Don García Hurtado de Mendoza en «Arauco domado» de Lope de Vega (4)

Cuando se produce el asalto de los araucanos, don García lucha cuerpo a cuerpo con Caupolicán: si el araucano es hijo del sol, el español es hijo del gran virrey don Andrés[1]. Sale a relucir de nuevo su mocedad, cuando el toqui se lamenta:

CAUPOLICÁN.- ¡Lástima a tus años tengo!

GARCÍA.- Tenla, bárbaro, de ti,
que yo Mendoza nací
y he de hacer a lo que vengo (p. 773)[2].

Caupolicán

Don García resulta herido por una pedrada, pero conserva la vida y tiene fuerzas para repeler el ataque. Las acotaciones de este pasaje indican hasta en tres ocasiones que se ve a don García «en lo alto» (pp. 771, 776 y 779): se trata, en principio, de una indicación física (los españoles se defienden desde lo alto del fuerte en el que están sitiados), pero esa visualización espacial no deja de tener un valor simbólico: don García domina la situación, está por encima de los indios, que atacan desde abajo y que terminarán siendo sojuzgados por él. En el transcurso del asalto, también Caupolicán resultará herido: le hirió, dice Tucapel, «el gran español, / el gallardo don García» (p. 778), «el Mendoza famoso» (p. 778), como señala Rengo.

Esta escena añade otro detalle importante desde el punto de vista de las cualidades militares de don García: vemos que es un capitán previsor y responsable pues, robando horas al descanso y el sueño, pasea por el fuerte para supervisar que los vigías cumplen bien con su obligación (ver las pp. 780 y 782). En este momento, remate del acto primero, dará muestras de su generosidad al perdonar la vida al soldado que por dos veces ha incumplido su deber quedándose dormido en su turno de guardia. Rebolledo se salva por su ingenio, y apelando a que «Mendoza eres» (p. 783) y «gran señor» (p. 784). También, ciertamente, porque el general español tiene pocos soldados y no puede desperdiciar ni siquiera a uno solo de ellos, aunque haya cometido una falta tan grave que les ha puesto en peligro a todos: «De virrey y reyes vienes» (p. 784), reconoce Rebolledo.

Esta escena final de la primera jornada todavía añade un dato más al retrato de don García: las palabras de Rebolledo hablando consigo mismo en su guardia, intentando no dormirse, señalan que don García no es codicioso. Se trata de un detalle importante, porque la codicia de los españoles es acusación que los indios dejan caer aquí y allá a lo largo de la comedia. Ciertamente, Arauco no da muchas riquezas (Rebolledo se refiere a la «estéril campaña», p. 781; en la p. 823 Tucapel le explicará al mismo soldado que Arauco produce pocas joyas). Pero, sea como sea, su general no viene en busca de plata, sino para aplastar la rebelión de los araucanos, que no son, ni mucho menos, indios pacíficos como los que encontró Colón en el momento del Descubrimiento:

REBOLLEDO.- Los que las Indias hallaron
vinieron por oro y plata;
halláronla tan barata,
que por vidrios la compraron.
No viene así don García,
ni plata intenta buscar,
que viene a pacificar
su bárbara rebeldía.
¡Pues es verdad que estos son
de los indios desarmados
que hallaba en selvas y prados
como corderos Colón,
sino los hombres más fieros,
más valientes, más extraños
que vio este polo en mil años! (pp. 781-782)

Más adelante, en el acto segundo, sí encontraremos una acusación de codicia por parte de Tucapel, cuando se refiere a don García como «un hombre, y hombre extraño, / que enriquecerse del sudor pretende / de nuestra mina de oro y fértil año» (pp. 795-796). Pero se trata de una frase exaltada, que Rengo contrarresta al decir: «del Mendoza adviertas / las grandezas que hay en él» (p. 796).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Todas las citas (con algún ligero retoque en la puntuación) son por la edición de Jesús Gómez y Paloma Cuenca, en Lope de Vega, Comedias, IX, Madrid, Biblioteca Castro/Turner, 1994. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Linaje y teatro: Arauco domado de Lope de Vega como comedia de propaganda nobiliaria», en David García Hernán y Miguel F. Vozmediano (eds.), La cultura de la sangre en el Siglo de Oro. Entre Literatura e Historia, Madrid, Sílex, 2016, pp. 325-348.

