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Acerca de insulabaranaria

Soy Catedrático acreditado de Literatura española, investigador y Secretario del Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO) de la Universidad de Navarra (Pamplona), Secretario del Instituto de Estudios Auriseculares (IDEA, Madrid / Nueva York) y Secretario de la Asociación de Cervantistas. También correspondiente en España de la Academia Boliviana de la Lengua. Mis principales líneas de investigación se centran en la literatura española del Siglo de Oro: comedia burlesca, autos sacramentales de Calderón, Cervantes y las recreaciones quijotescas y cervantinas, piezas teatrales sobre la guerra de Arauco, etc. También me he interesado por la literatura virreinal (en especial la de ámbito chileno), la literatura española moderna y contemporánea (drama histórico y novela histórica del Romanticismo español, novela de la guerra civil, cuento español del siglo XX…) y la historia literaria de Navarra.

Personajes del «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha» de Francisco de Ávila: Sancho Panza

En el entremés de Francisco de Ávila[1], Sancho Panza es el escudero juicioso, pragmático, que ve la realidad tal cual es (la venta como venta), y advierte a su amo de los peligros que les amenazan. Se caracteriza por su buen apetito y sus ganas de dormir «a placer como los pícaros» (v. 198). Continuamente recuerda las fatigas, palizas y penalidades (naufragios había dicho don Quijote en el v. 56) que ha sufrido por servir a su amo, por ejemplo:

SANCHO.- Lo que podré decir es que anteanoche
me dieron, por detrás, cuatro bien dados
porque quise volver por tu persona (vv. 66-68).

Un motivo recurrente es el hambre padecida estando al servicio de don Quijote:

SANCHO.- Decidle a Dulcinea del Toboso
que estamos pereciendo de hambre entrambos;
que nos envíe algunas zarandajas,
que tenemos las tripas hechas rajas (vv. 141-144).

Luego insistirá en que «nos morimos / ambos a dos de hambre» (vv. 283-284). Por supuesto, las ganas de comer van unidas a las de sestear:

SANCHO.- Yo quiero echarme
y dormir a placer como los pícaros,
que no quiero estar hecho un estafermo,
que si no como y duermo estoy enfermo (vv. 197-200).

Con distintas quejas y lamentos verbaliza su esperanza de que no caigan sobre él males mayores:

SANCHO.- ¡Plegue a Dios que después no lo lloremos
en algún hospital, cuando tengamos
abiertas por ventura las cabezas! (vv. 73-75).

SANCHO.- ¡Plegue a Dios que con estas aventuras
no quedemos los dos después a escuras! (vv. 126-127).

SANCHO.- ¡Plegue a Dios que algún día no me vea,
por tu temeridad y tu locura,
metido en una sarta de galeotes,
rapadita la barba y los bigotes! (vv. 272-275).

No podía faltar tampoco la nota de cobardía, en una reprensión de don Quijote: «De presto te acobardas, Sancho Panza» (v. 62). Y aunque apenas usa refranes (solo uno) y no comete prevaricaciones idiomáticas, Sancho es, como en el Quijote, un escudero gracioso y hablador:

VENTERO.- Vuestro paje, señor, es muy satírico.

DON QUIJOTE.- Tiene donaire en cuanto dice y habla.

SANCHO.- Y si callo, no soy más que una tabla (vv. 292-294).

sanchopanza

Por cierto, ese endecasílabo «Tiene donaire en cuanto dice y habla» es una magnífica fórmula para caracterizar al Sancho Panza cervantino. En conjunto, los dos protagonistas, amo y escudero, sufren en el entremés una constante degradación resultado de la abrasión paródica a que se ven sometidos: para el apicarado ventero, quienes llegan a la venta «dos pícaros son desarrapados» (v. 28); la acotación los presenta indicando que «salen a lo pícaro» y «lo más ridículo que ser pudiere» (acot. tras v. 30); el ventero comenta que son «linda gente» (v. 79, en sentido figurativo y negativo), y los saluda llamándolos «bribones»:

VENTERO.- Vengan muy noramala los bribones.

SANCHO.- De presto nos han dicho lo que somos (vv. 91-92);

y, en definitiva, muy bien podrían servir como bufones para entretenimiento regio, según sugiere este diálogo:

VENTERO.- ¿Qué os parece, señora, desta gente?

