«En tiempo fechado» de Jorge Guillén: el deseo de Dios y la presencia de la muerte (1)

Jorge GuillénEstudio de forma conjunta estos dos temas por una razón muy sencilla: la presencia de la Divinidad, de algo que trasciende la vida de este mundo, está presentida o deseada en varios poemas de la primera sección, como ahora señalaré; en estos casos, esas referencias no van unidas a la idea de la muerte. Ahora bien, al final de la tercera sección —que es prácticamente el final del libro, si excluimos la breve quinta parte— se concentran, seguidos, varios poemas en los que reaparece de forma insistente ese anhelo de Divinidad, y aquí ya sí se une claramente la conciencia de una muerte muy próxima, de un final ya cercano (el orden de colocación de estos poemas me parece bien significativo). Esta es la razón por la que estudio estos dos temas distintos bajo un único epígrafe.

Comenzaré señalando los poemas de la primera sección que hacen referencia a Dios: en «La primera frase», el primer poema de «En tiempo fechado», se habla de «el protagonista divino» como «Alguien no material», que es quien pronuncia las palabras que son origen primero de la creación desde la nada: «Fiat lux». En el poema sexto, «La tierra y el hombre», observamos de nuevo el poder revelador de lo creado, de la naturaleza: el contacto con esa tierra «Sometida a labores» diariamente constituye para quien la trabaja «visión del Ser que Es»:

«Geórgica primera.» Se requiere
Gran poeta, maestro verdadero
Para «cantar» ahondando con precisa
Mirada, con saber muy competente
De labrador contemplativo, tierra
Sometida a labores: gran esfuerzo
Que a esta altura es fervor, palabra intensa.
Este contacto con la vida misma,
Con esa realidad tan inmediata
Y siempre trabajada constituye
Visión, visión del Ser que Es, fecundo
Sin retorno a bucólica. Virgilio,
Poeta extraordinario, nos lo advierte.

Es idea que expresa Aranguren con estas palabras: «La Creación se revela, más aún, es Reveladora y Revelación. Jorge Guillén es, a la vez, abierto y resueltamente limitado. Por eso escribe: La Creación se revela de tal modo que puede postular una vía posible hacia un Creador»[1]. Este poema guarda una indudable relación con el titulado «Amor de Santa Teresa», en el que se insiste en la cercanía de Dios, que se halla entre los objetos más humildes y sencillos:

La tierra y los humanos son un medio
Que merece atención. También es vía,
Siempre hacia Dios, distante nunca, próximo,
Visible —de los éxtasis y arrobos.

El poema «Desconcierto» es significativo por negar una idea radicalmente pesimista del filósofo Kierkegaard que figura citada al principio del mismo: «Cristo… solamente se sacrifica para que aquellos a quienes ama lleguen a ser tan desdichados como él mismo». Dice el poeta que esta idea sonará como un abuso frente al Creador, al tiempo que critica «Esa fe tan sonora de energúmeno».

Ya en la tercera sección, el tema de Dios empieza a aparecer en el poema «Esperando a Godot», en el que, partiendo del título de la conocida pieza teatral de Samuel Beckett, se juega con una posible separación silábica: el personaje esperado puede ser God (Dios en inglés); y aunque ese God no llegue y el hombre, «esa criatura desvalida», no consiga «dotar de coherencia al mundo», al final, como siempre en Guillén, aparece la esperanza: «Esperemos de veras. ¿Hay vida? Ya esperanza».

Y si en el poema titulado «Cavilaciones» el yo lírico se muestra dubitativo acerca de la existencia de la divinidad: «¿Dios? Ojalá, quién sabe», en cambio en «Cuando contemplo el cielo», que entronca con una de las mejores poesías de fray Luis, la oda «A Salinas», la respuesta no deja lugar a ninguna duda: al observar la armonía de «un hermoso cielo», «De este gran universo en que yo aliento», el poeta dirá: «¿Cómo no desear ordenador Espíritu?», «¿Cómo no desear una Supremacía?». En el poema «Buscar nido», aunque no se alude expressis verbis a la divinidad, podemos pensar que se refiere a ella cuando dice: «En el oscuro futuro, / Y sin el menor conjuro, / Mi esperanza busca nido».