Don García Hurtado de Mendoza en «Arauco domado» de Lope de Vega (3)

Una segunda tanda de elogios de don García la vamos a encontrar en labios de sus enemigos, los araucanos[1]. Se trata de la escena en que deciden consultar a su divinidad, Pillán, a través de Pillalonco, especie de sacerdote. Su presagio es completamente negativo para ellos: les dice que el famoso capitán que viene de Perú a Chile causará miedo a los fieros araucanos; y que, aunque lo vean mozo, los someterá en menos de dos años; vencerá nueve batallas y fundará siete ciudades, y llegará a ser tan querido que lo llamarán «san García»[2] (p. 763)[3].

Pillán

Poco después será Caupolicán quien relate a los suyos el vaticinio que le ha hecho Pillán tras abrasarse en el agua del baño: don García ha llegado a Concepción y ha formado un fuerte en Penco. Pillán le ha pedido a Caupolicán que ataque el fuerte y mate a los españoles, antes que vayan al valle de Engol. Frente a las bravatas de los principales capitanes (Tucapel, Rengo, Talguén, Orompello…), dispuestos a matar al «español cruel» (p. 768), Pillalonco les avisa de que pronto conocerán el valor del «español don García».

El siguiente bloque de acción nos muestra a don García supervisando personalmente, junto con su hermano don Felipe, los trabajos de construcción del fuerte de Penco: se preparan para la defensa mientras llegan refuerzos por mar. La condición noble y generosa que ha mostrado don García ha hecho que los indios de la zona hayan bajado en son de paz y que él les haya dado el perdón. Dice don Felipe:

FELIPE.- Tu persona excelente, y la nobleza
alta y real grandeza con que has dado
perdón al rebelado, los incita
y a venir solicita, reducidos
a la paz y movidos de tus dones (p. 768).

Don García pondera su «honesto celo» para «esta imposible hazaña», así como el valor y la sangre de su familia; don Felipe dice que sus conquistas le harán exceder la fama de Alejandro Magno, jugando de nuevo con las expresiones Hurtado / hurtar (p. 769).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Esta denominación de san García estaba ya en el exordio del Arauco domado de Pedro de Oña («¡oh, sublime garza Sant García!»).

[3] Todas las citas (con algún ligero retoque en la puntuación) son por la edición de Jesús Gómez y Paloma Cuenca, en Lope de Vega, Comedias, IX, Madrid, Biblioteca Castro/Turner, 1994. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Linaje y teatro: Arauco domado de Lope de Vega como comedia de propaganda nobiliaria», en David García Hernán y Miguel F. Vozmediano (eds.), La cultura de la sangre en el Siglo de Oro. Entre Literatura e Historia, Madrid, Sílex, 2016, pp. 325-348.

Don García Hurtado de Mendoza en «Arauco domado» de Lope de Vega (2)

La imagen de don García Hurtado de Mendoza que transmite la comedia es la de un militar intachable, fiel a su monarca y obediente a su padre, el virrey del Perú, que lo ha mandado a sujetar Chile[1]. El primer elogio estará en boca del soldado español Rebolledo. Se trata de la escena inicial, de los primeros versos de la comedia:

Salen Rebolledo, soldado, y Tipalco, indio yanacona.

TIPALCO.- ¿Que este soldado, amigo, es don García?

REBOLLEDO.- Este es aquel Hurtado de Mendoza
que a gobernar su padre a Chile envía.

TIPALCO.- La libertad que el rebelado goza
en el gobierno de la gente anciana
aumentarase con la gente moza (p. 753)[2].