MUJER.- Que el rey puede gustar de sus donaires (vv. 128-129)[2].


[1] Citaré por la edición de Carlos Mata Induráin, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha», en Ignacio Arellano (ed.), Leyendo el «Quijote». IV Centenario de la publicación de «Don Quijote de la Mancha», número monográfico de Príncipe de Viana, año LXVI, núm. 236, septiembre-diciembre 2005, pp. 935-945, con algún ligero retoque. Las citas del Quijote serán por: Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, 2 vols.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Don Quijote salta al teatro breve: el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila», en Germán Vega García-Luengos y Rafael González Cañal (eds.), Locos, figurones y quijotes en el teatro de los Siglos de Oro. Actas selectas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, Almagro 15, 16 y 17 de julio de 2005, Almagro, Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 2007, pp. 299-313. Esta entrada forma parte de los resultados de investigación del Proyecto «Identidades y alteridades. La burla como diversión y arma social en la literatura y cultura del Siglo de Oro» (FFI2017-82532-P) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España (Dirección General de Investigación Científica y Técnica, Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia).

«Navidad y Epifanía», de Carlos López Narváez

Para celebrar este 6 de enero, fiesta de la Epifanía del Señor, copio aquí el poema «Navidad y Epifanía», del literato colombiano Carlos López Narváez (Popayán, 1897-Bogotá, 1971), quien además de abogado, profesor y diplomático, fue miembro de la Academia Colombiana de la Lengua y destacó como traductor de textos de Baudelaire, Heredia, Valery, Leconte de Lisle o Barbusse, entre otros. Su composición aúna, ya desde el título, la evocación de dos momentos clave de estas fiestas, el Nacimiento de Cristo (Navidad) y su manifestación ante los magos de Oriente (Epifanía).

Adoración de los Reyes Magos

El texto del poema dice así:

Blanca de corderos,
rubia de luceros,
diáfana y tranquila noche de Belén.
Nevadas colinas,
auras peregrinas,
mecen los olivos en blando vaivén.

«Con el ala de ave
de mi barba suave
al recién nacido yo quiero abrigar.»

Y el negro monarca
de ardiente comarca
Baltasar —en ónix el bronco perfil—.

«Oh Rey sempiterno
—dirá triste y tierno—,
para ti soy trono de ébano y marfil.»

Blanca de corderos,
rubia de luceros,
sagrada y hermosa noche del Portal.

¡Hosanna en la altura!
Por la tierra oscura
difunde la Estrella su luz inmortal[1].


[1] Tomo el texto (introduciendo algún pequeño cambio en la puntuación) de Nos vino un Niño del cielo. Poesía navideña latinoamericana del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, EDIBESA, 2000, pp. 255-256.

«Los Reyes Magos», de Eduardo González Lanuza

Días atrás traía al blog el soneto «José» de Eduardo González Lanuza (Santander, España, 1900- Buenos Aires, Argentina, 1984). Y hoy, para esta mágica noche de esperanza e ilusión, he seleccionado su poema dedicado a «Los Reyes Magos»:

AdoracionMagos

Engualdrapados sus camellos
vienen siguiendo los destellos
del astro vivo del Amor;
el más zahorí de todos ellos
ya reconoce a su Señor,
y hunde en el polvo sus cabellos
Melchor.

La magia alumbra su mirada,
llega a la humilde portalada
—súbito fue el descabalgar—;
la tiara en tierra derribada,
se va ante el Niño a prosternar
con la sonrisa alucinada
Gaspar.

Ébano el rostro reluciente,
púrpura viste del Oriente;
¡qué poderoso el rebrillar
de la corona de su frente!
Incienso y mirra va a quemar
ante aquel Niño sonriente
Baltasar.

Quiebran la espada y el venablo
arrodillándose a adorar
al que ha nacido en un establo
Melchor, Gaspar y Baltasar[1].


[1] Cito (con algún ligero retoque en la puntuación) por la antología Nos vino un Niño del cielo. Poesía navideña latinoamericana del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, EDIBESA, 2000, pp. 354-355.

