El soneto «San José», de Jacinto Fombona Pachano

El venezolano Jacinto Fombona Pachano (Caracas, 1901-1951) fue un destacado escritor (poeta, narrador y ensayista) que, en su juventud, formó parte de la denominada «Generación del 18» y más tarde se unió al grupo poético surgido en torno a la revista Viernes (1936). Se dio a conocer en el mundo de las letras con su novela El batallón (1922), al mismo tiempo que se dedicaba al periodismo y el ensayo. Sus principales títulos poéticos son El canto del hijo (1925), La comedia (1927), Virajes (1932) o Las torres desprevenidas (1940), que pasa por ser su obra más destacada.

Este poema navideño suyo se centra en la figura de san José que, sin ser la más destacada en la celebración navideña, tampoco está ausente de la poesía de este tiempo. El soneto destaca por su construcción anafórica, con la repetición de «En casa de José» al comienzo de cada estrofa.

SanJoseConElNiño

San José con el Niño, de Sebastián Martínez.

 

Su texto completo dice así:

En casa de José, ¡qué ardido nardo![1]
Y es flor al par de íntimo contorno,
donde no sufren: el cristal, bochorno;
garra, el balido; ni la pluma, dardo.

En casa de José no medra cardo,
ni el hacha duerme, ni descansa el torno,
y alondra de salida o de retorno,
la hormiga del Señor lleva su fardo.

En casa de José, ¡qué alegre lumbre!
La oveja hila, y guarda la techumbre
o el ojo del arcángel y la estrella[2].

En casa de José sueña María
que el Niño entre viñedos florecía[3]
y abrazada a sus pies lloraba Ella[4].


[1] ardido nardo: el nardo es emblema de la pureza virginal, sobre todo de María; además, la iconografía representa a san José con una vara de nardos (la flor es conocida popularmente como «vara de san José»).

[2] el ojo del arcángel y la estrella: alusiones, respectivamente, a la Anunciación a María por el arcángel san Gabriel y a la estrella que guio a los Reyes Magos hasta el Portal de Belén.

[3] el Niño entre viñedos florecía: remite a Juan, 15, 1-8: «Yo soy la vid verdadera», etc. Este verso y el siguiente parecen hacer alusión, además, a la muerte de Cristo en la Cruz (es frecuente en la poesía navideña que, al tiempo que se canta la alegría de su nacimiento, se anuncien ya las penas y sufrimientos de la Pasión y Muerte).

[4] Cito, con algún ligero retoque en la puntuación, por Nos vino un Niño del cielo. Poesía navideña latinoamericana del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, EDIBESA, 2000, p. 143.

«Año nuevo», de Conrado Nalé Roxlo

Conrado Nalé Roxlo (Buenos Aires, 1898-1971) fue escritor, periodista y guionista de cine. En su faceta de dramaturgo cabe recordar algunos títulos suyos como La cola de la sirena, Una viuda difícil, El pacto de Cristina, El neblíReencuentro o Judith y las rosas. Como poeta cuenta en su haber con tres libros: El grillo, Claro desvelo y De otro cielo. Cultivó igualmente la literatura infantil y fue también director de dos revistas de humor: Don Goyo y Esculapión[1].

Para este día primer día del 2020 recordaré una composición poética suya titulada precisamente «Año Nuevo», un romance con rima á a que supone un enfoque profano, no religioso, a la temática navideña.

MariposaNegra3

 

Año nuevo, vida nueva,
suena alegre en la guitarra,
y al guitarrero, de vieja,
se le está cayendo el alma.

Surcada la noche azul
de berilos y esmeraldas,
surtidores de cohetes,
girasoles de girándulas.

Aire de fiesta en el aire
y en todos aires de danza.
En el puerto las sirenas
y en la tierra las campanas.

De esperanzas y proyectos
está creciendo la casa,
porque mañana amanece
la vida recién lavada:

—Torre de mi fortaleza
será la torre más alta.
—A Dios veré en todas partes,
que debo a Dios la mirada.
—Aquel amor olvidado
he de buscarlo mañana.

