña. Y ama, y vibra, y es la hija del Sol.
Tened cuidado. ¡Vive la América española!
Hay mil cachorros sueltos del León español.
Se necesitaría, Roosevelt, ser por Dios mismo,
el Riflero terrible y el fuerte Cazador,
para poder tenernos en vuestras férreas garras.
Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios![1]


[1] Cito, con ligeros retoques, por Francisco Montes de Oca, Ocho siglos de poesía en lengua castellana, 17.ª ed, México, D. F., Editorial Porrúa, 1998, pp. 495-496.