«Romance del establo de Belén», de Gabriela Mistral

Unos días atrás copiaba el «Romance de Nochebuena» de la chilena Gabriela Mistral (1889- 1957), Premio Nobel de Literatura en 1945, y hoy para el Año Nuevo traigo al blog su «Romance del establo de Belén», perteneciente también a su poemario Ternura. El poema, bello y alegre en su infantil sencillez, describe la tierna algarabía de los animales que quieren mimar al Niño, transformando el Portal de Belén en un «establo conmovido».

Se-armo-el-belen2

 Este es el texto del romance:

Al llegar la medianoche
y romper en llanto el Niño
las cien bestias despertaron
y el establo se hizo vivo…

y se fueron acercando,
y alargaron hasta el Niño
los cien cuellos, anhelantes
como un bosque sacudido.

Bajó un buey su aliento al rostro
y se lo exhaló sin ruido,
y sus ojos fueron tiernos
como llenos de rocío…

Una oveja lo frotaba,
contra su vellón suavísimo,
y las manos le lamían,
en cuclillas, dos cabritos…

Las paredes del establo
se cubrieron sin sentirlo
de faisanes y de ocas
y de gallos y de mirlos.

Los faisanes descendieron
y pasaban sobre el Niño
su ancha cola de colores;
y las ocas de anchos picos

arreglábanle las pajas;
y el enjambre de los mirlos
era un vuelo palpitante
sobre del recién nacido…

Y la Virgen entre el bosque
de los cuernos, sin sentido,
agitada iba y veía
sin poder tomar al Niño.

Y José sonriendo iba
acercándose en su auxilio…
¡Y era como un bosque todo
el establo conmovido![1]


[1] Tomo el texto de Nos vino un Niño del cielo. Poesía navideña latinoamericana del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, EDIBESA, 2000, pp. 216-217. Existe otra versión, con ligeras variantes, bajo el título «El establo»; ver, por ejemplo, Gabriela Mistral, Ternura, 6.ª ed., Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2004, pp. 53-54.

El soneto «José», de Eduardo González Lanuza

Eduardo González Lanuza fue un escritor argentino de origen español: nacido en Santander en 1900, emigró a la Argentina a la edad de nueve años, y fallecería en Buenos Aires en 1984. Químico industrial de profesión, cultivó la poesía (obtuvo el Premio Nacional de Poesía de Argentina), la narrativa, el teatro y la crítica literaria. Adscrito en sus inicios poéticos al movimiento ultraísta, fundó Prisma y la primera Proa, y fue colaborador también de Martín Fierro. Entre sus títulos poéticos se cuentan poemarios como Prismas (1924), Treinta y tantos poemas (1932), La degollación de los inocentes (1938), Puñado de cantares (1940), Transitable cristal (1943), Oda a la Alegría y otros poemas (1949), Retablo de Navidad y de la Pasión (1953), Suma y sigue (1960), Profesión de fe y otros poemas (1970), Aires para canciones (1977) o Hai-Kais (1977), entre otros.

En la poesía de tema navideño, no suele aparecer con mucha frecuencia la figura de San José, aunque sí tiene cierta tradición el motivo de las dudas sobre su paternidad (véase, por ejemplo, el delicioso «Villancico de los qué dirán» de Antonio Murciano). González Lanuza evoca al patriarcal carpintero —casto, austero, humilde, amoroso… y pleno de fe— en el siguiente soneto:

San José Carpintero, la Virgen María y el Niño Jesús

Alza su fuerte mano carpintera,
y al ademán torna el candor liviano
porque perdura en la callosa mano
la fragante honradez de la madera.

Patriarcal castidad de gracia austera
ilumina infantil el rostro anciano,
al ver la transparencia del arcano
que en el nocturno establo floreciera.

Ofrece ya su báculo y su ayuda
para el cuidado y el amor prolijo,
y la humildad de su caricia ruda.

Más que el soñado arcángel se lo dijo
su fe con evidente voz desnuda:
el Hijo del Espíritu es su hijo[1].


[1] Tomo el texto de Nos vino un Niño del cielo. Poesía navideña latinoamericana del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, EDIBESA, 2000, p. 349.