Blanco mantel, pavo de oro
servido en fuente de plata,
y el noble vino encendiendo
en los pechos nobles llamas.
Año nuevo, vida nueva,
suena triste en la guitarra…
Se escucha pasar el tiempo
por los fondos de la casa.

Y una mariposa negra
de las copas se levanta[2].


[1] Para más detalles sobre su vida y obra remito a la monografía de María H. Lacau, Tiempo y vida de Conrado Nalé Roxlo. Entre el ángel y el duende, Buenos Aires, Plus Ultra, 1976.

[2] Tomo el texto de Nos vino un Niño del cielo. Poesía navideña latinoamericana del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, EDIBESA, 2000, pp. 274-275.

«Villancico triste para un Niño sin posada», de Ángel de Miguel

De Ángel de Miguel Martínez, poeta castellano-navarro (burgalés de nacimiento, en La Nuez de Arriba, pero afincado en Estella desde hace muchos años), ya había quedado recogido en el blog su precioso y cantarín «Villancico de la Fuente de Irache». Ahora, respondiendo amable a la petición del Gobernador de esta Ínsula Barañaria, me envía, en prueba de amistad, su inédito «Villancico triste para un Niño sin posada». El poema, de grácil ritmo (se construye con ágiles tetrasílabos), pone de relieve el desvalimiento del Niño Jesús recién nacido, que no ha encontrado posada abierta para Él, y que se ve reconfortado únicamente por distintos elementos de la naturaleza (astros, escarcha, nieve, agua, noche-vaca, luna-mula, estrella, auroras).

PortalyEstrella

Este es el texto del villancico:

Para el Niño
no hay posada,
solo hay astros
que lo guardan.

Para el Niño,
pan de escarcha,
miel de nieve,
roscos de agua…

Y la noche,
negra vaca
que le muge
sol de nanas.

Y la luna,
mula blanca
que le rumia
madrugadas.

Y una estrella
oxidada,
pezoncillo
de luz pálida

que lo arrulla
y amamanta
mientras llega
la mañana.

Para el Niño
no hay posada,
solo auroras
desoladas.

«Villancico del niño caribe», de Leopoldo Panero

Leopoldo Panero (Astorga, León, 1909-Castrillo de las Piedras, León, 1962) es autor que cultivó en algunas ocasiones el tema navideño. Así, cabe recordar títulos como «Villancicos del jinete iluso» (de Poemas sueltos, 1, 1939-1949); «Villancico del Niño Caribe» (de Poemas sueltos, 2, 1950-1962); «Navidad de Caracas» y «Nochebuena del Ávila» (de Navidad de Caracas y otros poemas, 1955); «Villancico de la Navidad errante» (de Romances y canciones, 1960), «La nieve en Navidad» o «Nochebuena muerta» (de Poemas inéditos. Poemas varios).

Natividad-Murillo

Natividad del Señor, de Bartolomé Esteban Murillo.

Reproduzco hoy su «Villancico del niño caribe», que adopta la forma métrica de la seguidilla arromanzada (7- 5a 7- 5a), con rima á a.

A Gastón Baquero

¡Navidad del Caribe,
lejos de España!
¡Navidad de las islas,
vaivén del agua!

… Navidad de otros niños,
y de otras caras,
que esperan el milagro
de hoy a mañana.

Mi errante Nochebuena
no tiene escarcha;
sin cierzo está el pesebre
y el chopo es palma.

¡Ay, corazón a solas,
lumbre lejana!
… Movidas por los remos
van mis palabras.

Con el son de la espuma
la madrugada,
un niño entre los brazos,
mece mi alma.

Que a todos esta noche
toque con alas
y con risa de niño,
canta que canta.

Un solo nacimiento,
solo una casa
de agrupada ternura
la noche santa[1].


[1] Lo tomo de Mundo Hispánico, año XIII, núm. 142, enero de 1960, p. 23, retocando ligeramente la puntuación y manteniendo, en el título, la minúscula en la palabra caribe (en otras ocasiones se edita con mayúscula, Caribe). Puede verse también en Leopoldo Panero, Obra completa. Poesía I, ed. crítica de Javier Huerta Calvo con la colaboración de Javier Cuesta Guadaño y Juan José Alonso Perandones, Astorga, Ayuntamiento de Astorga, 2007, pp. 489-490. María José Cordero musicó este texto, y otros poemas de Panero, cantados al piano, en su espectáculo Leopoldianas (2015).