Don García es todavía mozo y el indio Tipalco argumenta que, si los araucanos se rebelaron teniendo enfrente a dos capitanes maduros y experimentados como Aguirre y Villagrán, más lo harán «viendo que aqueste ejército acompaña / un mancebo tan tierno» (p. 753; este sustantivo mancebo se repetirá varias veces referido a él). A lo que responde Rebolledo:

REBOLLEDO.- Este mancebo
el César ha de ser de aquesta hazaña;
este Mendoza, este Alejandro nuevo,
este Hurtado que hurtó la excelsa llama
no solamente a Júpiter y a Febo,
sino a todos los nueve de la Fama,
viene a domar a Chile y a la gente
bárbara que en Arauco se derrama (p. 753).

Estos versos establecen las primeras identificaciones laudatorias con personajes de la mitología y la antigüedad greco-romana (César, Alejandro, los nueve de la Fama, Júpiter y Febo), así como el juego de palabras entre el apellido Hurtado y el verbo hurtar, aspectos ambos que se reiterarán con bastante frecuencia en la obra.

Los nueve de la Fama

Su valor —sigue exponiendo el soldado— se puede apreciar en su propia persona, y «por solo lo que ha hecho en La Serena, / de capitán merece la corona» (p. 754). Don García, en efecto, había desembarcado allí el 23 de abril de 1557 y mandado detener a Francisco de Aguirre y Francisco de Villagra, que litigaban por la gobernación de Chile. Las palabras del yanacona Tipalco ponderan lo bien que trata a los indios de paz e introducen el rico simbolismo de las palabras sangre y sol[3]:

TIPALCO.- Mucho me agrada el ver que en todo ordena
nuestra justicia y paz, pues nos alivia
a los indios de paz de tanta pena.
Allá, a los que mataron a Valdivia
y con Caupolicán y Tucapelo
están más fieros que áspides en Libia,
podrá mostrar la sangre de su abuelo;
que, pues su padre a tanto sol le envía,
ya habrá probado este águila al del cielo (p. 754).

Por su parte, en esta misma escena inicial, su hermano don Felipe pondera su valor, demostrado en sus hazañas anteriores en Europa («en Rentín, en Sena, en Flandes», p. 757). Don García da prueba de su prudencia ordenando embarcar a Aguirre y Villagrán para Perú, para que desde allí los manden a España; y manifiesta su intención de ir a la ciudad despoblada de Concepción, junto con su férreo deseo de sujetar la rebelión de Chile (véanse las pp. 757-758).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Todas las citas (con algún ligero retoque en la puntuación) son por la edición de Jesús Gómez y Paloma Cuenca, en Lope de Vega, Comedias, IX, Madrid, Biblioteca Castro/Turner, 1994. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Linaje y teatro: Arauco domado de Lope de Vega como comedia de propaganda nobiliaria», en David García Hernán y Miguel F. Vozmediano (eds.), La cultura de la sangre en el Siglo de Oro. Entre Literatura e Historia, Madrid, Sílex, 2016, pp. 325-348.

[3] Tema que no puedo desarrollar aquí, pues daría materia para un exhaustivo análisis.

Don García Hurtado de Mendoza en «Arauco domado» de Lope de Vega (1)

Como es de suponer en una obra que nace con voluntad panegírica, en Arauco domado de Lope de Vega el elogio de don García Hurtado de Mendoza aparece puesto en boca de distintos personajes y se lleva a cabo desde distintas perspectivas[1]. Todos, incluidos sus propios enemigos, ponderarán su prudencia, valor, nobleza, etc. Y, por supuesto, sus propios hechos y sus palabras en escena servirán para trazar su idealizado retrato.

Don García Hurtado de Mendoza

Recordemos que el título completo de la comedia es Arauco domado por el Excelentísimo Señor don García Hurtado de Mendoza; y las palabras de la dedicatoria «A don [Juan Andrés] Hurtado de Mendoza, su hijo, marqués de Cañete»[2] nos aportan interesantes pistas interpretativas:

