El soneto «A la rosa» de Antonio de Solís

Este texto, que se presenta con el subtítulo de «Moralidad burlesca», nos ofrece una versión paródica del tópico de la brevedad de la rosa. En efecto, cuando un tema literario se ha gastado, por su excesiva reiteración, una de las formas de renovarlo, de lograr cierta originalidad, consiste precisamente en buscar su revés burlesco, que es lo que hace aquí Solís: dejando de lado el juego de palabras del primer cuarteto basado en la dilogía de botones (los ʽcapullos de las rosasʼ, las ʽflores todavía cerradasʼ y ʽlas piezas pequeñas para abrochar los vestidosʼ), que se actualiza a su vez por la derivación hojas / ojales, las connotaciones humorísticas se concentran en los dos tercetos, en los que se expresan los distintos (y siempre negativos) posibles destinos de la rosa; culminado todo ello, a modo de epifonema jocoso, con el decimocuarto verso: «Si esto es ser rosa, ¡el diablo que sea rosa!».

Monos oliendo una rosa

Viene abril y ¿qué hace? En dos razones
viste a un rosal de hojas, que ha tejido,
y luego toma y dice: «Este vestido
tiene ojales; pues démosle botones».

Dáselos, y los rompen a empujones
las hormillas, que el tiempo ha colorido,
ascuas hoy que la púrpura ha encendido
de los que eran ayer verdes carbones.

Nace la rosa, pues, y apenas deja
el botón, cuando un lodo la salpica,
un viento la sacude, otro la acosa,

ájala un lindo, huélela una vieja,
y al fin viene a parar en la botica.
Si esto es ser rosa, ¡el diablo que sea rosa![1].


[1] Cito por Varias poesías sagradas y profanas que dejó escritas (aunque no juntas ni retocadas) don Antonio de Solís y Ribadeneyra…, recogidas y dadas a luz por don Juan de Goyeneche…, en Madrid, por Manuel Fernández, 1732, p. 61.

Otros entremesistas del Siglo de Oro (y 2)

En fin, todavía podemos ampliar la nómina de cultivadores barrocos del entremés con los siguientes autores:

Francisco Antonio de Monteser (1620-1668): Los locos, La tía, El maulero, La hidalga, El capitán Gorreta, Las perdices.

Francisco de Avellaneda (1622-1675?): El hidalgo de la Membrilla, La visita del mundo, Lo que es Madrid, Noches de invierno; se le ha atribuido también Los rábanos y la fiesta de toros.

Manuel de León Merchante (1626-1680): La estafeta, Los pajes golosos, Los espejos, La sombra y el sacristán, El gato y la montera, Los motes, El abad del Campillo

Vicente Suárez de Deza (h. 1600-h. 1667) reunió buena parte de sus entremeses en la Parte primera de los Donaires de Tersícore (1663): El malcasado, El poeta y los matachines, El alcalde hablando al rey…, piezas que siguen la huella de Benavente y Quevedo.

Máscaras de teatro

—De Francisco Antonio de Bances Candamo (1662-1704) destacan títulos como El astrólogo tunante (tema con precedentes en Cervantes y Calderón), Las visiones (inspirado en El dragoncillo de Calderón) o La audiencia de los tres alcaldes. Cabe añadir que en su Teatro de los teatros de los pasados y presentes siglos establece la teoría poética de los distintos géneros breves.

Antonio de Solís y Rivadeneira (1610-1686) agrupa en su volumen Varias poesías sagradas y profanas (1692) piezas para fiestas palaciegas; podemos destacar varios entremeses para Juan Rana como Juan Rana poeta, Los volatines o El niño caballero.

Pedro Francisco de Lanini y Sagredo (h. 1640-h. 1720) compuso entremeses de ambiente costumbrista madrileño como El día de San Blas en Madrid o La plaza de Madrid.

Alonso de Olmedo (m. 1682): Las locas caseras, El sacristán Chinchilla.

Juan Bautista Diamante (1625-1687) es autor asimismo de algunos entremeses, loas y bailes como el de Los consejos o el Baile en esdrújulos de Marizápalos.

—El portugués Manuel Coelho Rebelho recopiló sus entremeses en Musa entretenida de varios entremeses (1658), algunos escritos en castellano y otros en portugués, El pícaro hablador, El capitán mentecato, El asalto de Villavieja por don Rodrigo de Castro y castigos de un castellano.

Francisco de Castro (1675-1713) es el principal autor de entre los siglos XVII y XVIII con más de cincuenta piezas, que reunió en los tres volúmenes titulados Alegría cómica, explicada en diferentes asuntos jocosos (1702) y en Cómico festejo (1742), con títulos como El vejete enamorado, Lo que son mujeres, Los chirlos mirlos, El estudiante marqués, La burla del sombrero, La burla del figonero, Los gigantones, El cesto y el sacristán.

En fin, el género entremés se prolongará en el XVIII con autores como Antonio de Zamora (h. 1660-h. 1722), José de Cañizares (1676-1750) y Francisco Benegasi y Luján (1656-1742).