Don García Hurtado de Mendoza en «Arauco domado» de Lope de Vega (1)

Como es de suponer en una obra que nace con voluntad panegírica, en Arauco domado de Lope de Vega el elogio de don García Hurtado de Mendoza aparece puesto en boca de distintos personajes y se lleva a cabo desde distintas perspectivas[1]. Todos, incluidos sus propios enemigos, ponderarán su prudencia, valor, nobleza, etc. Y, por supuesto, sus propios hechos y sus palabras en escena servirán para trazar su idealizado retrato.

Don García Hurtado de Mendoza

Recordemos que el título completo de la comedia es Arauco domado por el Excelentísimo Señor don García Hurtado de Mendoza; y las palabras de la dedicatoria «A don [Juan Andrés] Hurtado de Mendoza, su hijo, marqués de Cañete»[2] nos aportan interesantes pistas interpretativas:

Siendo esta verdadera historia vencimientos y hazañas de aquel insigne capitán, padre de V. S., freno español y yugo católico de la más indómita nación que ha producido la tierra, en la parte cuyo descubrimiento dio tanta gloria a España, justamente vuelve al centro de su principio, como a su propia esfera y natural elemento, desde que dio sujeto a tantas plumas, cuantas en las alas de la fama volaron a la inmortalidad, resplandeciendo al sol de su esclarecido nombre. Materia dilatada en tantos versos y prosas, y por tantos y tan célebres ingenios, como en esta representación sucinta, y en este mapa breve, haciendo el mismo efecto en los oídos que la pintura en los ojos, grandes las primeras figuras, y las demás en lejos, porque sin reducirlas a perspectivas era imposible pintarlas. V. S. la reciba como prenda que restituyo a su dueño, y mi cuidado en estamparla, por censo del tiempo que la he tenido[3], si ya no se me tiene a grave culpa no haber comunicado al mundo cosas tan admirables, que, como sucedidas en el otro, parecen imposibles. Dios guarde a V. S. como deseo.

Su capellán,
Lope Félix de Vega Carpio

Moisés R. Castillo ha puesto de relieve el carácter panegírico de la mayoría de estas comedias de tema araucano, que son

epopeyas laudatorias, obras de encargo que, en el caso de Chile, los herederos del general Hurtado de Mendoza mandan escribir para que favorezcan sus intereses en los distintos litigios que los dichos herederos tienen abiertos contra los poderes públicos en lo relativo a la continuidad de los títulos y privilegios de sus antepasados[4].

Y añade poco después:

Arauco domado de Lope de Vega es claramente una obra escrita para alabar los logros y la figura histórica del gobernador Hurtado de Mendoza, como su misma dedicatoria muestra. […] Todos los críticos coinciden en decir que la obra de Lope fue, al igual que la mayoría de las comedias [de tema araucano], una obra de encargo, más aún después de conocer las relaciones familiares y laborales que unían al dramaturgo con los Hurtado de Mendoza. Al parecer, a Lope se le pagó en 1599 para que la escribiera cuando estaba al servicio del sobrino de Don García, el marqués de Sarriá y futuro conde de Lemos […], de cuya noble casa, en 1602, salió el padrino de bautismo del hijo de Lope[5].

En fin, Castillo, resumiendo las opiniones de Dixon, recuerda que

Arauco domado es la mejor obra encomiástica de una campaña publicitaria promovida por los familiares del marqués, que empezaría con la llegada del ilustre a la península en 1596 y terminaría mucho después de su muerte en 1609, una campaña de propaganda que inicia él mismo y su hijo Juan Andrés, para ensalzar su imagen de egregio gobernador y para reconocer y premiar unos meritos que Ercilla ensombrece. Durante más de treinta años, padre e hijo lucharán por recibir la recompensa y el favor que nunca encontrarían[6].

No lo lograron, pero como atestigua Dixon[7] quedó una amplia nómina de obras dedicadas a ensalzar la figura de don García en los géneros de la historia, la biografía, la ficción, el verso y el drama. Así, la crónica de Góngora y Marmolejo, la de Mariño de Lobera, la biografía de Suárez de Figueroa, el poema de Oña y las tres comedias de Vega, de Gaspar de Ávila y de los nueve ingenios.