Siendo esta verdadera historia vencimientos y hazañas de aquel insigne capitán, padre de V. S., freno español y yugo católico de la más indómita nación que ha producido la tierra, en la parte cuyo descubrimiento dio tanta gloria a España, justamente vuelve al centro de su principio, como a su propia esfera y natural elemento, desde que dio sujeto a tantas plumas, cuantas en las alas de la fama volaron a la inmortalidad, resplandeciendo al sol de su esclarecido nombre. Materia dilatada en tantos versos y prosas, y por tantos y tan célebres ingenios, como en esta representación sucinta, y en este mapa breve, haciendo el mismo efecto en los oídos que la pintura en los ojos, grandes las primeras figuras, y las demás en lejos, porque sin reducirlas a perspectivas era imposible pintarlas. V. S. la reciba como prenda que restituyo a su dueño, y mi cuidado en estamparla, por censo del tiempo que la he tenido[3], si ya no se me tiene a grave culpa no haber comunicado al mundo cosas tan admirables, que, como sucedidas en el otro, parecen imposibles. Dios guarde a V. S. como deseo.

Su capellán,
Lope Félix de Vega Carpio

Moisés R. Castillo ha puesto de relieve el carácter panegírico de la mayoría de estas comedias de tema araucano, que son

epopeyas laudatorias, obras de encargo que, en el caso de Chile, los herederos del general Hurtado de Mendoza mandan escribir para que favorezcan sus intereses en los distintos litigios que los dichos herederos tienen abiertos contra los poderes públicos en lo relativo a la continuidad de los títulos y privilegios de sus antepasados[4].

Y añade poco después:

Arauco domado de Lope de Vega es claramente una obra escrita para alabar los logros y la figura histórica del gobernador Hurtado de Mendoza, como su misma dedicatoria muestra. […] Todos los críticos coinciden en decir que la obra de Lope fue, al igual que la mayoría de las comedias [de tema araucano], una obra de encargo, más aún después de conocer las relaciones familiares y laborales que unían al dramaturgo con los Hurtado de Mendoza. Al parecer, a Lope se le pagó en 1599 para que la escribiera cuando estaba al servicio del sobrino de Don García, el marqués de Sarriá y futuro conde de Lemos […], de cuya noble casa, en 1602, salió el padrino de bautismo del hijo de Lope[5].

En fin, Castillo, resumiendo las opiniones de Dixon, recuerda que

Arauco domado es la mejor obra encomiástica de una campaña publicitaria promovida por los familiares del marqués, que empezaría con la llegada del ilustre a la península en 1596 y terminaría mucho después de su muerte en 1609, una campaña de propaganda que inicia él mismo y su hijo Juan Andrés, para ensalzar su imagen de egregio gobernador y para reconocer y premiar unos meritos que Ercilla ensombrece. Durante más de treinta años, padre e hijo lucharán por recibir la recompensa y el favor que nunca encontrarían[6].

No lo lograron, pero como atestigua Dixon[7] quedó una amplia nómina de obras dedicadas a ensalzar la figura de don García en los géneros de la historia, la biografía, la ficción, el verso y el drama. Así, la crónica de Góngora y Marmolejo, la de Mariño de Lobera, la biografía de Suárez de Figueroa, el poema de Oña y las tres comedias de Vega, de Gaspar de Ávila y de los nueve ingenios.

En sucesivas entradas abordaré el análisis de la figura de don García en la comedia de Lope, en la que vamos a encontrar: 1) los elogios relacionados con su condición de general prudente y avisado, valiente, buen estratega, etc. (esto es, su faceta como militar); 2) su caracterización como persona piadosa (el elemento religioso es muy importante en la comedia); y 3) en un aspecto más amplio, los elogios de la nobleza familiar, del linaje de don García.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Todas las citas (con algún ligero retoque en la puntuación) son por la edición de Jesús Gómez y Paloma Cuenca, en Lope de Vega, Comedias, IX, Madrid, Biblioteca Castro/Turner, 1994. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Linaje y teatro: Arauco domado de Lope de Vega como comedia de propaganda nobiliaria», en David García Hernán y Miguel F. Vozmediano (eds.), La cultura de la sangre en el Siglo de Oro. Entre Literatura e Historia, Madrid, Sílex, 2016, pp. 325-348.