Gómez Yebra ha dedicado un artículo a este tema: «Dios al ‘Final’ de Jorge Guillén», del que copio estas palabras como conclusión:

No hay respuesta definitiva, es cierto, pero queda patente la continuada presencia de Dios, el Dios del cristianismo, a lo largo de la obra guilleniana y, más en concreto, a través de Final. Su autodefinición como agnóstico queda, por ende, ampliamente demostrada, y [también] sus ansias febriles de Dios y un más allá[2].

Pasemos ahora al tema de la muerte. Pese al vitalismo que caracteriza toda la poesía de Guillén, el tema de la muerte está ya claramente presente desde su primer libro, Cántico, por ejemplo en los poemas titulados «Muerte a lo lejos»[3] y «Una sola vez»[4]. Aquí, en esta cuarta parte de Final, que se titula significativamente «En tiempo fechado», el poeta es ya consciente de la muerte cercana. Bien claros son estos versos de «Vanidad y pompa»: «Quiero vivir en paz conmigo mismo. / Acercarme a la muerte ya sereno, / Libre, por fin, de pompa y vanidad»[5].


[1] José Luis Aranguren, «La poesía de Jorge Guillén ante la actual crisis de los valores», en Biruté Ciplijauskaité (ed.), Jorge Guillén, Madrid, Taurus, 1975, p. 264.

[2] Antonio Gómez Yebra, «Dios al ‘Final’ de Jorge Guillén», Ínsula, núms. 435-436, 1983, p. 11.

[3] «Alguna vez me angustia una certeza / Y ante mí se estremece mi futuro. […] / … Y un día entre los días el más triste / Será. Tenderse deberá la mano / Sin afán. Y acatando el inminente // Poder diré sin lágrimas: embiste, / Justa fatalidad. El muro cano / Va a imponerme su ley, no su accidente» (pertenece a la tercera sección de la tercera parte, «El pájaro en la mano»).

[4] En este escribe: «Muerte: para ti no vivo» (pertenece a la quinta sección de «El pájaro en la mano»).

[5] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La cuarta parte de “Final”, de Jorge Guillén: “En tiempo fechado”. Ordenación temática»Rilce. Revista de Filología Hispánica, 13.1, 1997, pp. 74-101.

Sobre la creación poética: Jorge Guillén y Gabriel Miró

Gabriel MiróVoy a detenerme un instante en el poema titulado «Gabriel Miró», porque es quizá el más importante de cuantos tratan el tema de la creación poética. Comienza afirmando que el poeta persigue la esencia de las cosas: «Poesía, lenguaje. ¿No se aúnan?[1] / El poeta persigue lo absoluto, / Lo absoluto del ser». Gabriel Miró, que es para Guillén poeta en prosa, «Siente que se le tienden sus palabras, / Activas cazadoras, / Hacia esas realidades, que ya intuye, / No ilusión de la mente». La palabra es instrumento especialmente válido para aprehender la realidad del mundo, de los seres: «Su lenguaje es poder y el mundo existe». Y añade: «Las palabras renacen con frescura / De Génesis, / Contentas de surgir en manantial». Estos tres versos parecen recordar cómo Dios otorgó al primer hombre la posibilidad de dar nombre a las cosas recién creadas, con lo que le dio también el poder de dominarlas. De algún modo, las cosas pasan a «estar bajo control» al tener un nombre asignado y, por supuesto, al ser nombradas; en efecto, en el poema «Con Lao-Zi» podemos leer: «“Los nombres son principio de las cosas.”».

Las ideas expuestas en este poema se completan con las indicadas en uno de los estudios de Lenguaje y poesía: «Lenguaje suficiente: Gabriel Miró» (pp. 143-179). Voy a entresacar las principales afirmaciones relativas a la expresión poética: «La poesía es la culminación de la existencia: vida profunda tiene que llegar a ser vida expresada»; «el hombre llega a ser hombre merced a la expresión»; la expresión es conquista espiritual más creación estética. Es decir, para Miró —según explica Guillén— la experiencia debe ser expresada para llegar a ser una experiencia plena; de esta forma, la experiencia, a través del filtro de la memoria, se convierte en creación o en re-creación. Guillén señala también que la literatura de Miró es «un contorno de sonido tierno paladeado»; y se refiere a continuación a sus características, haciendo especial hincapié en la profunda captación sensorial y en el recuerdo a través de la sensación: «Porque hay episodios y zonas de nuestra vida —dirá Miró— que no se ven del todo hasta que los revivimos y contemplamos por el recuerdo; el recuerdo les aplica la plenitud de la conciencia». Estas últimas ideas no están desarrolladas en el poema sino levemente sugeridas:

¿Hay juego? Mucho más.
Todo parte de espíritu, acechante,
De un alma conmovida,
Que desde su interior descubre mundo.
Sensación agudísima se incrusta,
Lo sólido remueve
Sin jamás diluirse hacia algún caos[2].


