Cervantes en «El loco de la guardilla» (1861) y «El bien tardío» (1867) de Narciso Serra (y 2)

A continuación citaré un par de pasajes representativos que muestran la imagen que Narciso Serra tenía de Cervantes y que servirán, además, para que podamos hacernos una somera idea de su estilo y de su facilidad de versificación (facilidad que en muchas ocasiones desemboca en el puro ripio)[1]. Veamos este diálogo entre Cervantes y Lope en El loco de la guardilla:

MIGUEL.- Hoy que en mi casa os contemplo
siento alegría sin tasa;
que pues tan notable ejemplo
ha venido a honrar mi casa,
de hoy más mi casa es un templo;
vuestro nombre bendecido,
por siempre en bronce y en piedra
guardará España esculpido.

LOPE.- ¿Y el vuestro?

MIGUEL.- Está en el olvido:
Miguel Cervantes Saavedra.
Las comedias que escribí,
casi por amor de Dios
en los corrales metí,
y cuando empezasteis vos
a cantar, yo enmudecí.

LOPE.- ¡Silencio injusto y cruel!
Pues mientras tanto que fiel
conserve la raza hispana
su rica habla castellana,
hablará de vos, Miguel. (Alzando el manuscrito.)
Yo no sé si valgo algo,
mas por bien corta revancha
diera todo lo que valgo
por vuestro ingenioso hidalgo
DON QUIJOTE DE LA MANCHA.
Fama lograréis sin par
vos que tal libro lográis,
os lo puedo asegurar.
Yo escribí, y vos alcanzáis,
El premio del bien hablar.
Famoso os hará el QUIJOTE,
y no es canto de poeta
el daros famoso mote:
es que con voz de profeta
os lo dice el sacerdote.
Bien haya el ruidoso son
que fijando mi atención
aquí me trujo no en vano:
Cervantes, ¿me dais la mano?

MIGUEL.- La mano y el corazón (pp. 27-28)[2].

Cervantes y Lope

Y ahora este otro pasaje, estructuralmente similar, el diálogo entre Cervantes y Quevedo en El bien tardío:

MIGUEL.- Yo soy un pobre mortal
que se halla enfermo y lisiado…

DON FRANCISCO.- Y debe ser coronado
por un laurel inmortal.
La envidia con su malicia
os posterga, bien está;
algún siglo llegará
en que se os haga justicia,
y alumbrando como soles
vuestras lágrimas de gloria,
viviréis en la memoria
de todos los españoles.
¿Cuándo podrán esos viles
que hablan en la sombra oscura
ni soñar tanta aventura
como contiene el Persiles?
En el estilo sencillo,
¿a quién no asombra mirar
cómo supisteis trazar
Rinconete y Cortadillo?
Y aunque sea un Iscariote
que todo lo ve con ira,
decidme, ¿quién no se admira
con vuestro inmortal Quijote?
¡Oh, miradme por favor
como a un amigo! (Dándole la mano.)

MIGUEL.- Sí,
tenéis un amigo en mí;
mejor diré un preceptor,
por la edad, porque recelo
por vuestro naciente bozo
que debéis de ser muy mozo
y puedo ser vuestro abuelo (pp. 19-20)[3].

Cervantes y Quevedo


[1] Cito por Narciso Serra, El loco de la guardilla. Paso que pasó en el siglo XVII, escrito en un acto y en verso, por don…, música del maestro D. Manuel [Fernández] Caballero, 8.ª ed., Madrid, Establecimiento tipográfico de M. Minuesa, 1888; y Narciso Serra, El bien tardío. Segunda parte de El loco de la guardilla. Drama original en un acto y en verso, 2.ª ed., Madrid, Librería e imprenta de Eduardo Martínez, 1876.

[2] Y las últimas (y efectistas) palabras de la obra, puestas en boca del escritor, son: «Si Lope me adivinó / al darme famoso mote, / la patria ingrata no vio / que Cervantes no cenó / cuando concluyó el QUIJOTE» (p. 30).

[3] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Cervantes, personaje de zarzuela y drama: El loco de la guardilla (1861) y El bien tardío (1867), de Narciso Serra», en Christoph Strosetzki (ed.), Visiones y revisiones cervantinas. Actas selectas del VII Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas, Alcalá de Henares, Asociación de Cervantistas / Centro de Estudios Cervantinos, 2011, pp. 579-589. Y también Narciso Serra, La boda de Quevedo, estudio preliminar, edición y notas de Carlos Mata Induráin, Pamplona, Eunsa, 2002 (Anejos de La Perinola, 10).