En sucesivas entradas abordaré el análisis de la figura de don García en la comedia de Lope, en la que vamos a encontrar: 1) los elogios relacionados con su condición de general prudente y avisado, valiente, buen estratega, etc. (esto es, su faceta como militar); 2) su caracterización como persona piadosa (el elemento religioso es muy importante en la comedia); y 3) en un aspecto más amplio, los elogios de la nobleza familiar, del linaje de don García.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Todas las citas (con algún ligero retoque en la puntuación) son por la edición de Jesús Gómez y Paloma Cuenca, en Lope de Vega, Comedias, IX, Madrid, Biblioteca Castro/Turner, 1994. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Linaje y teatro: Arauco domado de Lope de Vega como comedia de propaganda nobiliaria», en David García Hernán y Miguel F. Vozmediano (eds.), La cultura de la sangre en el Siglo de Oro. Entre Literatura e Historia, Madrid, Sílex, 2016, pp. 325-348.

[3] Estas palabras dejan entrever que ha pasado largo tiempo desde la fecha de composición de la obra hasta la de publicación, lo que refuerza la hipótesis de una redacción muy temprana, hacia 1599-1603. Recordemos que don García habría regresado a España en 1596.

[4] Moisés R. Castillo, Indios en escena. La representación del amerindio en el teatro del Siglo de Oro, Purdue, Purdue University Press, 2009, p. 73.

[5] Castillo, Indios en escena…, p. 75. Ver también EduardoToda Oliva, «Arauco en Lope de Vega», Nuestro Tiempo, 17, 1962, p. 50.

[6] Castillo, Indios en escena…, p. 76.

[7] Ver Victor Dixon, «Lope de Vega, Chile and a Propaganda Campaign», Bulletin of Hispanic Studies, 70:1, 1993, pp. 79-95.

La imagen de los españoles en «Arauco domado» de Lope de Vega

Guerra de AraucoComo es lógico, en la caracterización de los personajes españoles que intervienen en la comedia lopesca Arauco domado prevalecen los aspectos positivos, si bien también apuntan algunos detalles negativos, sobre todo en forma de acusaciones de codicia puestas en boca de los personajes indios[1]. Ya en el pasaje inicial el soldado español Rebolledo indica que las discordias entre los capitanes Aguirre y Villagrán habían sido las causantes de la rebelión araucana. Después, las acusaciones más repetidas serán las de codicia y explotación: en la famosa escena del baño de Caupolicán con Fresia, el toqui pone de relieve la ambición de plata y oro de los españoles (p. 760)[2]; la imagen de los españoles como ladrones aparece en la canción que entonan los indios en el asalto al fuerte de Penco (p. 771); los indios los acusan de nuevo de ladrones (p. 787), para Engol son ladrones que vienen a esclavizar a su pueblo (p. 825, Engol); se indica que cambian oro y plata por cuentas de vidrio (pp. 781-782), etc.

Por supuesto, la visión idealizada también está presente: aparte de todo lo referente a don García, que constituirá el núcleo de mi análisis, el elogio de los españoles en general lo encontramos, por ejemplo, en boca de Rengo (pp. 796-797); su cortesía y carácter para el amor aparece en el episodio de Gualeva, invitada más que cautiva, entre los españoles: «Todo español me desvela», llegará a decir la india a propósito de su nobleza, bizarría y apostura (p. 807).

En suma, en Arauco domado tenemos una imagen dual de los conquistadores españoles, si bien predominan —como no podía ser de otra manera— los aspectos positivos. Dicho sea de paso, es lo mismo que sucede con la imagen de los araucanos, en general idealizada (valientes, nobles, tenaces defensores de su libertad e independencia…), pero sin que falten en su retrato los rasgos de barbarie y crueldad (asan a los prisioneros para comerlos, beben su sangre en la copa hecha con la calavera de Valdivia, Fresia estrella a su propio hijo contra los peñascos, etc.).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Todas las citas (con algún ligero retoque en la puntuación) son por la edición de Jesús Gómez y Paloma Cuenca, en Lope de Vega, Comedias, IX, Madrid, Biblioteca Castro/Turner, 1994. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Linaje y teatro: Arauco domado de Lope de Vega como comedia de propaganda nobiliaria», en David García Hernán y Miguel F. Vozmediano (eds.), La cultura de la sangre en el Siglo de Oro. Entre Literatura e Historia, Madrid, Sílex, 2016, pp. 325-348.