[1] Lenguaje y poesía es precisamente el título de un libro de crítica literaria de Guillén.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La cuarta parte de “Final”, de Jorge Guillén: “En tiempo fechado”. Ordenación temática»Rilce. Revista de Filología Hispánica, 13.1, 1997, pp. 74-101.

«En tiempo fechado» de Jorge Guillén: la creación poética

Sello dedicado a Jorge GuillénEn las secciones primera y tercera de esta cuarta parte de Final son bastantes los poemas que se refieren de una u otra forma a distintos aspectos relacionados con el quehacer creador (fundamentalmente el literario, pero no de forma exclusiva, pues hay también alusiones a la música o a la pintura). Sin embargo, ninguno de ellos está tratado de forma exhaustiva, como ocurría en la segunda parte, en la que, a lo largo de las secciones tituladas «La expresión» y «Vida de la expresión», Guillén estudiaba sistemáticamente, con detenimiento, todo lo relacionado con el poeta, el poema, el material poético, la palabra poética y la relación con el lector. En la cuarta parte hay, sí, algunos poemas dedicados por entero —o que aluden en algunos de sus versos— a la inspiración y al poder de la imaginación («Dánae», «Viaje al gran pasado», «Alfonso Canales», «Inspiraciones»); un poema dedicado a los críticos que simplifican el entendimiento de su obra («Enemigo»); otro sobre el grupo poético del 27 («Testimonio»); un ataque a uno de sus miembros, Cernuda («Una elegancia»); alusiones a la obra bien cumplida y la consideración del escritor como cazador («Miguel Delibes»); el comentario de la poética de un autor concreto («Vicente Aleixandre»); la actitud del poeta ante la Historia, o sea, el compromiso («Vanidad y pompa»); el deseo de conocer todo frente a la necesidad de dar fin a su obra poética («Con límite, sin límite»), etc. Pero, repito, todo esto ocurre en poemas sueltos, sin llegar a formar un bloque homogéneo.

Algo más importantes —por su concisión y claridad— resultan a mi modo de ver los versos que Guillén coloca como lema al principio de las secciones primera y tercera: «Si bien lo dices, / Si es justa la expresión, nos pacifica. / Justa correspondencia: / Realidad y palabra». Con estos versos que encabezan «En tiempo fechado» el poeta nos indica la relación existente entre realidad y palabra; la importancia de la palabra en justa correspondencia con los referentes reales, con las cosas existentes; pero la palabra debe ser la justa, la adecuada. Por otra parte, expresión será un concepto importante en la poética guilleniana: no en vano tituló «Expresión» y «Vida de la expresión» los dos apartados de la segunda sección en que estudia las cuestiones metapoéticas. Veamos también los versos colocados al principio de la tercera sección:

Inspiración. Poema. Ordenación. Conjunto
Que aspira a ser un libro.
Autor con su lector. El acto de lectura.
—Si tú vibras, yo vibro.
Obra completa se concluye ahora.

Además del aviso del fin de Aire Nuestro, encontramos enunciados dos aspectos importantes: la producción poética de Guillén como conjunto, como un todo unitario, y la relación enriquecedora con el lector a través del acto de lectura. Con todo esto enlaza el último poema de esta cuarta parte, «En último término», que vuelve a tratar los dos mismos aspectos, obra total y comunicación con el lector:

Mi labor, mi ambición son en resumen:
Identidad personal en conjunto
Coherente de obra: poesía.
Un honesto servicio de cultura.
Al sensible lector ardua sentencia[1].


[1] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La cuarta parte de “Final”, de Jorge Guillén: “En tiempo fechado”. Ordenación temática»Rilce. Revista de Filología Hispánica, 13.1, 1997, pp. 74-101.