[3] Estas palabras dejan entrever que ha pasado largo tiempo desde la fecha de composición de la obra hasta la de publicación, lo que refuerza la hipótesis de una redacción muy temprana, hacia 1599-1603. Recordemos que don García habría regresado a España en 1596.

[4] Moisés R. Castillo, Indios en escena. La representación del amerindio en el teatro del Siglo de Oro, Purdue, Purdue University Press, 2009, p. 73.

[5] Castillo, Indios en escena…, p. 75. Ver también EduardoToda Oliva, «Arauco en Lope de Vega», Nuestro Tiempo, 17, 1962, p. 50.

[6] Castillo, Indios en escena…, p. 76.

[7] Ver Victor Dixon, «Lope de Vega, Chile and a Propaganda Campaign», Bulletin of Hispanic Studies, 70:1, 1993, pp. 79-95.

La imagen de los españoles en «Arauco domado» de Lope de Vega

Guerra de AraucoComo es lógico, en la caracterización de los personajes españoles que intervienen en la comedia lopesca Arauco domado prevalecen los aspectos positivos, si bien también apuntan algunos detalles negativos, sobre todo en forma de acusaciones de codicia puestas en boca de los personajes indios[1]. Ya en el pasaje inicial el soldado español Rebolledo indica que las discordias entre los capitanes Aguirre y Villagrán habían sido las causantes de la rebelión araucana. Después, las acusaciones más repetidas serán las de codicia y explotación: en la famosa escena del baño de Caupolicán con Fresia, el toqui pone de relieve la ambición de plata y oro de los españoles (p. 760)[2]; la imagen de los españoles como ladrones aparece en la canción que entonan los indios en el asalto al fuerte de Penco (p. 771); los indios los acusan de nuevo de ladrones (p. 787), para Engol son ladrones que vienen a esclavizar a su pueblo (p. 825, Engol); se indica que cambian oro y plata por cuentas de vidrio (pp. 781-782), etc.

Por supuesto, la visión idealizada también está presente: aparte de todo lo referente a don García, que constituirá el núcleo de mi análisis, el elogio de los españoles en general lo encontramos, por ejemplo, en boca de Rengo (pp. 796-797); su cortesía y carácter para el amor aparece en el episodio de Gualeva, invitada más que cautiva, entre los españoles: «Todo español me desvela», llegará a decir la india a propósito de su nobleza, bizarría y apostura (p. 807).

En suma, en Arauco domado tenemos una imagen dual de los conquistadores españoles, si bien predominan —como no podía ser de otra manera— los aspectos positivos. Dicho sea de paso, es lo mismo que sucede con la imagen de los araucanos, en general idealizada (valientes, nobles, tenaces defensores de su libertad e independencia…), pero sin que falten en su retrato los rasgos de barbarie y crueldad (asan a los prisioneros para comerlos, beben su sangre en la copa hecha con la calavera de Valdivia, Fresia estrella a su propio hijo contra los peñascos, etc.).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Todas las citas (con algún ligero retoque en la puntuación) son por la edición de Jesús Gómez y Paloma Cuenca, en Lope de Vega, Comedias, IX, Madrid, Biblioteca Castro/Turner, 1994. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Linaje y teatro: Arauco domado de Lope de Vega como comedia de propaganda nobiliaria», en David García Hernán y Miguel F. Vozmediano (eds.), La cultura de la sangre en el Siglo de Oro. Entre Literatura e Historia, Madrid, Sílex, 2016, pp. 325-348.