Autoría y fuentes del auto sacramental de «La Araucana»

Hay muchos aspectos interesantes del auto sacramental de La Araucana en cuyo análisis apenas me puedo detener aquí. Así, no voy a hacer referencia al contexto histórico de las guerras de Arauco, sino que me centraré en el desarrollo de la alegoría y la conformación del personaje de Caupolicán, en este auto, como figura cristológica. Tampoco haré referencias a las demás piezas dramáticas que abordan la materia araucana (en especial, la relación del auto con la comedia Arauco domado de Lope de Vega, aspecto que merecería un análisis más detallado), ni voy a considerar la problemática cuestión de la autoría. Baste recordar ahora que el auto se ha atribuido tradicionalmente al Fénix, mas, como asevera Lerzundi[1], no existe la certeza total de que sea suyo. Al frente del manuscrito de la BNE figura escrito: «Famosísimo auto sacramental de La Araucana, de Lope de Vega; es la verdad, juro a Dios y a esta †». Desde que lo diera a conocer Menéndez Pelayo, el texto ha sido editado y estudiado —sin mayores cuestionamientos hasta fechas recientes— formando parte del corpus lopeveguesco, pero Lerzundi matiza que este auto «es una de las obras cuya atribución a Lope no se ha verificado o rechazado hasta la fecha»[2], opinión a la que me sumo. Ciertamente, a juzgar por el estilo de los versos, bien pudiera tratarse de una obra temprana de Lope[3], pero en estos momentos no estoy en disposición de aportar otros datos o argumentos que corroboren de forma fehaciente esa autoría, por lo que prefiero seguir considerándolo un auto «atribuido a Lope de Vega». La posible dilucidación de la autoría es cuestión que habrá de quedar pendiente para otro momento[4]: el análisis en profundidad de las formas métricas utilizadas y sus porcentajes, así como la comparación exhaustiva con los autos de segura atribución a Lope, serían dos importantes elementos que deberían considerarse.

AraucanaRespecto a las fuentes manejadas por el dramaturgo —Lope o quien fuese—, ya Menéndez Pelayo señaló que «Para los incidentes dramáticos (tales como la prueba del tronco), el poeta se inspiró más bien en La Araucana de Ercilla que en su propia comedia Arauco domado»[5]. Y de la misma opinión son Medina y otros estudiosos. En efecto, el punto principal en que se basa la alegoría es la prueba del tronco para la elección del toqui[6] entre los araucanos (ver La Araucana, Canto II, estrofas 51-58); y de la obra de Ercilla provienen los nombres de cinco de los siete personajes del auto: Teucapel (así figura en la obra el nombre de Tucapel), Rengo, Polipolo, Colocolo y Caupolicán; inventados son, en cambio, los nombres femeninos de Fidelfa y Glitelda, personajes cuya función sería similar a la de un coro. Sin embargo, Lerzundi[7] ha matizado esta opinión generalizada, señalando además algunos pequeños puntos de contacto con el Arauco domado de Lope: 1) en esta comedia, Caupolicán dice: «Yo soy el dios de Arauco, no soy hombre» (v. 215)[8]; y 2) los versos de un estribillo de canción figuran en ambas obras de forma casi idéntica («Piraguamonte, piragua…», etc.). Pero hay otro detalle, creo que más importante, que podemos tomar en consideración: en un pasaje de Arauco domado, Caupolicán ofrece a sus hombres la sangre de su brazo como alimento, y este es un aspecto que, sin duda, fácilmente podemos poner en relación con la alegoría eucaristía del auto[9]. Lo mismo sucede con el momento en que Caupolicán aparece recostado en un árbol, plasmación visual sobre el escenario en la que cabría percibir cierto carácter de imagen cristológica, que guardaría relación también con el asunto central del auto (Caupolicán-Cristo apoyado en el tronco de la cruz)[10].


[1] Patricio C. Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Valencia, Albatros Hispanófila Ediciones, 1996, p. 37. Remito también a Patricio C. Lerzundi, La Araucana, an Annotated Critical Edition of a Seventeenth-Century Spanish Auto-Sacramental Text, introduction by Marlene Gottlieb, Lewiston (NY), Edwin Mellen Press, 2011.

[2] Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, p. 71.

[3] El P. José María Aicardo escribe: «Acaso pertenece La Araucana a los primeros años de Lope» («Autos sacramentales de Lope», Razón y Fe, XXI, año 7, mayo-agosto de 1908, p. 39). Hay, en efecto, varios pasajes líricos que bien pudieran ser de Lope (ritmo, gracia, metros populares, etc.) o que, al menos, no desmerecen de su estilo: ver Aicardo, «Autos sacramentales de Lope», p. 40; y también John W. Hamilton, Dos obras de Lope de Vega con tema americano, Auburn (AL), Auburn University Press, 1968, pp. XXXIII-XXXIV.

[4] En su tesis doctoral, Rodrigo Faúndez aporta argumentos para una posible autoría de Claramonte. Ver Rodrigo Faúndez, Edición crítica y anotación filológica del auto sacramental «La Araucana», atribuido hasta la fecha a Lope de Vega, con una nueva propuesta autorial a nombre de Andrés de Claramonte, tesis doctoral inédita, Barcelona, Universidad Autónoma de Barcelona, 2013.

[5] Marcelino Menéndez Pelayo, «La Araucana», en Obras de Lope de Vega, vol. VII, Autos y coloquios II, Madrid, Atlas (Biblioteca de Autores Españoles), 1963, p. 240. Ver Miguel Zugasti, «El toqui Caupolicán y la prueba del tronco a la luz de un nuevo texto. Entre etnohistoria y literatura», Colonial Latin American Review, 15.1, 2006, pp. 3-28.