«En tiempo fechado» de Jorge Guillén: la naturaleza y la contemplación trascendente del mundo

Jorge GuillénSabemos que para Guillén la plenitud consiste en ser y que la culminación del ser radica en estar en el mundo contemplando gozosamente la naturaleza, extasiándose ante ella o, por mejor decir, en ella, insertos en ella. Pues bien, el primero de los poemas de «En tiempo fechado», la cuarta parte de Final, el titulado «La primera frase», nos introduce ya en el tema de la naturaleza, puesto que trata de la Creación del mundo (Guillén hablará siempre de la Creación con mayúscula, y de la naturaleza casi siempre con el vocablo Natura). Para el poeta, el universo será «Creación en creación». En cierto modo, este poema se conecta con las palabras del lema, pues también hace referencia al poder creador de la palabra, si bien en este caso se trata de la palabra divina; solo Dios puede crear ex nihilo; pero el hombre, casi como Dios, puede crear con la palabra casi de la nada. Debe también relacionarse este poema con el primero de «Vida de la expresión», que dice: «“Fiat lux”. Dios es Dios de Creación. / Sin un lógico arrastre precedente, / Algo nuevo prorrumpe sin razón, / Porque sí, de repente».

En Guillén no es muy frecuente que la naturaleza aparezca captada pictóricamente. Una excepción podría ser el poema de «Otras variaciones» titulado «Wai-Lim-Yip» en el que aparece el paisaje castellano (una tarde, el sol y el horizonte de la meseta, unas casas, un campanario, unos pinos…). Lo que sí encontraremos serán varios ejemplos en los que se nos presenta la naturaleza como sinónimo de armonía y perfección. Así, en «Mirar Bien»: «Mirad bien, mirad bien / Con fe —o sólo amor. Natura siempre.» En el poema «Gaviotas en grupos», de la tercera sección, se habla del «Orden perfecto de Natura, madre de todos». En «Dánae»: «Lo humano y lo divino. / ¿Qué prevalecerá? / Natura es quien se ensancha en su armonía. / Territorio supremo de la Imaginación, motor y fábula / (Sólo materia, no.)». Y en el último poema de la primera sección, «Primavera sin rito», leemos:

Triunfe la primavera
Con poder en seguida irrefutable,

Tan universalmente convincente
Que te rindes a la soberanía

De natura en su punto más armónico.

Muy significativo resulta también el título «Naturaleza siempre viva» («Naturaleza viva» era el título de uno de los primeros poemas de Cántico), en el que se menciona un bodegón. Como es sabido, en pintura reciben el nombre de naturaleza muerta aquellas composiciones en las que se representan piezas de caza, o bien, comestibles y otros objetos inanimados. Sin embargo, Guillén se resiste a considerar los objetos del mundo como seres sin vida; una mirada profunda puede descubrir en ellos la realidad esencial, interior, de las cosas:

Los objetos-objetos
Descansan, reductibles
A su materia inerte
De modo radical,
Tan intenso, tan puro
Que la materia alcanza
Plenitud de sentido,
Como si revelase
Ya la noción del Ser
Ante quien ve y admira.

De pronto ingenuamente aristotélico.

La materia, por medio de una contemplación atenta, alcanza características esenciales. Recordemos que ya en el poema tercero, «Dánae», protestaba: «Sólo materia, no». Pero para alcanzar ese conocimiento esencial de las cosas es preciso «Mirar bien», que es justamente el título de otro poema, en el que leemos que se necesita una tranquila «Contemplación, origen de mil observaciones», para adentrarse en la materia: «Y como sumergiéndose en materia / Se la trasciende mucho más allá». En la misma idea insiste el poema «La materia», con una cita significativa de Murilo Mendes a modo de lema: «A materia e forte e absoluta. / Sem ela nâo ha poesía». Copio entero el breve poema porque sus palabras son bien claras:

Poesía, espiritual conato.
Por entre las palabras y el espíritu
Intuiciones, visiones, sentimientos,
Jamás pura abstracción. Se apoya siempre
Sobre eso que está ahí, total materia,
Compacta de elementos muy concretos
Que nos salvan: rehúsan el vacío.

Afirma Amado Alonso:

Si tuviéramos que formular la ecuación de lo que es la poesía de Jorge Guillén, no vacilaríamos en reducirla a estos tres sustanciales factores: 1.º Un dispararse apasionado hacia el enigma —misterio congruente— que las cosas le plantean. (Ninguna indiferencia para los extramuros del arte: las cosas le apasionan ya en la víspera del arte; en su mediodía le embelesarán); 2.º Un tesonero y concentrado mirar que va transiendo y esfumando la costra perecedera del objeto para llegar a la contemplación de su eterna esencia; 3.º La alegría del triunfo»[1].