«Arauco domado» de Lope de Vega, comedia de propaganda nobiliaria

Arauco domado, de Lope de VegaEn el teatro español del Siglo de Oro[1] existen varias piezas que tienen como tema la conquista de Chile y la prolongada guerra de Arauco[2]. Dentro de ese corpus, hay algunas comedias que fueron encargadas por la propia familia de los Mendoza (primero por el propio don García y luego por su hijo don Juan Andrés) con la finalidad de prestigiar la figura del cuarto marqués de Cañete, quien en su etapa como gobernador de Chile (1557-1561) había logrado notables avances en la pacificación del rebelde territorio de Arauco, pero cuyos méritos e importancia no quedaron reconocidos por Alonso de Ercilla en su famosa Araucana (cuyas tres partes se publicaron en 1569, 1578 y 1589). Para tratar de contrarrestar aquel voluntario olvido[3] se preparó un amplio programa de propaganda[4] que incluyó no solo varias obras de teatro, sino también crónicas, biografías, poemas épicos, etc. Las tres piezas teatrales que presentan ese carácter de «obras de encargo»[5] son Arauco domado de Lope de Vega, la más famosa y conocida, la que más bibliografía ha generado[6] (¡Lope es Lope!) y, asimismo, la que parece estar al comienzo de la serie (aunque su publicación se produce en 1625, su fecha de redacción es bastante más temprana, en torno a 1599-1603); Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, comedia escrita por nueve ingenios capitaneados por Luis de Belmonte Bermúdez, que se representó y publicó en Madrid en 1622[7]; y El gobernador prudente, de Gaspar de Ávila, la cual puede datarse en torno a 1624-1625, si bien no sería publicada hasta 1663.

Ya en entradas anteriores he estudiado Algunas hazañas… y El gobernador prudente. En las entregas siguientes focalizaré mi atención sobre la pieza lopesca, para ver cómo aparecen reflejados en ella los personajes españoles, y en particular su caudillo, don García Hurtado de Mendoza, cuarto marqués de Cañete. Como ya quedó indicado, en esta obra de encargo Lope realiza un panegírico del noble, que había quedado relegado a un plano de importancia muy secundario en La Araucana de Ercilla. No me centraré en el estudio de las fuentes de la comedia, ni en el grado de fidelidad de la versión literaria respecto a los hechos históricos[8], sino que me detendré en el tratamiento dramático-literario del personaje de don García.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Para el tema de las guerras de Arauco en el teatro, ver especialmente las monografías de Patricio C. Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Valencia, Albatros Hispanófila Ediciones, 1996; y Mónica Escudero, De la crónica a la escena. Arauco en el teatro del Siglo de Oro, New York, Peter Lang, 1999. Sobre la cultura de la guerra y el teatro del Siglo de Oro es fundamental la monografía de David García Hernán, La cultura de la guerra y el teatro del Siglo de Oro, Madrid, Sílex Ediciones, 2006.

[3] Sin duda, al momento de componer La Araucana, Alonso de Ercilla no habría olvidado todavía el grave incidente personal que tuvo lugar entre él y don García en la ciudad de La Imperial en 1558, y esta es la razón que explicaría el no haber dado el suficiente relieve a la figura de don García Hurtado de Mendoza. Recordaré que Pedro de Oña, en el exordio de su Arauco domado, dejó consignado que una de las razones que le movían al componer su poema era «ver que tan buen autor, apasionado, / os haya de propósito callado». He analizado esta cuestión en otros trabajos, a los que remito para más detalles.

[4] Ver especialmente Victor Dixon, «Lope de Vega, Chile and a Propaganda Campaign», Bulletin of Hispanic Studies, 70:1, 1993, pp. 79-95.