«Villancico del marinero», de Emilio Breda

Emilio Breda es un poeta, cuentista, historiador y ensayista nacido en Buenos Aires en 1945. Graduado de maestro normal y abogado, cuenta en su haber con una amplia obra literaria. Además, desde 1975 desarrolla con gran éxito —en Argentina y en otros países— sus talleres «Estrategias para crear lectores y cuentos», los cuales están «destinados a despertar en los niños el amor por el libro y el placer por la lectura, dentro de un clima lúdico y creador». Es autor que se ha acercado con asiduidad al tema navideño, como ponen de manifiesto los títulos de algunos de sus poemarios: De los ángeles de Buenos Aires. Villancicos porteños (1974), Los villancicos del Ángel Gabriel (1976), Los villancicos de Francisco de Asís (1978), Los villancicos porteños (1977), Villancicos y cantos para Santiago (1979) o Los villancicos de fray Grillo (1981).

Copiaré hoy su «Villancico del marinero», un breve y sencillo romance con rima aguda en y estructura dialogada, en el que el marinero anuncia su deseo de llegar a Belén «para ver al Emmanuel» (v. 12).

BarcoNavidad

—¿Adónde vas, marinero
con tu barco de papel?
¿A qué países lejanos
te lleva el viento esta vez?

—Voy a cruzar el océano
para llegar a Israel.
Hacia allí me lleva el viento
que sopla el Ángel Gabriel.

Surcaré el Mediterráneo
para llegar a Belén.
Hacia allí me lleva el viento
para ver al Emmanuel.

Esta noche es Nochebuena.
Brillan el cielo y las aguas.
Arriba están los luceros.
Abajo, luces extrañas.

(Porque anunciará la Luna
que estamos en Navidad
prendieron sus lamparitas
las estrellitas del mar.)[1]


[1] Tomo el texto de Nos vino un Niño del cielo. Poesía navideña latinoamericana del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, EDIBESA, 2000, p. 246.

El soneto «Jesús», de Rafael Ortiz González

¡Gloria a Dios en las alturas
y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad!

Vaya para este día de Navidad el soneto «Jesús» del político y poeta colombiano Rafael Ortiz González (San Andrés, 1911-Bogotá, 1990). Ortiz González fue gobernador de Santander en dos ocasiones, diplomático, jurista y periodista, fundador de algunas publicaciones periódicas. Entre sus obras poéticas se cuentan los volúmenes Imágenes del mundo, Antes de la canción, Los cantos de la angustia, Ángeles de piedra, Los himnos de la sangre, Los gritos infinitos, Los hombres, los caminos y los ríos, Triángulo infinito, La zarza de Horeb, Los rostros de la rosa (nada menos que 116 sonetos dedicados a esa flor) o Las comarcas del canto, entre otros títulos.

Su soneto «Jesús» pone de relieve, por un lado, la sencillez y humildad del Mesías (vv. 1 y 8); destaca, además, la trascendencia de la «divina hora» (v. 4), subrayada por diversos elementos de la naturaleza; y alude, en fin, a la adopción de la naturaleza humana por parte del Hijo de Dios («nace humanamente en tierra dura», v. 12) como remedio frente a la dureza y cerrazón del corazón del ser humano («para ver si una noche de dulzura / nace en el ciego corazón del hombre», vv. 13-14).

NiñoJesus

Este es el texto completo del poema:

Nace Jesús en el portal sencillo
bajo la estrella de oro de la aurora.
El pastor con su claro caramillo
anuncia al mundo la divina hora.

La fuente canta un músico estribillo
junto al establo que la noche dora.
La Virgen sueña en un divino anillo
y Dios besa la atmósfera sonora.

Nace Jesús como una flor de fiebre,
como un lirio de luz en el pesebre,
para que al hombre su humildad asombre.

Y nace humanamente en tierra dura,
para ver si una noche de dulzura
nace en el ciego corazón del hombre[1].


[1] Tomo el texto de Nos vino un Niño del cielo. Poesía navideña latinoamericana del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, EDIBESA, 2000, pp. 183-184.

«Romance de Nochebuena», de Gabriela Mistral

¡Aleluya, aleluya, ha nacido el Salvador!

