Personajes del «Quijote»: Ginés de Pasamonte

Otro personaje destacado en el Quijote es Ginés de Pasamonte, uno de los galeotes liberados por don Quijote en I, 22[1].

Aventura de los galeotes

A través de su figura Cervantes entabla una relación dialogística con el género picaresco: en efecto, Ginés es una especie de pícaro, condenado a galeras, que está escribiendo su autobiografía (dejamos ahora de lado la posibilidad de que se trate de un trasunto de Jerónimo de Pasamonte, soldado compañero de Cervantes en la milicia que escribió su propia Vida, y la posibilidad de que fuera Avellaneda, el autor del Quijote apócrifo de 1614)[2].

FirmaPasamonte

Este personaje industrioso reaparece más adelante bajo distintas máscaras: como gitano, cuando roba el rucio a Sancho, y en la II Parte, encarnando a maese Pedro, que se gana la vida con el mono adivino y su retablillo de títeres.

Ginés de Pasamonte como maese Pedro


[1] Reproduzco aquí, con ligeros retoques, el texto de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006.

[2] Ver Jerónimo de Pasamonte, Autobiografía, prólogos de Miguel Ángel de Bunes Ibarra y José María de Cossío, Sevilla, Espuela de Plata, 2006; o también Jerónimo de Pasamonte, Relato de un cautivo: vida y trabajos, prólogo de Luisgé Martín, Madrid, La Tinta del Calamar / Servicio de Publicaciones de la Universidad Autónoma de Madrid, 2008; y el trabajo de Margarita Levisi, Autobiografías del Siglo de Oro: Jerónimo de Pasamonte, Alonso de Contreras, Miguel de Castro, Madrid, Sociedad General Española de Librería, 1985. Ver también, entre otros estudios posibles, los de Juan Antonio Frago Gracia, El «Quijote» apócrifo y Pasamonte, Madrid, Gredos, 2005; Alfonso Martín Jiménez, El «Quijote» de Cervantes y el «Quijote» de Pasamonte: una imitación recíproca. La «Vida» de Pasamonte y «Avellaneda», Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos, 2001; Cervantes y Pasamonte: la réplica cervantina al «Quijote» de Avellaneda, Madrid, Biblioteca Nueva, 2005; y Las dos segundas partes del «Quijote», Valladolid. Universidad de Valladolid (Facultad de Filosofía y Letras), 2014. El Quijote de Avellaneda puede leerse en esta edición: Alonso Fernández de Avellaneda, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, ed. de Luis Gómez Canseco, Madrid, Biblioteca Nueva, 2000.

Personajes del «Quijote»: el cura y el barbero

El cura del QuijoteEn la Primera Parte destaca la pareja formada por el cura y el barbero, que son amigos del hidalgo Alonso Quijano y representan la voz de la razón frente a su locura libresca[1]. Estos personajes tienen una doble función en la novela: por un lado, salen al camino para devolver a don Quijote a casa después de su segunda salida. Sin embargo, para traerlo al redil del hogar, tendrán que entrar en su juego caballeresco e idear diversas tramas ajustadas a su modo aventurero de pensar y entender el mundo. La locura caballeresca, por momentos, se vuelve contagiosa. Para sacar a don Quijote de Sierra Morena, el cura no tendrá reparos en disfrazarse de mujer, aunque muy pronto se da cuenta de lo inadecuado del plan y será reemplazado en ese papel de doncella menesterosa por Dorotea-Micomicona.

La segunda función que encarnan estos personajes se relaciona con el mundo literario: ellos estarán presentes en los dos escrutinios y actuarán como censores de las obras que consideren perniciosas e inverosímiles, además de participar en los debates sobre los distintos géneros literarios.

El barbero del Quijote


[1] Reproduzco aquí, con ligeros retoques, el texto de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006.

Los personajes del «Quijote»

El censo de personajes del Quijote es verdaderamente elevado[1]. Se han hecho recuentos que sitúan en torno a los setecientos el número de los mencionados (un total de 659 personajes, de los cuales 607 son hombres y 52 mujeres), pero los que intervienen en la acción, aunque sea de forma mínima, son unos doscientos[2], que conforman un personaje coral o colectivo. En efecto, con los numerosos personajes que pueblan las páginas de su novela, Cervantes recorre todos los estratos sociales, los distintos oficios, las diversas regiones de la geografía peninsular, conformando un acabado retrato de la sociedad de su tiempo.

Personajes del Quijote

Se ha afirmado, con plena razón, que en el Quijote está toda la España del XVII, desde el rey hasta el último villano, pasando por representantes de los distintos estamentos, clases sociales y oficios: miembros de la alta nobleza, hidalgos más o menos empobrecidos, labradores ricos, comerciantes, médicos, letrados, eclesiásticos, estudiantes, militares, cabreros, arrieros, mozos de mulas, venteros, actores, mozas de mesón y del partido, amas, dueñas, doncellas, damas principales, y un larguísimo etcétera. En suma, puede decirse que en el Quijote están representadas, sin excepción, todos los grupos de la pirámide social, y que leer esta obra es un modo de asomarse al inmenso mosaico de la España de aquel entonces. En cualquier caso, no por esta circunstancia de su concreta y exacta localización espacial pierde el libro valor universal, y en ello precisamente radica, en buena medida, la riqueza de la magistral obra cervantina.

Por otra parte, Cervantes tiene la habilidad de caracterizar a muchos de sus personajes con rasgos bien definitorios y representativos de su condición, aunque no por ello se queden siempre en la categoría de meros tipos: así, acumula en su retrato elementos que nos hablan de su presencia física, su temperamento y psicología, su indumentaria y sus hábitos alimenticios, su ideología, sus sentimientos y aspiraciones, sus peculiares formas de hablar… Dicho con otras palabras, el modo de caracterización de los personajes cervantinos no es excluyente, sino incluyente: cada uno de ellos no está caracterizado por un sólo rasgo que lo tipifica sino que conforma una psicología con rasgos positivos y negativos. Recordemos que Cervantes retrata sus personajes sirviéndose del perspectivismo (cada uno de ellos es descrito por el narrador y también por otros personajes) y, en este sentido, no son unívocos, sino que quedan presentados desde distintos puntos de vista.


[1] Reproduzco aquí, con ligeros retoques, el texto de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006.

[2] Remito a Alberto Sánchez, «La sociedad española en el Quijote», Anthropos. Suplementos, 17, 1989, pp. 267-274; y a Antonio Domínguez Ortiz, «La España del Quijote», estudio preliminar en Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Editorial Crítica, 1998, pp. LXXXVII-CIV.