«Zagalejo de perlas, / hijo del Alba», villancico de Lope de Vega

Hoy en Belén de Judá
os ha nacido el Salvador.

Vaya para este gozoso día de Navidad otro villancico de Lope de Vega, incluido también en Pastores de Belén (como otros ya recogidos en el blog: «De una Virgen hermosa / celos tiene el sol», «Nace el alba María, / y el Sol tras ella» o «Campanitas de Belén»). Antonio Carreño nos recuerda el contexto narrativo en que se inserta este poema:

Canta esta composición Aminadab, el hombre «leído y sabio en las divinas letras» y «después de haberle dicho mil amorosos requiebros, bastantes a enternecer las piedras de aquellos muros, cuánto más los corazones de aquellos santos pastores». Le acompaña Palmira con su voz e instrumento (ff. 401-402). Es este villancico una de las más destacadas nanas a lo divino de la lírica española[1].

Y en nota a los vv. 1 y 9 explica:

Es Zagalejo de perlas porque ha nacido del Alba, que es María, de ahí la asociación con las perlas. Se creía que estas nacían del rocío que dejaba el alba al salir el sol.

El Pastor como el Cordero son imágenes iconográficas que ha consagrado la liturgia en himnos y en representaciones plásticas.

VirgendelLibro_Botticelli

Sandro Botticelli, Virgen del libro.

Una vez más, el Fénix nos brinda un villancico que es pura delicadeza, una composición plena de ritmo y musicalidad:

Zagalejo de perlas,
hijo del Alba,
¿dónde vais, que hace frío
tan de mañana?

Como sois lucero
del alma mía,
al traer el día
nacéis primero;
Pastor y Cordero
sin choza y lana,
¿dónde vais, que hace frío
tan de mañana?

Perlas en los ojos,
risa en la boca,
las almas provoca
a placer y enojos;
cabellitos rojos,
boca de grana,
¿dónde vais, que hace frío
tan de mañana?

Que tenéis que hacer,
pastorcito santo,
madrugando tanto
lo dais a entender;
aunque vais a ver
disfrazado el alma,
¿dónde vais, que hace frío
tan de mañana?[2]


[1] Antonio Carreño, en su edición de Lope de Vega, Rimas humanas y otros versos, Barcelona, Crítica, 1998, p. 611.

[2] Lope de Vega, Pastores de Belén. Prosas y versos divinos de Lope de Vega. Dirigidos a Carlos Félix, su hijo, en Madrid, por Juan de la Cuesta, año 1612, fol. 203. Lo cito por Rimas humanas y otros versos, ed. de Antonio Carreño, núm. 298, p. 611, con ligeros retoques en la puntuación (añado coma al final del verso 2, y también coma tras vais en el estribillo).

«Nace el alba María, / y el Sol tras ella», villancico de Lope de Vega

¡Gloria a Dios en las alturas
y paz en la tierra a todos los hombres
de buena voluntad!

Vaya para este día de Nochebuena un villancico del Fénix, perteneciente a Pastores de Belén (como otros ya recogidos en el blog en años anteriores; ver, por ejemplo, «De una Virgen hermosa / celos tiene el sol», o «Campanitas de Belén»). Explica su editor moderno, Antonio Carreño:

Canta este villancico Palmira, que con Aminadab mueve el discurso narrativo de esta novela pastoril a lo divino. El drama de la redención está alegóricamente aprisionado en este villancico: María es concebida por una gran luz que penetra su vientre; se anuncia la epifanía y el destierro alegórico de la noche ante la figura mesiánica del que va a nacer: Cristo[1].

Y en nota a los vv. 1-2 añade:

En términos lumínicos y cósmicos se establece la alegoría del nacimiento de María (Alba) y con ella la promesa de Cristo (Sol), que al nacer desterrará el pecado de nuestras vidas, idea que refuerza el estribillo (vv. 3-4, 11-12, 19-20 y 27-28).