[5] Son obras que hay que estudiar en el contexto del mecenazgo teatral y literario, concretamente en la categoría de las comedias genealógicas de encargo (también denominadas comedias histórico-políticas). Ver Teresa Ferrer Valls, Nobleza y espectáculo teatral (1535-1622). Estudio y documentos, Sevilla / Valencia, UNED / Universidad de Sevilla / Universitat de València, 1993; Andrea Sommer-Mathis et al., El teatro descubre América. Fiestas y teatro en la Casa de Austria (1492-1700), versión española de Társila Reyes Sicilia, Madrid, Editorial MAPFRE, 1992; y Miguel Zugasti, «El encargo literario», en William R. Manson y George Peale (eds.), Las palabras a los reyes y gloria de los Pizarros by Luis Vélez de Guevara, Newark (Delaware), Juan de la Cuesta, 1996, pp. 49-86. Como es de suponer, estos encargos nobiliarios para escribir elogiosas piezas genealógicas de algún personaje de la familia dejaban pingües beneficios a los dramaturgos (o a los autores literarios, en general, pues también hay encargos en otros géneros distintos del teatro).

[6] Pueden verse, entre otros muchos estudios, los de Sturgis E. Leavitt, «Lope de Vega y el Nuevo Mundo», Mapocho, 1, 1963, pp. 32-42; Elena Martínez Chacón, «Una comedia chilena de Lope de Vega», Mapocho, 5, 1965, pp. 5-33; y José María Ruano de la Haza, «Las dudas de Caupolicán: El Arauco domado de Lope de Vega», Theatralia, 6, 2004, pp. 31-48.

[7] Para el análisis de esta pieza ver sobre todo Germán Vega García-Luengos, «Las hazañas araucanas de García Hurtado de Mendoza en una comedia de nueve ingenios. El molde dramático de un memorial», Edad de Oro, X, 1991, pp. 199-210; y Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, 85, 2013, pp. 203-227.

[8] Para las fuentes literarias de la comedia, ver Juan María Corominas, «Las fuentes literarias del Arauco domado, de Lope de Vega», en Manuel Criado de Val (ed.), Lope de Vega y los orígenes del teatro español, Madrid, Edi-6, 1981, pp. 161-170; para el personaje de don García, Fernando Campos Harriet, Don García Hurtado de Mendoza en la historia americana, Santiago, Andrés Bello, 1969; y Remedios Morán Martín, «García Hurtado de Mendoza ¿gobernador o héroe?», Espacio, Tiempo y Forma, Serie IV, Historia Moderna, 7, 1994, pp. 69-86. Sobre la familia Mendoza, remito a Antonio Casado Poyales, Francisco Javier Escudero Buendía y Fernando Llamazares Rodríguez (coords.), Los Mendoza y el mundo renacentista, Cuenca / Toledo, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Castilla-La Mancha / Asociación Profesional ANABAD Castilla-La Mancha, 2012.

«Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza», de nueve ingenios: conclusión

A modo de conclusión[1], cabe destacar que en esta comedia de nueve ingenios, Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete[2], la cual forma parte de la campaña de propaganda que la familia Hurtado de Mendoza desarrolló durante tres décadas largas[3], se pone más de relieve la actuación militar de don García, como sucede también en el Arauco domado de Lope, y no se atiende tanto a su faceta de gobernador prudente, nuclear en la obra de Ávila ya desde su propio título, ni se incide tampoco en los elementos religiosos.

Portada de Algunas hazañas...

Desde el punto de vista literario, Algunas hazañas se nos presenta como una obra de desigual calidad y de poca enjundia dramática. Con escasa acción sobre las tablas, pese a las idas y venidas de tantos personajes, se deja todo a la fuerza de la palabra y prevalece la yuxtaposición de largos parlamentos por sobre la acción, que no queda dramáticamente bien imbricada[4]. Es posible que la colaboración de los nueve ingenios pretendiera emular, como sugirieron algunos estudiosos, a las nueve musas; pero ya se ve que estas debían de andar distraídas en aquella ocasión, u ocupadas tal vez en otros asuntos más importantes, pues resulta patente que no les brindaron toda su inspiración y que, en justa consecuencia, los resultados dramático-literarios logrados por los nueve dramaturgos dejan mucho que desear.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

[3] Ver Victor Dixon, «Lope de Vega, Chile and a Propaganda Campaign», Bulletin of Hispanic Studies, LXX, 1993, pp. 79-95.