E inmediatamente después añade que «en última instancia, el segundo factor es el propiamente nuclear». Pues bien, todos los poemas que he citado nos revelan una de las características principales de la poesía guilleniana, la nuclear según Alonso: el «apetito de interpretación esencial» para captar la eternidad del Instante y recuperar así, de algún modo, el paraíso perdido[2] por medio de la contemplación gozosa y trascendente de esos momentos de perfección que nos ofrece este mundo «bien hecho». En palabras de Alonso, lo que Guillén desea es «salvar lo perdurable y esencial del seguro naufragio que es el azaroso existir temporal»[3].


[1] Amado Alonso, «Jorge Guillén, poeta esencial», en Biruté Ciplijauskaité (ed.), Jorge Guillén, Madrid, Taurus, 1975, p. 117.

[2] Uno de los poemas de la primera sección, el titulado «Pueril Paraíso», se inicia con la mención del Paraíso perdido de Milton. En Guillén, el Jardín será uno de los símbolos favoritos para indicar la perfección del mundo.

[3] Alonso, «Jorge Guillén, poeta esencial», p. 119. Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La cuarta parte de “Final”, de Jorge Guillén: “En tiempo fechado”. Ordenación temática»Rilce. Revista de Filología Hispánica, 13.1, 1997, pp. 74-101.

«En tiempo fechado», cuarta parte de «Final» de Jorge Guillén

Paso ya al análisis de la cuarta parte de Final, que citaré por la edición de Antonio Piedra (Madrid, Castalia, 1987). «En tiempo fechado» se relaciona simétricamente, como he dicho, con la segunda parte, «En la vida» (y enlaza en algunos aspectos con «Tiempo de historia», de Clamor, como señala F. del Pino). Ahora bien, ¿qué quiere indicar el autor con ese sintagma preposicional «En tiempo fechado»? Se trata de un complemento circunstancial de tiempo indicador de que el autor sigue inmerso «En la vida», pero consciente ya de que está viviendo en un tiempo fechado, de que se acerca su propio final; de ahí quizá el que se acentúe el carácter ético y aparezcan los temas de la divinidad y la conciencia de la propia muerte en esta cuarta parte.

Aire Nuestro, de Jorge Guillén

«En tiempo fechado» consta de tres secciones, la primera sin título, la segunda titulada «Otras variaciones» y la tercera de nuevo sin título. Voy a considerar brevemente el contenido general de cada una de ellas por separado, para pasar después a la ordenación temática del conjunto de los poemas. Este sistema ofrece la ventaja de mostrar con bastante claridad las preocupaciones temáticas de Guillén para poder contrastarlas con los temas en el resto del libro y en el conjunto de Aire Nuestro. Por el contrario, presenta el inconveniente de que, al hacerlo así, algunos poemas concretos se escapan de la clasificación al no poder incluirse, sin forzar las cosas, en los distintos casilleros pre-establecidos —por ejemplo, todos los poemas que son homenajes— (también se dan casos en que un mismo poema podrá ser estudiado en dos o más apartados).

La primera sección, como indicaba, no tiene título. Viene encabezada en cambio por unos versos que, a modo de lema, se refieren al quehacer poético. Siguen después cuarenta y un poemas, todos con su propio título, y muchos de ellos con una dedicatoria y con citas intertextuales (práctica común en Guillén). En ellos el autor hace gala de sus amplios conocimientos y de sus numerosas lecturas; así, irá citando —o bien estarán implícitos— distintos autores, obras y corrientes literarias: el Génesis, Antonio Machado, el Libro de Job, fray Luis de León, la mitología griega, la filosofía taoísta de Lao-Zi, las Geórgicas de Virgilio, fray Luis de León de nuevo, Lucano, las Guerras civiles de César, Sem Tob de Toledo, la Divina comedia de Dante, Petrarca, la poesía amorosa árabe, con el Diván de Hafiz, el Quijote, el Abencerraje, fray Luis de Granada, santa Teresa de Jesús, Aristóteles, El burlador de Sevilla de Tirso, el Paraíso perdido de Milton, Rousseau, La cartuja de Parma de Stendhal, el Don Álvaro del duque de Rivas, Gautier, Kierkegaard, los evangelios de Mateo y Juan, Bouvard et Pecuchet de Flaubert, Bécquer, Rubén Darío, Erasmo, Virginia Woolf, Concepció Casanova, Gabriel Miró, Antonio Machado otra vez, Gerardo Diego, Cernuda, Enrique Badosa, Murilo Mendes y Alejo Carpentier. Y tal vez se me escape algún nombre[1]. En esta primera sección se irán perfilando ya todos los temas importantes de «En tiempo fechado»: la naturaleza, Dios, la creación poética, la preocupación ética, el amor, la identidad personal