Natividad

Como tantas otras composiciones de temática navideña de Lope de Vega, este villancico tiene toda la gracia y sencillez de la mejor poesía popular:

Nace el alba María,
y el Sol tras ella,
desterrando la noche
de nuestras penas.

Nace el Alba clara,
la noche pisa,
del cielo la risa
su paz declara;
el tiempo se para
por sólo vella,
desterrando la noche
de nuestras penas.

Para ser señora
del cielo, levanta
esta niña santa
su luz como Aurora;
él canta, ella llora
divinas perlas,
desterrando la noche
de nuestras penas.

Aquella luz pura
del Sol procede,
porque cuanto puede
le da hermosura
el alba segura
que viene cerca,
desterrando la noche
de nuestras penas[2].


[1] Antonio Carreño, en su edición de Lope de Vega, Rimas humanas y otros versos, Barcelona, Crítica, 1998, p. 606.

[2] Lope de Vega, Pastores de Belén. Prosas y versos divinos de Lope de Vega. Dirigidos a Carlos Félix, su hijo, en Madrid, por Juan de la Cuesta, año 1612, fol. 19. Lo cito por Rimas humanas y otros versos, ed. de Antonio Carreño, núm. 295, pp. 606-607 (modifico la puntuación del v. 24).

Poesía de Adviento: «Espera la Virgen pura», de Francisco Vaquerizo

La Virgen sueña caminos,
está a la espera…

Mañana ya es Nochebuena, pero hoy todavía estamos en tiempo de Adviento, de espera para la llegada del Niños-Dios, el Emmanuel (ʽDios con nosotrosʼ), el Salvador del mundo. Vaya, pues, para cerrar este tiempo de preparación espiritual el poema «Espera la Virgen pura», de Francisco Vaquerizo. El poema (42 versos de romance con rima é e) tiene la musicalidad y la gracia de la mejor poesía tradicional navideña. La repetición del verso inicial, «Espera la Virgen pura…», además de incidir en esa gozosa espera (espera que es esperanza) de María, contribuye igualmente al ritmo de la composición. Se trata de una poesía sencilla y emotiva, que no requiere mayores notas explicatorias[1].

VirgenEmbarazada

Espera la Virgen pura,
el momento ya inminente,
en que dé a luz al Infante
que ha concebido en su vientre,
porque va a nacer el día
veinticuatro de diciembre.
En la grávida doncella[2]
un gozo especial se advierte
y hay un brillo en su mirada
que sobrepasa con creces
la belleza y el candor
que imaginarse uno puede.
Espera la Virgen pura,
el momento ya inminente,
en que la familia humana,
sumida en sombras de muerte[3],
con la venida del Niño,
la claridad recupere
y se sienta hija de Dios
y heredera de sus bienes.
Espera la Virgen pura,
el momento ya inminente,
en que aparezca en la tierra
el que será Rey de Reyes
y el que abra al hombre las puertas
de las moradas celestes[4].
Mientras llega ese momento,
la esperanza la mantiene
en una íntima vigilia
de ternuras y quereres,
siempre atenta a los anuncios
que a su Niño se refieren
porque sabe a ciencia cierta
que, ya en el mismo Pesebre,
será preciso que empiece
a cumplir con sus deberes.
Gozosa mira a José,
ensimismada y silente,
mientras piensa que su Niño
llenará el globo terrestre
de amor e instaurará un reino
que durará eternamente.


[1] Publicado en la revista Ecclesia el 7 de diciembre de 2014: «“Espera la Virgen pura”, poema de Adviento con María, por Francisco Vaquerizo», de donde lo tomo.

[2] grávida doncella: bella formulación; grávida vale ʽencinta, embarazadaʼ.

[3] sumida en sombras de muerte: alude al pecado y, por extensión, a todo el mal que se extiende por el mundo. La antítesis sombras / claridad es evidente.

[4] el que abra al hombre las puertas / de las moradas celestes: Cristo, con su muerte y resurrección, redimirá al género humano.

Narciso Serra, poeta y dramaturgo: caudal literario

En entradas anteriores me he ocupado ya de la biografía de Narciso Serra (1834-1877) y he trazado una semblanza literaria del escritor.

