Un nuevo amor de Lope: Micaela de Luján

El matrimonio de conveniencia con Juana de Guardo no aplaca el carácter apasionado de Lope, a quien pronto vamos a ver echarse en brazos de otra mujer[1]. De 1599, el mismo año de publicación de El Isidro (glosa en quintillas de la vida del santo patrón madrileño), Fiestas de Denia y Romance a las venturosas bodas, parecen datar sus ardorosos amores con la bella e inculta Micaela de Luján, una cómica rubia, blanca de cutis, de grandes ojos «azules como el cielo y los zafiros», que aparecerá en sus escritos como Lucinda o Camila Lucinda (quizá también como Celia, aunque es discutida la identidad que se esconde tras este nombre poético).

Lope de Vega y Camila Lucinda, de Rodríguez Marín

La belleza de la nueva amante va a quedar reflejada en obras como La hermosura de Angélica, las Rimas y Jerusalén conquistada, así como en los poemas incluidos en El peregrino en su patria. Micaela estaba casada con el representante Diego Díaz, pero este había marchado a América hacia el año 1596 y moriría en el Perú en 1603. Como explica Pedraza:

Mientras el marido peregrinaba por las Indias, Lope y Micaela iban colocándole los hijos habidos en sus relaciones. Incluso estando ya muerto —noticia que aún no se conocía en Sevilla—, le atribuyeron la paternidad de Félix, bautizado el 19 de octubre de 1603.

Es posible que Lope conociera a su nuevo amor en Toledo; al menos, eso es lo que parecen indicar estos versos pertenecientes a la bellísima epístola «Serrana hermosa, que de nieve helada…», incluida en El peregrino en su patria:

Bajé a los llanos de esta humilde tierra
adonde me prendiste y cautivaste,
y yo fui esclavo de tu dulce guerra.

No estaba el Tajo con el verde engaste
de su florido margen cual solía,
cuando con esos pies su orilla honraste.


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.