[4] Escribe Germán Vega García-Luengos, «Las hazañas araucanas de García Hurtado de Mendoza en una comedia de nueve ingenios. El molde dramático de un memorial», Edad de Oro, X, 1991, p. 207: «La coordinación de los distintos ingenios se esmeraría tan sólo en los insoslayables compromisos panegíricos. El único instrumento para llevarlos a cabo son las palabras, las muchas palabras enhebradas en interminables parlamentos. hay una confianza sin límites en la fuerza de las palabras, tanto en las dichas como en las escritas. […] Por el contrario, la acción, sustancia específica de lo dramático, no va a ningún lado».

«Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza», de nueve ingenios: el desenlace

Tras la cristiana muerte del toqui Caupolicán[1], los indios de la belicosa Arauco quedan por fin sojuzgados al poder, no de don García, sino del rey de España, en cuyo nombre el marqués de Cañete sabrá ser clemente y gobernar con justicia (tal como refleja el diálogo de los vv. 3148-3174)[2].

Don García Hurtado de Mendoza

Finalmente, se procede al reparto de premios y mercedes. Don García se ofrece para ser el padrino en la boda de Rengo y Guacolda, que se convierten al cristianismo y se van a bautizar. Afirma que el rey premiará a Rebolledo; y ninguno de sus soldados quedará «sin el premio merecido, / aunque de mi hacienda sea» (vv. 3190-3191). El ultílogo le corresponde al propio Rebolledo:

REBOLLEDO.- Y aquí Arauco, aquí su invicto
conquistador tenga fin,
aunque en la fama infinito (vv. 3192-3194).

Un detalle importante, para finalizar. El interlocutor último (o el primero, según se mire…) de este mensaje relativo a premios y mercedes no podía ser otro, dada la intencionalidad de la obra, que el propio rey de España, el cual habría asistido a la representación de la comedia en Palacio. La lección estaba clara, y además, a buen entendedor pocas palabras bastan: si don García había sabido ser generoso con los suyos, con todos los que le habían servido bien, igualmente debería serlo el monarca premiando espléndidamente a la familia de los Hurtado de Mendoza, en justa recompensa de los magníficos esfuerzos y servicios prestados a la Corona por uno de sus mejores servidores en Europa y América: don García Hurtado de Mendoza.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

El retrato de don García Hurtado de Mendoza en «Algunas hazañas…», comedia de nueve ingenios (y 11)

Un comentario aparte merece la actuación del marqués de Cañete, en la parte final de la comedia, con relación al bautismo y muerte de Caupolicán (los acontecimientos finales, igual que sucede en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila, se presentan aquí de forma distinta al desenlace del Arauco domado de Lope, diluyendo la responsabilidad de don García en la muerte del toqui araucano)[1]. El soldado que llega a anunciarle que Reinoso ha prendido a Caupolicán lo saluda de esta manera:

SOLDADO.- Ilustre blasón de España,
Mendoza al fin, que has traído
yugo a Arauco no vencido,
terror ya de su campaña,
el cielo tu esfuerzo ayuda (vv. 2901-2905)[2].

Le cuenta que aquel ha sentenciado a muerte al indio: Reinoso es sobrino de Pedro de Valdivia, y quiere vengar ahora el escarnio de la calavera convertida en copa para las libaciones. Don García señala que tal acción ha sido excesivamente rigurosa; don Felipe y Rebolledo interceden por Caupolicán y don García indica: «Hoy pienso, por socorrelle, / pasar sin pisar el valle» (vv. 2935-2936).