CalleNarcisoSerra.jpg

A continuación, y sin ánimo de exhaustividad, ofrezco un listado con los títulos de las principales obras poéticas y dramáticas de Narciso Serra, ordenados por orden alfabético, con los datos más completos posibles que me ha sido dado recabar:

  • A la puerta del cuartel, juguete cómico en un acto y en verso (1867; 2.ª ed. en 1873).
  • Amar por señas, adaptación de la obra de Tirso de Molina (1855).
  • Amor, poder y pelucas, comedia en tres actos traducida libremente del francés (1855).
  • Cómo se rompen palabras, comedia en tres actos y en verso, original de Narciso Serra y Cayetano di Suricalday (1852).
  • Con el diablo a cuchilladas (1854).
  • ¡Don Genaro!, zarzuela en un acto y en verso, con música de Luis Martín (1866).
  • ¡Don Tomás!, juguete cómico (1867).
  • Dos Napoleones, juguete cómico en tres actos y en verso (1870).
  • El amor y la Gaceta, juguete cómico en tres actos, original y en verso (1863).
  • El bien tardío, segunda parte de El loco de la guardilla, drama original en un acto y en verso (1867; 2.ª ed. en 1876).
  • El gran día, zarzuela en un acto y en verso, con música de Soledad de Bengoechea (1874).
  • El loco de la guardilla, paso que pasó en el siglo XVII, escrito en un acto y en verso, con música de Manuel Fernández Caballero (1861; 8.ª ed. en 1887).
  • El querer y el rascar, comedia en un acto y en verso (1856; 3.ª ed. en 1886).
  • El reló de San Plácido (1858).
  • El todo por el todo (1855).
  • El último mono, sainete en verso sobre un pensamiento de Alfonso Karr, con música de Cristóbal Oudrid (1859).
  • Entre bastidores, zarzuela en un acto y en verso, con música de Miguel Carreras y González (1874).
  • Flor de los cielos, balada lírico-dramática en verso, con música de Soledad de Bengoechea (1874).
  • Harry el diablo, zarzuela en dos actos y en verso, en colaboración con Miguel Pastorfido y música de Antonio Repáraz (1862).
  • La boda de Quevedo, comedia en tres actos y en verso (1854).
  • La calle de la Montera, comedia en tres actos y en verso (1859).
  • La confesión de un muerto, cuento original y en verso (1875).
  • La edad en la boca, pasillo filosófico casero, original y en verso, con música de Joaquín Gaztambide (1861).
  • La oveja descarriada (1865).
  • Las desdichas de un buen mozo, juguete en dos actos y en verso (1876).
  • Las dos hermanas, comedia en un acto y en verso (1869).
  • Las ferias de Madrid, con Juan Dot y Michans (1849).
  • Las mocedades de Enrique V.
  • Leyendas, cuentos y poesías originales de D. Narciso S. Serra (1876; 2.ª ed. corregida y aumentada en 1877).
  • Los infieles, juguete cómico, con Luis Mariano de Larra (1860).
  • Luz y sombra, balada lírico-dramática en dos actos y en verso, con música de Manuel Fernández Caballero (3.ª ed. en 1867).
  • Marica-enreda, comedia en tres actos y en verso, con Juan Dot y Michans (1849).
  • Mi mamá, traducción (1848).
  • Nadie se muere hasta que Dios quiere, con música de Cristóbal Oudrid (1860).
  • Perdonar nos manda Dios (3.ª ed. en 1870).
  • Poesías líricas (1848).
  • Sin prueba plena (1857).
  • Todos al baile, juguete cómico en tres actos, arreglado a la escena española (1869).
  • Un hombre importante, comedia en tres actos y en verso (1857).
  • Un huésped del otro mundo, comedia en un acto, original y en verso.
  • Una historia en un mesón, zarzuela en un acto y en verso, con música de Joaquín Gaztambide (1861).
  • Zampa o La esposa de mármol, obra lírico-fantástica en tres actos y en verso, acomodada la letra (de Anne-Honoré-Joseph Duveyrier, Melesville) a la música del célebre Herold por Narciso Serra y Miguel Pastorfido (1859)[1].

[1] El texto de esta entrada está extractado de mi introducción a Narciso Serra, La boda de Quevedo, Pamplona, Eunsa, 2002.