Esta noche es Nochebuena: nos disponemos a celebrar el nacimiento del Niño-Dios, y el poema para hoy nos lo brinda la poeta y maestra de escuela chilena Gabriela Mistral (Vicuña, 1889-Nueva York, 1957), que sería Premio Nobel de Literatura en 1945. Su «Romance de Nochebuena» forma parte de la sección «Casi escolares» de Ternura: Canciones de niños, que en su segunda edición (Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1945) rehace y reorganiza los textos de la edición original (Madrid, Saturnino Calleja, 1924). Mistral, excelente pedagoga, conocía bien el valor didáctico de la literatura, de la poesía, y con esta sencilla composición nos ofrece un excelente ejemplo de ello. Aquí la gracia y el ritmo musical de una forma tan tradicional como el romancillo (romance de versos hexasílabos), con rima í o en los pares, le sirven para, por un lado, universalizar la buena nueva (el Niño «nació en todo el mundo», v. 3) y, al mismo tiempo, poner relieve que la gracia salvadora de Cristo Jesús alcanza a todo el género humano («¡Todos en pastores / somos convertidos!», vv. 27-28; «Jesús ha llegado / y todos dormimos / esta noche sobre / su pecho ceñidos», vv. 33-36).

Navidad

El texto completo del poema dice así:

Vamos a buscar
dónde nació el Niño:
nació en todo el mundo,
ciudades, caminos…

Tal vez caminando
lo hallemos dormido
en la era más alta
debajo del trigo…

O está en estas horas
llorando caidito
en la mancha espesa
de un montón de lirios.

A Belén nos vamos.
Jesús no ha querido
estar derramado
por campo y caminos.

Su madre es María,
pero ha consentido
que esta noche todos
le mezan al Niño.

Lo tiene Lucía,
lo mece Francisco
y mama en el pecho
de Juana, suavísimo.

Vamos a buscarlo
por estos caminos.
¡Todos en pastores
somos convertidos!

Gritando la nueva
los cerros subimos
¡y vivo parece
de gente el camino!

Jesús ha llegado
y todos dormimos
esta noche sobre
su pecho ceñidos[1].


[1] Cito por Nos vino un Niño del cielo. Poesía navideña latinoamericana del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, EDIBESA, 2000, pp. 262-263. El texto, musicalizado por Andrés Opazo, con arreglos de Luciano Valdebenito, lo interpreta el Conjunto Los Perales (forma parte de su disco Gabriela Divina). Otras versiones: Estudio Coral de Santiago y Coro UNAB Concepción.

«El Niño va a nacer», de Arquímedes Jiménez

La Virgen sueña caminos,
está a la espera…
La Virgen sabe que el Niño
está muy cerca.

Vaya para este cuarto domingo de Adviento, y víspera ya de la Nochebuena, este soneto del costarricense Arquímedes Jiménez (abogado, poeta y caricaturista) que canta la conmoción y el «hondo regocijo» (v. 3) que supone para todo el mundo la inminente llegada del Niño Dios. Además del «afán prolijo» (v. 2) de la espera, el yo lírico destaca en los tercetos la importancia de que el Niño nazca, «no en Belén en el establo oscuro» (v. 10), sino en el corazón de cada uno de nosotros.

Virgen María encinta

El Niño va a nacer. El mundo entero
cuando lo espera con afán prolijo
se conmueve, y tan hondo regocijo
domeña el potro de su instinto fiero.

Y pide que, cual vívido lucero
—en la urbe, en el barrio, en el cortijo,
en el hogar de todos—, nazca el Hijo
de la humilde Mujer del carpintero.

Él nacerá, al universal conjuro
—no en Belén en el establo oscuro—,
sino en el propio corazón humano,

ostentando otra vez con gracia ingente
una estrella de amor sobre la frente
y un haz de resplandores en la mano[1].


[1] Tomo el texto de Nos vino un Niño del cielo. Poesía navideña latinoamericana del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, EDIBESA, 2000, pp. 114-115.

El «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha» de Francisco de Ávila: el personaje de don Quijote

Examinemos ahora los personajes que intervienen en el entremés[1] y su relación con los del modelo cervantino, comenzando en esta entrada por don Quijote.

En líneas generales, el personaje del entremés responde al patrón: es un loco que se cree caballero, consciente de su misión, y continuamente deforma la realidad, como revelan sus primeras palabras:

DON QUIJOTE.- Yo espero, Sancho Panza, en la fortuna
que tengo de salir con esta empresa,
sacando a Dulcinea del Toboso
del castillo encantado donde asiste
en poder de gigantes y leones.