Caupolicán capturado

Vemos luego que Caupolicán, bautizado como Pedro[3], se muestra feliz: «muriendo estoy por morir» (v. 2968). Gualeva le reprocha su rendición, pues se ha humillado y los ha humillado a todos, y se ofrece para ser su verdugo. Caupolicán le responde: «dichosamente tengo / honor nuevo y alma nueva» (vv. 2999-3000). Y estando ya empalado reconoce que «El gran Dios de los cristianos / es solo Dios verdadero» (vv. 3005-3006), en un pasaje en el que, tanto en las palabras como en las acciones, podemos apreciar ciertas reminiscencias cristológicas[4].

En fin, al propio Luis de Belmonte le correspondió, o él mismo se reservó para sí, la redacción del tramo final de la obra, siendo así el único dramaturgo de los nueve que aporta dos pasajes al conjunto. Al llegar don García, reprocha duramente a Reinoso por haber matado a un enemigo que tenía rendido como prisionero indefenso, y no frente a frente en el campo de batalla (vv. 3051-3060). Emplea un tono muy duro, y apela incluso a razones de Estado al decir que habría sido mucho más útil conservar la vida de un preso tan valioso (vv. 3061-3086). Don Felipe intercede por Reinoso, pero don García está resuelto a castigarlo: «Sepa el rey que a un hecho injusto / castigo justo le doy» (vv. 3099-3100). El hermano del gobernador alega en defensa del capitán el argumento, ya antes mencionado, de que el caudillo araucano había matado a su tío Valdivia, pero este razonamiento no le sirve a don García. La cita que sigue es importante:

MARQUÉS.- No, hermano: jamás alcanza
la vitoria la venganza.
Este es el oficio mío:
pues premio, he de castigar (vv. 3114-3117).

Por su parte, Caupolicán, en medio de su tormento —sigue empalado en escena—, se muestra agradecido a su enemigo:

CAUPOLICÁN.- Don Felipe, mucho debo
al gran Marqués, pues que miro
que voy por su causa al cielo
por tan seguro camino (vv. 3129-3132).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

[3] Un nuevo Pedro/piedra sobre la que asentar la Iglesia de Cristo en Arauco, tal como escribe Moisés R. Castillo, Indios en escena: la representación del amerindio en el teatro del Siglo de Oro, West Lafayette (Indiana), Purdue University Press, 2009, p. 123: «Es este “Pedro”, a imagen y semejanza de la figura bíblica, el personaje sobre el que Don García edificará la evangelización de todo el territorio».

[4] Detalle interesante para relacionarlo con el auto sacramental de La Araucana, donde Caupolicán con el tronco a hombros es trasunto de Cristo con el madero de la cruz. Ver Carlos Mata Induráin, «La Guerra de Arauco en clave alegórica: el auto sacramental de La Araucana», Alpha, 33, 2011b, pp. 171-186.

El retrato de don García Hurtado de Mendoza en «Algunas hazañas…», comedia de nueve ingenios (10)

Guerreros araucanosLa comedia sigue acumulando nuevos elogios de don García como soldado valeroso y general prudente[1]. Cuando Reinoso prende a Caupolicán, no está presente don García, pero el capitán español reconoce que todo lo pueden los que pelean con su general: «Tu osadía / no en mí solo el triunfo emplea, / que esto puede quien pelea / en nombre de don García» (vv. 2467b-2470)[2]. Más adelante, en la contribución de Guillén de Castro, el marqués de Cañete se asombra de ver tan bien labrado un fuerte que han preparado sus hombres, y su hermano don Felipe le ofrece esta explicación: «tú los enseñaste / a ser soldados, señor» (vv. 2807-2808). Se preparan para el ataque 14.000 araucanos, mientras que los españoles solo son 200, pero no hay nada que temer porque don García pelea al frente de los suyos (vv. 2827-2832).

Ya señalaba en una entrada anterior que el elemento religioso se hace poco presente en esta obra, pero apunta de nuevo brevemente en estas palabras del gobernador:

MARQUÉS Siendo Dios de nuestra parte,
la ventaja es nuestra: vea,
pues por nosotros pelea
nuestro Dios, que es nuestro Marte.
¡Ea, ea, al arma toca!
¡Santiago, Santiago! (vv. 2833-2838).