El soneto «Gracias, Señor» de Luis Álvarez Lencero

Llegados ya al Lunes de Pascua, es tiempo de cerrar este pequeño ciclo poético de Semana Santa (Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo) en el que nos han acompañado textos de Lope de Vega (el romance «Al levantarle en la Cruz» y el soneto «¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado…»), de Rafael Sánchez Mazas (el soneto «Cristo») y de Antonio Murciano («Acción de gracias», soneto también). Copiaré hoy otro soneto, el titulado «Gracias, Señor» del escultor, pintor y poeta Luis Álvarez Lencero (Badajoz, 1923-Mérida, 1983), perteneciente a su libro Poemas para hablar con Dios, prólogo de Alejandro García Galán, Madrid, Artes Gráficas Ibarra, 1982, donde se localiza en la página 20. Se trata, como el soneto de Murciano, de un texto que expresa la gratitud del yo lírico (nótese la anáfora paralelística de «Gracias por…» en los vv. 1, 3, 5, 12 y 13) a ese «Dios amigo» (v. 14) al que se dirige.

GraciasSeñor

El texto del poema es como sigue:

Gracias por esta vida que me has dado,
y, también, porque un día seré muerte.
Gracias por esta gracia de comerte
convertido tu cuerpo en pan sagrado.

Gracias, Señor, por todo lo creado,
por mi cruz y mis penas, de tal suerte
que no sería digno de quererte
si no estuviera en Ti crucificado.

Bendito sea el dolor de cada día.
Los clavos que me unen al madero
me tengan a tus pies siempre contigo.

Gracias por el regazo de María.
Gracias por tanto amor y porque muero
besándote las llagas, Dios amigo[1].


[1] Recogido en Cuando rezar resulta emocionante. Poesías para orar, 2.ª ed., refundida y ampliada, selección, presentación y notas de Manuel Casado Velarde, Madrid, Ediciones Cristiandad, 2017, p. 24, por donde cito.

El romance «Al levantarle en la Cruz» de Lope de Vega

Tres jueves hay en el año
que relucen más que el sol:
Jueves Santo, Corpus Christi
y el día de la Ascensión
(popular)

Ya en años anteriores hemos dado entrada en este blog a poemas de Lope de Vega dedicados a la Pasión y Muerte de Cristo. Así, por ejemplo, los titulados «A Cristo en la Cruz» (romance), «A la despedida de Cristo nuestro bien de su Madre Santísima», «A la muerte de Cristo Nuestro Señor» o «Al entierro de Cristo», además del soneto que comienza «Muere la vida y vivo yo sin vida…», otro «A Cristo en la Cruz» («¡Oh vida de mi vida, Cristo santo!…») o el célebre «Pastor que con tus silbos amorosos…». Vaya para este Jueves Santo otro de los romances de Lope de Vega dedicado a la Pasión de Cristo, perteneciente a sus Rimas sacras. Tres notas destacan, a mi juicio, en esta composición, formada por 21 cuartetas de romance: por un lado, su construcción como apóstrofe al alma, cuyo esposo es Cristo (se usa este término como vocativo en los vv. 2, 17, 41 y 78), a lo que se suma el empleo de imperativos —o expresiones similares— a ella dirigidos (pasemos a visitarle, llegad y miradle, bien será que estéis despierta, poned el corazón, lleguemos ahora, poned los ojos, estad a su muerte atenta, decidle). En segundo lugar, el romance insiste en el extraordinario sufrimiento físico padecido por Cristo en la cruz (dolor de los clavos al penetrar en sus manos y pies, coyunturas desencajadas, desgarros de la carne, etc.). En último término, el poema incide también en expresar el dolor de María al contemplar la Pasión de su hijo.