«Arauco domado» de Lope de Vega, comedia de propaganda nobiliaria

Arauco domado, de Lope de VegaEn el teatro español del Siglo de Oro[1] existen varias piezas que tienen como tema la conquista de Chile y la prolongada guerra de Arauco[2]. Dentro de ese corpus, hay algunas comedias que fueron encargadas por la propia familia de los Mendoza (primero por el propio don García y luego por su hijo don Juan Andrés) con la finalidad de prestigiar la figura del cuarto marqués de Cañete, quien en su etapa como gobernador de Chile (1557-1561) había logrado notables avances en la pacificación del rebelde territorio de Arauco, pero cuyos méritos e importancia no quedaron reconocidos por Alonso de Ercilla en su famosa Araucana (cuyas tres partes se publicaron en 1569, 1578 y 1589). Para tratar de contrarrestar aquel voluntario olvido[3] se preparó un amplio programa de propaganda[4] que incluyó no solo varias obras de teatro, sino también crónicas, biografías, poemas épicos, etc. Las tres piezas teatrales que presentan ese carácter de «obras de encargo»[5] son Arauco domado de Lope de Vega, la más famosa y conocida, la que más bibliografía ha generado[6] (¡Lope es Lope!) y, asimismo, la que parece estar al comienzo de la serie (aunque su publicación se produce en 1625, su fecha de redacción es bastante más temprana, en torno a 1599-1603); Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, comedia escrita por nueve ingenios capitaneados por Luis de Belmonte Bermúdez, que se representó y publicó en Madrid en 1622[7]; y El gobernador prudente, de Gaspar de Ávila, la cual puede datarse en torno a 1624-1625, si bien no sería publicada hasta 1663.

Ya en entradas anteriores he estudiado Algunas hazañas… y El gobernador prudente. En las entregas siguientes focalizaré mi atención sobre la pieza lopesca, para ver cómo aparecen reflejados en ella los personajes españoles, y en particular su caudillo, don García Hurtado de Mendoza, cuarto marqués de Cañete. Como ya quedó indicado, en esta obra de encargo Lope realiza un panegírico del noble, que había quedado relegado a un plano de importancia muy secundario en La Araucana de Ercilla. No me centraré en el estudio de las fuentes de la comedia, ni en el grado de fidelidad de la versión literaria respecto a los hechos históricos[8], sino que me detendré en el tratamiento dramático-literario del personaje de don García.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Para el tema de las guerras de Arauco en el teatro, ver especialmente las monografías de Patricio C. Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Valencia, Albatros Hispanófila Ediciones, 1996; y Mónica Escudero, De la crónica a la escena. Arauco en el teatro del Siglo de Oro, New York, Peter Lang, 1999. Sobre la cultura de la guerra y el teatro del Siglo de Oro es fundamental la monografía de David García Hernán, La cultura de la guerra y el teatro del Siglo de Oro, Madrid, Sílex Ediciones, 2006.

[3] Sin duda, al momento de componer La Araucana, Alonso de Ercilla no habría olvidado todavía el grave incidente personal que tuvo lugar entre él y don García en la ciudad de La Imperial en 1558, y esta es la razón que explicaría el no haber dado el suficiente relieve a la figura de don García Hurtado de Mendoza. Recordaré que Pedro de Oña, en el exordio de su Arauco domado, dejó consignado que una de las razones que le movían al componer su poema era «ver que tan buen autor, apasionado, / os haya de propósito callado». He analizado esta cuestión en otros trabajos, a los que remito para más detalles.

[4] Ver especialmente Victor Dixon, «Lope de Vega, Chile and a Propaganda Campaign», Bulletin of Hispanic Studies, 70:1, 1993, pp. 79-95.

[5] Son obras que hay que estudiar en el contexto del mecenazgo teatral y literario, concretamente en la categoría de las comedias genealógicas de encargo (también denominadas comedias histórico-políticas). Ver Teresa Ferrer Valls, Nobleza y espectáculo teatral (1535-1622). Estudio y documentos, Sevilla / Valencia, UNED / Universidad de Sevilla / Universitat de València, 1993; Andrea Sommer-Mathis et al., El teatro descubre América. Fiestas y teatro en la Casa de Austria (1492-1700), versión española de Társila Reyes Sicilia, Madrid, Editorial MAPFRE, 1992; y Miguel Zugasti, «El encargo literario», en William R. Manson y George Peale (eds.), Las palabras a los reyes y gloria de los Pizarros by Luis Vélez de Guevara, Newark (Delaware), Juan de la Cuesta, 1996, pp. 49-86. Como es de suponer, estos encargos nobiliarios para escribir elogiosas piezas genealógicas de algún personaje de la familia dejaban pingües beneficios a los dramaturgos (o a los autores literarios, en general, pues también hay encargos en otros géneros distintos del teatro).