Don García alienta a los soldados españoles cuando se retiran (vv. 2845-2852 y 2855-2856) y su valor es ponderado por Chilindrón, en una escena ticoscópica (vv. 2857-2872). Se ensalza, pues, su esfuerzo personal en el combate, al pelear al frente de los suyos, arriesgando su vida. Cuando don Felipe, su hermano, le dice que es locura que se exponga en la batalla el general en jefe de las tropas, él responderá alegando que «Alejandro peleó / y Julio César también» (vv. 2879-2880).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

El retrato de don García Hurtado de Mendoza en «Algunas hazañas…», comedia de nueve ingenios (9)

La comedia de los nueve ingenios continuamente pone de relieve la resolución militar del marqués de Cañete[1]. En el pasaje siguiente, correspondiente a Vélez de Guevara, don García dialoga con su hermano don Fernando. Comentan que los indios los temen ya, pues tratan de paces. Un indio mensajero de Cagueyano, cacique amigo, advierte al «general noble y valiente» (v. 1591)[2] para que salve su vida, pues se lanzan contra él copiosos escuadrones que suman más de 40.000 indios, y enumera a sus principales caudillos. Don García decide ir a esperarlos cruzando al otro lado del río, «y así será el despreciarlos / comenzarlos a vencer» (vv. 1614-1615). Esa arriesgada decisión de cruzar el caudaloso Nibequetén se equipara a la de César de pasar el Rubicón (vv. 1636-1649; se trata de un elemento de la Antigüedad romana puesto al servicio del panegírico).

Batalla entre españoles y araucanos

Se muestra también su valentía en el combate, peleando al frente de los suyos para contagiarles su valor. El acto tercero comienza con el pasaje de don Jacinto de Herrera en el que don García arenga a los españoles para que ganen una montaña a los araucanos, de la misma forma que Caupolicán lo hace con los suyos; pero él da ejemplo a todos corriendo el primero al asalto (vv. 2131-2134). Después, el mágico Leocotán vaticina la derrota de los araucanos y el creciente poder de don García, quien (se trata de un motivo muy reiterado) vencerá nueve batallas y fundará nueve ciudades (vv. 2261-2300), añadiendo todavía un largo elogio (vv. 2303-2330) con una clara función de prolepsis: de la misma forma que don García ha heredado el valor de su padre, el hijo que en España le cría su mujer heredará sus virtudes: don Juan Andrés, impulsor por estos años de la campaña de propaganda familiar y mecenas, por tanto, de esta comedia donde se le elogia en vaticinio por boca del mágico araucano. En fin, concluye Leocotán que para los suyos lo mejor es rendirse, pues todo está a favor de los españoles (vv. 2361-2380).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

El retrato de don García Hurtado de Mendoza en «Algunas hazañas…», comedia de nueve ingenios (8)

En la comedia vamos a asistir al enfrentamiento personal de don García con Caupolicán[1]. En efecto, se da en algunos pasajes de la pieza la caracterización en paralelo de ambos caudillos, que no solo rivalizan en armas, sino también en cortesía[2]. En efecto, en el momento del ataque de los indios al fuerte español, don García se enfrentará cuerpo a cuerpo al toqui araucano (vv. 1041-1049)[3]. En medio del combate, Orompello logra entrar en el fuerte, mientras que el reformado Rebolledo, que ha perdido su arma, se echa fuera de la empalizada para pelear contra los indios. Caupolicán, que ve el valor con que se defiende, ordena que no lo ataquen varios, sino solamente Orompello. A su vez, cuando los españoles vayan a disparar sus arcabuces, don García lo impedirá por ser «acción vergonzosa»: «¿Pues no fuera afrenta / que estos bárbaros conozcan / la ley de la cortesía, / pues la publican con obras, / y que me faltase a mí?» (vv. 1092-1096). Y luego Caupolicán y don García pelearán cuerpo a cuerpo (ver vv. 1179-1217 acot.).