Peter_Paul_Rubens_-_De_kruisoprichting

Este es el texto del romance:

Vuestro esposo está en la cama,
alma, siendo vos la enferma;
pasemos a visitarle,
que dulcemente se queja.
En la cruz está Jesús
adonde dormir espera
el postrer sueño por vos;
bien será que estéis despierta.
Llegad y miradle echado,
enjugadle la cabeza,
que el rocío desta noche
le ha dado sangre por perlas[1].
Mas ¿cómo podría dormir?,
que ya la mano siniestra
la clava un fiero verdugo;
nervios y ternillas[2] suenan.
Poned, alma, el corazón
si llegar a Cristo os dejan,
entre la cruz y la mano
porque os le claven[3] con ella.
Mas, ¡ay, Dios, que ya le tiran
de la mano, que no llega
al barreno que, en la cruz,
hicieron las suyas fieras[4]!
Con una soga doblada
atan la mano derecha
del que a desatar venía
tantos esclavos con ella[5].
De su delicado brazo
tiran todos con tal fuerza,
que todas las coyunturas
le desencajan y quiebran.
Alma, lleguemos ahora
en coyuntura tan buena[6],
que no la hallaréis mejor,
aunque está Cristo sin ellas.
Ya clavan la diestra mano,
haciendo tal resistencia
el hierro, entrando el martillo,
que parece que le pesa.
Los pies divinos traspasan
y cuando el verdugo yerra
de dar en el clavo el golpe,
en la santa carne acierta.
Hasta los pies y las manos
de Jesús los clavos entran,
pero a la Virgen María
las entrañas le atraviesan.
No dan golpes los martillos
que en las entrañas no sean
de quien fue la carne y sangre
que vierten y que atormentan.
A Cristo en la cruz enclavan
con puntas de hierro fieras,
y a María crucifican
la alma con clavos de penas.
Al levantar con mil gritos
la soberana bandera
con el Cordero por armas[7],
la imagen de su inocencia,
cayó la viga[8] en el hoyo
y antes de tocar la tierra
desgarrándose las manos[9]
dio en el pecho la cabeza.
Salió de golpe la sangre
dando color a las piedras,
que pues no la tiene el hombre
bien es que tengan vergüenza[10].
Abriéronse muchas llagas
que del aire estaban secas[11]
y el inocente Jesús
de dolor los ojos cierra.
Pusiéronle a los dos lados
dos ladrones por afrenta,
que a tanto llega su envidia
que quieren que lo parezca.
Poned los ojos en Cristo,
alma, este tiempo que os queda,
y con la Virgen María
estad a su muerte atenta.
Decidle: «Dulce Jesús,
vuestra Cruz mi gloria sea.
¡Ánimo a morir, Señor,
para darme gloria eterna!»[12].


[1] el rocío desta noche / le ha dado sangre por perlas: la imagen de las perlas para las gotas de rocío es usual en la poesía áurea; recordemos que Cristo sudó sangre en el Huerto de los Olivos.

[2] ternillas: cartílagos.

[3] os le claven: caso de leísmo.

[4] Las manos fieras de los verdugos tiran de la mano de Cristo para hacer que esta llegue hasta el barreno (agujero hecho con la barrena, instrumento para taladrar) y asirlo a la cruz.

[5] a desatar venía / tantos esclavos con ella: Cristo vino a liberar a todo el género humano de la esclavitud del pecado.

[6] En este pasaje se juega con los dos significados de coyuntura: articulación de un hueso con otro y ocasión.

[7] Cristo alzado en la cruz es como una soberana bandera que lleva representado como escudo de armas un Cordero (Cristo=Cordero de Dios).

[8] la viga: el palo vertical de la cruz.

[9] desgarrándose las manos: aunque más probablemente Jesús habría sido clavado por las muñecas; en efecto, de haber sido clavado por las palmas, el peso las habría desgarrado.

[10] Salió de golpe la sangre … bien es que tengan vergüenza: las piedras se han teñido de rojo con la sangre derramada y es como si se avergonzaran de la acción cometida con Cristo (con esta señal de vergüenza muestran ser más sensibles que los hombres).

[11] Abriéronse muchas llagas / que del aire estaban secas: se refiere a las heridas de los azotes previamente recibidos en el pretorio.

[12] Incluido en Antología de la poesía sacra española, selección y prólogo de Ángel Valbuena Prat, Madrid, Editorial Apolo, 1940, pp. 240-242, por donde cito con algunos ligeros retoques. También en Lope de Vega, Obras poéticas, ed. de José Manuel Blecua, Barcelona, Planeta, 1983, pp. 406-408.