[6] En el auto no figura la palabra toqui, sino capitán y cacique.

[7] Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, p. 71.

[8] La numeración de los versos de Arauco domado corresponde a mi propia edición, en preparación.

[9] A su vez, Jaime Concha ya comparó el apresamiento y muerte de Caupolicán de La Araucana con la Pasión y Muerte de Cristo («El otro nuevo mundo», en Homenaje a Ercilla, Concepción, Universidad de Concepción, 1969, pp. 63-66). Ver también Moisés R. Castillo, «La honorable muerte de un bárbaro en Arauco domado de Lope de Vega», Theatralia. Revista de Poética del Teatro, 6, 2004, pp. 66-68.

[10] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «El personaje de Caupolicán y la alegoría cristológica en La Araucana, auto sacramental atribuido a Lope de Vega», en Antonio Azaustre Galiana y Santiago Fernández Mosquera (coords.), Compostella aurea. Actas del VIII Congreso de la Asociación Internacional Siglo de Oro (AISO), Santiago de Compostela, 7-11 de julio de 2008, Santiago de Compostela, Servizo de Publicacións e Intercambio Científico, 2011, vol. II, pp. 1223-1232; y «La guerra de Arauco en clave alegórica: el auto sacramental de La Araucana», Alpha, 33, 2011, pp. 171-186.

El auto sacramental de «La Araucana»

En el auto sacramental de La Araucana, atribuido tradicionalmente a Lope de Vega, se aborda en clave alegórica la materia de la guerra de Arauco. En esta obra, el caudillo araucano Caupolicán aparece como figura o tipo de Cristo, al tiempo que la lucha de los araucanos por su libertad es trasunto de la redención de todo el género humano. Este auto ha generado cierta atención entre la crítica, en parte por la relación que guarda con la comedia de Arauco domado de Lope; pero, sobre todo, por el carácter novedoso que supone la visión del indígena americano (el otro) como ser capaz de simbolizar en figura alegórica al propio Hijo de Dios hecho hombre.

Caupolican-Cristo.jpg

Este auto de La Araucana se nos ha conservado en un manuscrito de la Biblioteca Nacional de España que perteneció al Fondo Osuna; su texto permaneció inédito hasta 1893, año en que lo dio a las prensas Menéndez Pelayo en la edición de las Obras de Lope de Vega de la Real Academia Española (después volvería a editarlo en la colección de la Biblioteca de Autores Españoles). En 1915, José Toribio Medina lo incluyó en su trabajo Dos comedias famosas y un auto sacramental (junto con El gobernador prudente y La belígera española). En 1968 lo editaba John W. Hamilton en su estudio Dos obras de Lope de Vega con tema americano (junto con El Brasil restituido). Su texto también ha sido reproducido por Leopoldo Castedo en su libro Chile: utopías de Quevedo y Lope de Vega (1996). En fin, más recientemente (2011), Patricio C. Lerzundi ha aportado una nueva edición: La Araucana, an Annotated Critical Edition of a Seventeenth-Century Spanish Auto-Sacramental Text. Sin embargo, aunque contamos con todas estas ediciones publicadas para leer el texto, ninguna de ellas ofrece una versión crítica totalmente satisfactoria en su fijación textual ni tampoco están suficientemente anotadas[1].


[1] Son ediciones que presentan errores de lectura, ofrecen una mala puntuación de varios de los pasajes, etc. Hay que añadir que Rodrigo Faúndez Carreño ha estudiado y editado este auto, atribuyéndolo a Andrés de Claramonte, en el contexto de su investigación doctoral, defendida en julio de 2013 en la Universidad Autónoma de Barcelona (Edición crítica y anotación filológica del auto sacramental «La Araucana», atribuido hasta la fecha a Lope de Vega, con una nueva propuesta autorial a nombre de Andrés de Claramonte), trabajo que se encuentra actualmente en prensa en la Colección «Letras del Reino de Chile» de la Universidad de los Andes / Editorial Universitaria. También se ha encargado de la adaptación del texto para su puesta en escena a cargo de la compañía Teatro del Nuevo Mundo, que se ha representado tanto en Chile como en España, bajo la dirección artística de Tania Faúndez Carreño. Por mi parte, también tengo avanzada una edición crítica del auto que se publicará próximamente en la sección de «Publicaciones digitales» de la página web del GRISO. Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «El personaje de Caupolicán y la alegoría cristológica en La Araucana, auto sacramental atribuido a Lope de Vega», en Antonio Azaustre Galiana y Santiago Fernández Mosquera (coords.), Compostella aurea. Actas del VIII Congreso de la Asociación Internacional Siglo de Oro (AISO), Santiago de Compostela, 7-11 de julio de 2008, Santiago de Compostela, Servizo de Publicacións e Intercambio Científico, 2011, vol. II, pp. 1223-1232; y «La guerra de Arauco en clave alegórica: el auto sacramental de La Araucana», Alpha, 33, 2011, pp. 171-186.