Batalla entre mapuches y españoles

Más adelante, al comienzo de la segunda jornada, en el tramo dramático de Ruiz de Alarcón, don García en diálogo con Chilindrón pondera que lo que mueve su actuación es el deseo de aumentar la fama y el honor de sus antepasados (vv. 1258b-1275).

Su cortesía con el enemigo es un rasgo de su carácter, que se aprecia incluso cuando este intenta atentar contra su vida. La excusa es una nueva embajada de paz cuyas condiciones (que incluyen la retirada de los españoles) él no puede aceptar. Rechaza igualmente una corona de flores que se le ofrece, pues la acción de ser coronado —explica— corresponde únicamente a su soberano. En realidad, la embajada de paz ocultaba un plan de atentado contra don García, que falla porque a Nacol se le cae la daga que lleva escondida entre las flores. Una vez más, don García da muestras de su nobleza al perdonar a sus agresores (ver vv. 1516-1525 y 1532-1543), y ambos indios, Tucapel y Nacol, no pueden menos que reconocer su valor (vv. 1568-1571) y dedicarle nuevos elogios.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Es algo muy similar a lo que sucedía en los romances fronterizos, o en la deliciosa novela morisca Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa, entre personajes moros y cristianos que entablaban una lucha caballeresca de valor, honor y galanía. Ver Fausta Antonucci, «El indio americano y la conquista de América en las comedias impresas de tema araucano (1616-1665)», en Relaciones literarias entre España y América en los siglos XVI y XVII, coord. Ysla Campbell, Ciudad Juárez, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 1992, pp. 33-34.

[3] Cito por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

El retrato de don García Hurtado de Mendoza en «Algunas hazañas…», comedia de nueve ingenios (7)

Cabe señalar la escasa presencia del elemento religioso[1], aspecto que en esta comedia no adquiere la importancia que sí tiene en otras piezas del corpus, en especial en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila[2]. Todo queda aquí en ligeros apuntes, como el contenido en este pasaje. Reinoso comenta que don García no quiere salir a la campaña hasta que pase el invierno. Los indios, argumenta un soldado, tal vez juzgarán esa decisión como señal de temor, pero Reinoso sentencia: «Verán su engaño las obras» (v. 971)[3]. Más adelante don García arengará a sus hombres para animarlos a pelear contra los araucanos, y es en las palabras de su hermano don Felipe donde apunta levemente el sentido providencialista de la conquista: «Si son de Dios las vitorias, / Él las dará a quien le sirve» (vv. 1039-1040).

Parlamento de Quilín

Sí se pone de relieve el carácter galante de don García o, por mejor decir, su caballerosidad con las damas. En esta comedia no vemos a don García implicado en una trama amorosa con una india[4], pero sí apunta algún detalle de su caballerosidad en la escena en que describe cómo cruza el río Gualeva. Don García usa un lenguaje galante, con imágenes y metáforas cultistas, al describir la acción de la india y su belleza (vv. 1678b-1695). A su vez, las palabras de la india acumularán nuevos elogios dedicados al gobernador: «español Atlante» (v. 1710), «Hijo del sol, dios del mar, / Apó de la Europa» (vv. 1816-1817), etc.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Es aspecto ya señalado por Fausta Antonucci, «El indio americano y la conquista de América en las comedias impresas de tema araucano (1616-1665)», en Relaciones literarias entre España y América en los siglos XVI y XVII, coord. Ysla Campbell, Ciudad Juárez, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 1992, pp. 32-33: «El protagonista aquí también es don García, cuyo personaje encarna sin embargo un modelo muy distinto del modelo lopesco. Es, en primer lugar, un modelo más laico, en el que faltan todos los episodios de devoción religiosa representados en Arauco domado. La humildad de don García se nos presenta ahora como la virtud del jefe que no rehúsa compartir el trabajo y las dificultades de sus inferiores».

[3] Cito por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

[4] Ver para este tema Carlos Mata Induráin, «Cautivo quedo en tus ojos: el cautiverio de amor en el teatro del Siglo de Oro sobre la conquista de Arauco», en El cautiverio en la literatura del Nuevo Mundo, eds. Miguel Donoso, Mariela Insúa y Carlos Mata, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011, pp. 169-193, 2011a.