SANCHO.- Primero quedaremos hechos piezas
a manos de villanos forajidos,
que siempre nos persiguen y atropellan
con chuzos, con ballestas y asadores (vv. 47-55).

Sancho es el encargado de poner de manifiesto con sus comentarios las locuras de su amo: «¡Plegue a Dios que no pagues tu locura!» (v. 88); «¡Gentil locura!» (v. 161); «Y yo pienso que entrambos quedaremos / con aquesta locura que emprendemos» (vv. 195-196); «Mejor fuera dejar esas locuras / y volvernos a casa poco a poco / antes que te persigan como a loco» (vv. 267-269), y alude después a «tu temeridad y tu locura» (v. 273); aunque también los comentarios de otros personajes la subrayan: «Si es loco, por la pena será cuerdo», dice el arriero (v. 242). Es, pues, un personaje cegado por su monomanía caballeresca: la venta es castillo, el ventero es castellano, el arriero con su caldero será un «gigante calderero»[2], la moza Marina aparecerá ante sus ojos como la infanta Dulcinea, etc.

Don Quijote

Otro motivo recurrente en su caracterización es el de la fama que espera alcanzar con sus hechos de armas: indica que desea «dejar nombre en la Mancha» (v. 76) y «levantar mi nombre en todo el mundo» (v. 125) a través de sus aventuras[3]. No se da la caracterización lingüística a través de la fabla medievalizante. En cuanto a su descripción física, sabemos que es flaco (cfr. los vv. 250-253); y que porta unas armas ridículas, que son una «lancilla y murrión de papel»: notemos, por un lado, el empleo del diminutivo lancilla (no lanza o lanzón), y por otro el hecho de que el morrión sea de papel, lo que recuerda la celada de cartón que Alonso Quijano se fabrica en I, 1. Igualmente ridículas son las armas «de esparto o de guadamací que provoquen la risa» que le trae el ventero para velarlas[4].


[1] Citaré por la edición de Carlos Mata Induráin, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha», en Ignacio Arellano (ed.), Leyendo el «Quijote». IV Centenario de la publicación de «Don Quijote de la Mancha», número monográfico de Príncipe de Viana, año LXVI, núm. 236, septiembre-diciembre 2005, pp. 935-945, con algún ligero retoque. Las citas del Quijote serán por: Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, 2 vols.

[2] Son varias las alusiones a los gigantes: Dulcinea está «en poder de gigantes y de leones» (v. 51); don Quijote saluda al ventero y la ventera como «valerosos gigantes denodados» (v. 90); cree que el arriero que le ataca es un «gigante calderero» (v. 244); tras la batalla con el arriero, comenta a Sancho «que me cercan el cuerpo mil gigantes / y me han hecho pedazos las corazas» (vv. 247-248), lo que motiva la respuesta de Sancho: «¿Qué es eso de gigantes, señor mío?» (v. 249). Don Quijote insiste: «Heme visto cercado de gigantes, / de tigres, de leones, de panteras / y puesto en gran peligro» (vv. 259-261). En cambio, no aparece el motivo de los encantadores.

[3] La palabra ventura se reitera igualmente con frecuencia: «Quiero probar, amigo, mi ventura» (v. 87); «y así vengo / a probar, como debo, mi ventura, / que espero en la fortuna y en el tiempo / que tengo de salir con esta empresa» (vv. 101-104); «¿Qué te parece, amigo Sancho Panza? / ¿No somos de ventura?» (vv. 147-148); «Después verás el fin de mis venturas» (v. 302); mientras que la palabra aventuras aparece una sola vez (v. 126); también rastreamos la presencia de hazaña («heroica hazaña», v. 124; «hazaña famosa», v. 194) y de empresa (vv. 48, 104, 185, 348).

[4] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Don Quijote salta al teatro breve: el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila», en Germán Vega García-Luengos y Rafael González Cañal (eds.), Locos, figurones y quijotes en el teatro de los Siglos de Oro. Actas selectas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, Almagro 15, 16 y 17 de julio de 2005, Almagro, Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 2007, pp. 299-313. Esta entrada forma parte de los resultados de investigación del Proyecto «Identidades y alteridades. La burla como diversión y arma social en la literatura y cultura del Siglo de Oro» (FFI2017-82532-P) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España (Dirección General de Investigación Científica y Técnica, Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia).