Sevilla literaria: las seguidillas insertas en «Rinconete y Cortadillo»

Si consideramos la relación de Sevilla con la literatura, un hito importante lo constituye la obra de Miguel de Cervantes, que pasó una temporada en la Cárcel Real cuando era recaudador de impuestos. Inolvidable es su soneto al túmulo de Felipe II en la catedral de Sevilla, que el complutense tenía «por honra principal de mis escritos» y que transcribiré otro día. Hoy quiero recordar estas graciosas seguidillas que cantan en Rinconete y Cortadillo la Escalanta, la Ganaciosa, Monipodio y la Cariharta:

Placa cervantina en Sevilla

Por un sevillano, rufo a lo valón,
tengo socarrado todo el corazón.

Por un morenito de color verde,
¿cuál es la fogosa que no se pierde?

Riñen dos amantes, hácese la paz:
si el enojo es grande, es el gusto más.

Detente, enojado, no me azotes más;
que si bien lo miras, a tus carnes das.

El «Quijote» y don Quijote a la luz de los «Ejercicios literario-filosóficos» de Juan David García Bacca: estructura externa y contenido de la obra

El libro de Juan David García Bacca[1] es, además de bastante extenso (suma un total de 524 páginas al cierre de su epílogo), bastante denso —en ocasiones pudiera decirse que farragoso— y complejo tanto en su articulación como por los conceptos que maneja. Una mera consulta del índice (pp. 525-527) sirve para constatar la profusión de epígrafes correspondientes a partes principales, secciones internas, apartados y subapartados menores diversos, pero podemos tratar de resumir el contenido del trabajo de García Bacca de acuerdo con un esquema básico.

Juan David García Bacca

El libro se encabeza con una dedicatoria, que merece la pena reproducir íntegramente:

DEDICO
ESTA OBRA

YO: JUAN DAVID GARCÍA BACCA

a
ESPAÑA

NACÍ
en
PAMPLONA (26-junio-1901)
de
PADRE ARAGONÉS,
MADRE CASTELLANA

DEDICO TAMBIÉN
ESTA OBRA
a
HISPANOAMÉRICA

donde he residido:
ECUADOR (1938-1941); MÉXICO (1941-1946);
VENEZUELA (1946-1991)

RESIDENCIA MUTUA MENTAL, SENTIMENTAL, UNIVERSITARIA

Tras un «Reconocimiento de deudas» (p. 9), sigue un largo «Prólogo» (pp. 11-21), donde el filósofo navarro-americano define los cuatro categoriales básicos que va a aplicar en su análisis personal del Quijote, a saber, Señorío, Salero, Corazonada y Raciocinancia; y vienen después, para completar todos estos textos preliminares, unas «Advertencias» (pp. 23-26), donde también adelanta algunas ideas básicas de su pensamiento.

La Parte primera, «Categoriales literario-filosóficos en el Quijote y en don Quijote de la Mancha», es la parte nuclear, la más densa también, y se divide en tres ejercicios:

1) «Ejercicio primero. Categoriales generales: Señorío-Salero-Corazonada. Raciocinancia (textos y comentarios)» (desarrolla con más detenimiento los cuatro categoriales anticipados en el prólogo, explicándolos con la correspondiente glosa de capítulos del Quijote);

2) «Ejercicio segundo. Lo que real y verdaderamente hay en el Quijote y en don Quijote» (está centrado en el concepto de alucinación y en sus diferentes tipos: alucinaciones concienciales, alucinaciones sensibles, la relación entre ambos tipos, y también en el concepto de encantamiento); y

3) «Ejercicio tercero. Distancia histórica y diversidad psico-lógica entre nosotros los actuales (1991) y el Quijote-don Quijote-Cervantes (1616)» (comenta en qué medida nuestras aventuras actuales pueden ser consideradas análogas o similares a las de don Quijote).

La Parte segunda, «Categoriales literario-filosóficos en la literatura española», se aparta de la materia quijotesca, para aplicar los cuatro categoriales antes indicados a otros autores y obras de la literatura española: santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz, el Cantar de mio Cid, el Arcipreste de Hita, La Celestina, Manrique, fray Luis de León, Lope de Vega, Quevedo, Góngora, García Lorca, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, José Bergamín y Jorge Guillén.

En fin, el libro se cierra con un «Epílogo» en el que el Autor entabla diálogo de nuevo con su «desocupado Lector»:

Para dar por terminada esta obra con el Epílogo que acaba de leer el Lector «desocupado», el Autor de ella y de él repetirá, acomodándolo a su caso, un poemita de José Bergamín. Y lo hace con el derecho de amigo, y con el de habérselo dedicado Bergamín al Autor el 19 de agosto de 1981, en Madrid.

Digo —canto y cuento—:

«“Puesto ya el pie en el estribo”…
para saltar la barrera,
estoy esperando al toro,
¡ay!, pero el toro no llega.
Me está dando el corazón
que, al fin, tendré que tirarme
de cabeza al callejón.»

* * *

A los noventa años
estoy esperando al toro:
a la muerte.
¡Ay!, pero la muerte no me llega.
Me está dando el corazón
que, al fin, tendré que tirarme
de cabeza al callejón,
sin salida o evasión
que son
Providencia, Historia, Dialéctica…,
exponiéndome a que me coja EL GRAN TORO:
DIOS.

Madrid, 26 de marzo de 1991[2]


[1] Juan David García Bacca, Sobre el «Quijote» y don Quijote de la Mancha: ejercicios literario-filosóficos, Barcelona, Anthropos / Gobierno de Navarra, 1991 (Colección Pensamiento Crítico-Pensamiento Utópico, 59). Citaré siempre respetando las peculiaridades de García Bacca en lo que se refiere al uso de mayúsculas, cursivas y otros recursos que emplea para destacar tipográficamente determinados conceptos o expresiones.

[2] Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «El Quijote y don Quijote a la luz de los Ejercicios literario-filosóficos de Juan David García Bacca», en José Ángel Ascunce y Alberto Rodríguez (coords.), Cervantes en la Modernidad (Cervantes y su mundo, V), Kassel, Edition Reichenberger, 2008, pp. 277-296.

Algunos datos sobre Juan David García Bacca (1901-1992) y su obra filosófica

Para recordar ahora los datos esenciales relativos a Juan David García Bacca, me limitaré a transcribir estas palabras de la entrada bio-bibliográfica que le dedica Ana Azanza Elío en su Diccionario de pensadores:

Nacido en Pamplona en 1901, ha desarrollado su labor docente y de investigación en las Universidades de Santiago de Compostela, Barcelona y Caracas.

Sus obras más conocidas son: Introducción a la logística (Barcelona, 1935-36); Introducción a la lógica moderna (Barcelona, 1936); Invitación a filosofar (Méjico, 1940); Filosofía en metáforas y parábolas (Méjico, 1946); Siete modelos de filosofar (Caracas, 1950); Antropología filosófica contemporánea (Caracas, 1957); Metafísica natural estabilizada y problemática (Méjico, 1963). A él se deben además traducciones de Platón, Plotino y Euclides, y la Poética de Aristóteles, con otros textos de los presocráticos.

Discípulo de Ortega, pero con reminiscencias escolásticas, de las que quiere separarse, dedica su atención preferente a temas de lógica y logística. En sus escritos de filosofía metafísica aparecen motivos existencialistas, sobre todo en sus grandes obras sistemáticas, la Antropología y la Metafísica, en que se trasluce un pensamiento original de fondo realista y ontológico bajo un ropaje existencialista[1].

Juan David García Bacca

Hay, por otra parte, estudios que abordan de forma sistemática el pensamiento de García Bacca[2], quien ha sido considerado —por Carlos Beorlegui, uno de los mejores conocedores de su obra— el filósofo más significativo del exilio republicano español:

Uno de los protagonistas del último capítulo, quizás el más sangriento, de esta historia de discontinuidades es Juan David García Bacca, máximo representante del grupo de filósofos de la llamada «generación del exilio republicano de 1939». De indiscutible prestigio intelectual fuera de nuestras fronteras, especialmente en el mundo hispanohablante, entre nosotros ha resultado, hasta no hace mucho, un perfecto desconocido, al igual que el resto de sus compañeros de exilio. La impenetrabilidad del franquismo se encargó de mantener a la sociedad española en el olvido de la llamada por J. Bergamín «España peregrina»[3].

Efectivamente, estamos ante un pensador apenas conocido e insuficientemente estudiado en España, aunque en los últimos años han aparecido algunos trabajos importantes. Un estudio completo de su quehacer pretende ser el del citado Carlos Beorlegui, del año 1998[4], quien destaca dos aspectos de la filosofía de García Bacca: en primer lugar, su carácter proteico y «amiboide», articulado a lo largo del tiempo en cinco etapas; y, en segundo lugar, su carácter utópico y audaz (de ahí precisamente el subtítulo de su trabajo, La audacia de un pensar), que le empuja a filosofar con absoluta libertad y osadía, «sin miedo a la verdad y al error», acerca de todos los temas fundamentales de la filosofía, desde la lógica y la filosofía de la ciencia, hasta la cosmología, la historia de la filosofía, la música, el hombre (ahí está su interesante concepción de la trans-finitud del hombre) y Dios (entendido como trasfondo último del universo). Nos hallamos —sigo parafraseando aquí a Beorlegui— ante un pensamiento sugestivo, profundo y, en ocasiones, provocador, cuya lectura ha producido en algunos adhesiones entusiastas, y en otros, desconcierto e incluso rechazo; pero casi nunca indiferencia:

Se podrá estar o no de acuerdo, total o parcialmente, con sus planteamientos filosóficos, pero no cabe duda de que la lectura de sus libros no deja nunca al lector en una postura indiferente. Su obra provoca admiración por la vastedad de los conocimientos que maneja, el interés y la hondura de los temas que plantea y la libertad con que expresa sus opiniones, sin importarle demasiado si coincide con la opinión de los «ismos» de moda. Es más, en muchos momentos le gusta ser provocativo y “malicioso”, para suscitar la reacción reflexiva del lector[5].