La segunda sección tiene el título de «Otras variaciones». Como otras veces, acude Guillén a un término musical a la hora de titular. Los doce poemas que componen esta sección son precisamente eso, variaciones, esto es, versiones, adaptaciones o traducciones libres de textos de otros autores. Y se llaman otras variaciones porque en Y otros poemas había dado ya el título de «Variaciones» a la primera sección de «Despedidas». Esta parte es la menos interesante, para el trabajo que esbozo, porque los temas aquí tratados vienen, por así decir, predeterminados —si bien es cierto que en la mera elección de los mismos el poeta ya ha mostrado sus preferencias.

En la tercera sección, sin título, reaparecen los mismos temas que en la primera, pero en distinta proporción: los temas del amor, la identidad personal y la naturaleza se reducen bastante, se mantiene el de la preocupación ética, aumenta el de la creación poética y, en fin, al tema de Dios se añade como novedad la idea de la muerte.

Paso ya, por tanto, al comentario de los temas que he ido apuntando, y lo haré siguiendo este esquema de ordenación en seis apartados: 1) la naturaleza y la contemplación trascendente del mundo; 2) la creación poética; 3) el deseo de Dios y la presencia de la muerte; 4) la preocupación ética (personal y social); 5) la identidad personal; y 6) el amor[2].


[1] Ver Antonio Gómez Yebra, «Los nombres propios en Final de Jorge Guillén», Analecta Malacitana, VII, 2, 1984, pp. 249-265.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La cuarta parte de “Final”, de Jorge Guillén: “En tiempo fechado”. Ordenación temática»Rilce. Revista de Filología Hispánica, 13.1, 1997, pp. 74-101.

«Final», de Jorge Guillén

Gerardo DiegoLa obra poética de Jorge Guillén se fue construyendo a lo largo de los años con una firme voluntad arquitectónica: Cántico, Clamor, Homenaje, Y otros poemas y, por último, Final son los cinco libros que componen un conjunto unitario, Aire Nuestro. La voluntad ordenadora se extiende a cada una de estas obras, cuyos poemas se agrupan en partes, secciones y subsecciones que se responden o contraponen entre sí; con ello consigue Guillén un equilibrio, una sensación de armonía para la totalidad de su producción. Veremos qué es lo que ocurre en Final; para ello, no estará de más recordar esquemáticamente las partes y secciones de que se compone:

1) Dentro del mundo

2) En la vida

     I. [Sin título]

     II. La expresión

     III. [Sin título]

3) Dramatis personae

     I. Esa confusión

     II. Fuerza bruta

     III. Epigramas

     IV. Tiempo de espera

     V. Galería

4) En tiempo fechado

     I. [Sin título]

     II. Otras variaciones

     III. [Sin título]

5) Fuera del mundo

Como vemos por los títulos, el equilibrio entre las partes es perfecto: «Dentro del mundo» (1.ª) guarda relación con «Fuera del mundo» (5.ª); «En la vida» (2.ª) se corresponde con «En tiempo fechado» (4.ª); en medio queda «Dramatis personae» (3.ª), a modo de eje que articula el conjunto del libro[1]. En cuanto a la forma métrica, de la que no me voy a ocupar, bastará con recordar que en este libro «ni siquiera faltan las clásicas décimas para que Final sea del más puro Guillén»[2].


[1] Para esta estructura interna, ver Antonio Gómez Yebra, «Final de Jorge Guillén. Estructura interna», Hora de Poesía, 38, 1985, pp. 27-31; y Francisco J. Díaz de Castro, «Estructura y sentido de Final de Jorge Guillén», Cahiers d’Études Romanes (Université de Provence), 10, 1985, pp. 139-177. Ver también José Manuel Blecua, «Sobre Final», Boletín de la Real Academia Española, XLIV, 1984, pp. 35-43.

[2] Antonio Romero Márquez, «El Final de Cántico (Un cántico sin final)», Cuenta y Razón, 9, enero-febrero 1983, p. 83; para un estudio completo al respecto, ver también Antonio Gómez Yebra, Estudio métrico de «Final» de Jorge Guillén, Málaga, El autor, 1988. Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La cuarta parte de “Final”, de Jorge Guillén: “En tiempo fechado”. Ordenación temática»Rilce. Revista de Filología Hispánica, 13.1, 1997, pp. 74-101.