[6] Pueden verse, entre otros muchos estudios, los de Sturgis E. Leavitt, «Lope de Vega y el Nuevo Mundo», Mapocho, 1, 1963, pp. 32-42; Elena Martínez Chacón, «Una comedia chilena de Lope de Vega», Mapocho, 5, 1965, pp. 5-33; y José María Ruano de la Haza, «Las dudas de Caupolicán: El Arauco domado de Lope de Vega», Theatralia, 6, 2004, pp. 31-48.

[7] Para el análisis de esta pieza ver sobre todo Germán Vega García-Luengos, «Las hazañas araucanas de García Hurtado de Mendoza en una comedia de nueve ingenios. El molde dramático de un memorial», Edad de Oro, X, 1991, pp. 199-210; y Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, 85, 2013, pp. 203-227.

[8] Para las fuentes literarias de la comedia, ver Juan María Corominas, «Las fuentes literarias del Arauco domado, de Lope de Vega», en Manuel Criado de Val (ed.), Lope de Vega y los orígenes del teatro español, Madrid, Edi-6, 1981, pp. 161-170; para el personaje de don García, Fernando Campos Harriet, Don García Hurtado de Mendoza en la historia americana, Santiago, Andrés Bello, 1969; y Remedios Morán Martín, «García Hurtado de Mendoza ¿gobernador o héroe?», Espacio, Tiempo y Forma, Serie IV, Historia Moderna, 7, 1994, pp. 69-86. Sobre la familia Mendoza, remito a Antonio Casado Poyales, Francisco Javier Escudero Buendía y Fernando Llamazares Rodríguez (coords.), Los Mendoza y el mundo renacentista, Cuenca / Toledo, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Castilla-La Mancha / Asociación Profesional ANABAD Castilla-La Mancha, 2012.

«Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza», de nueve ingenios: conclusión

A modo de conclusión[1], cabe destacar que en esta comedia de nueve ingenios, Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete[2], la cual forma parte de la campaña de propaganda que la familia Hurtado de Mendoza desarrolló durante tres décadas largas[3], se pone más de relieve la actuación militar de don García, como sucede también en el Arauco domado de Lope, y no se atiende tanto a su faceta de gobernador prudente, nuclear en la obra de Ávila ya desde su propio título, ni se incide tampoco en los elementos religiosos.

Portada de Algunas hazañas...

Desde el punto de vista literario, Algunas hazañas se nos presenta como una obra de desigual calidad y de poca enjundia dramática. Con escasa acción sobre las tablas, pese a las idas y venidas de tantos personajes, se deja todo a la fuerza de la palabra y prevalece la yuxtaposición de largos parlamentos por sobre la acción, que no queda dramáticamente bien imbricada[4]. Es posible que la colaboración de los nueve ingenios pretendiera emular, como sugirieron algunos estudiosos, a las nueve musas; pero ya se ve que estas debían de andar distraídas en aquella ocasión, u ocupadas tal vez en otros asuntos más importantes, pues resulta patente que no les brindaron toda su inspiración y que, en justa consecuencia, los resultados dramático-literarios logrados por los nueve dramaturgos dejan mucho que desear.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

[3] Ver Victor Dixon, «Lope de Vega, Chile and a Propaganda Campaign», Bulletin of Hispanic Studies, LXX, 1993, pp. 79-95.

[4] Escribe Germán Vega García-Luengos, «Las hazañas araucanas de García Hurtado de Mendoza en una comedia de nueve ingenios. El molde dramático de un memorial», Edad de Oro, X, 1991, p. 207: «La coordinación de los distintos ingenios se esmeraría tan sólo en los insoslayables compromisos panegíricos. El único instrumento para llevarlos a cabo son las palabras, las muchas palabras enhebradas en interminables parlamentos. hay una confianza sin límites en la fuerza de las palabras, tanto en las dichas como en las escritas. […] Por el contrario, la acción, sustancia específica de lo dramático, no va a ningún lado».