El estudio de Beorlegui aborda estos apartados: «En el horizonte del neotomismo» (donde traza la biografía humana e intelectual de García Bacca y estudia las múltiples influencias iniciales), «El “vitalismo historicista”», «La vuelta a la metafísica y la irrupción del en-ser», «La dimensión socioeconómica de la realidad» y «El porvenir del mundo y del hombre tecnificados». A esos capítulos añade un epílogo titulado «La audacia de un pensar», donde destaca que el de García Bacca era —en el momento de publicar su trabajo, en 1988, el filósofo seguía vivo— un pensamiento abierto, con una obra todavía en producción.

Destaca, pues, en García Bacca la audacia de su pensar, es decir, «el pensar audazmente»[6]. Su filosofía quiere ser una filosofía de la vida, con adscripción en gran medida al raciovitalismo orteguiano, según el cual no se puede separar filosofía y vida. El hombre, caminante incansable, empresario de sí mismo, es considerado el único absoluto de todo el universo. Abierto siempre a todo tipo de influencias —continúa explicando Beorlegui, al que sigo de cerca en este resumen—, García Bacca se ha negado a formar escuela. Con su talante abierto y audaz, ha tratado de acercarse al mayor número posible de saberes: matemáticas, lógica, música, literatura, y una especial inclinación a Platón, el filósofo-literato: «García Bacca sí cree ser una obligación no sólo escribir literariamente, sino escribir sobre las relaciones entre filosofía y literatura»[7].

Sus aportaciones principales —de nuevo en palabras de Carlos Beorlegui— serían:

1) Su insistencia en filosofar desde las más recientes e importantes aportaciones de las diferentes ciencias naturales y humanas.

2) Su confianza y optimismo en el poder del hombre para conocer cualquier parcela de la realidad y transformarla, desde unos planes racionales previos.

3) El empeño y decisión por situar al hombre en el centro de su reflexión filosófica, y en el centro de la estructura ontológica y axiológica de su cosmovisión. De ahí se desprende, en primer lugar, el marcado acento prometeico y ético que impregna toda su obra; y, en segundo lugar, su no menos marcado acento fáustico, que no se conforma más que colocando al hombre como único Señor y Creador de sí y del universo; esto es, haciendo ocupar al hombre el lugar de Dios.

4) La invitación a pensar y a transformar la realidad sin cortapisas, superando cualquier tipo de barrera y dogmatismo. El hombre está hecho para romper todo límite. No en vano es el transfinito, el que sabe siempre salirse de todas las encerronas y emboscadas que le tiende permanentemente la realidad[8].

En definitiva, García Bacca es un filósofo «sugerente, profundo, personal, digno de ser dado ampliamente a conocer y ser recuperado para nuestro ámbito filosófico»[9]. Su obra es bastante extensa, y entre sus principales trabajos se cuentan los siguientes: Introducción a la lógica moderna (1936), El poema de Parménides (Atentado de hermenéutica histórico-vital) (1942, traducción y comentarios), Introducción general a las Enéadas (1948), Siete modelos de filosofar (1950), Antología del pensamiento filosófico venezolano: siglos XVII-XVIII (1954), Fragmentos filosóficos de los presocráticos (1954 y 1963), Antropología filosófica contemporánea. Diez conferencias (1955 y 1982), Textos clásicos para la historia de las ciencias (1961 y 1968), Historia filosófica de la ciencia (1963), Curso sistemático de filosofía actual (filosofía, ciencia, historia, dialéctica y sus aplicaciones) (1969), Lecciones de historia de la filosofía (1972), Filosofía y teoría de la relatividad (1979), Los presocráticos: Jenófanes, Parménides, Empédocles, Refranero clásico griego, Heráclito, Alcmeón, Zenón, Meliso, Filolao, Anaxágoras, Diógenes de Apolonia, Leucipo, Metrodoro de Kío, Demócrito (1984, traducción y notas), Elogio de la técnica (1987), Filosofía de la música (1990) o Nueve grandes filósofos contemporáneos y sus temas: Bergson, Husserl, Unamuno, Heidegger, Scheler, Hartmann, W. James, Ortega y Gasset, Whitehead (1990).

Pero —y con esto nos acercamos ya al libro que ahora nos interesa—, en varios de sus trabajos mezcló García Bacca lo filosófico con lo literario. Por ejemplo, basta con examinar estos otros títulos, que completan el corpus de su producción: Filosofía en metáforas y parábolas (Introducción literaria a la filosofía) (México, D. F., Talleres Tipográficos Modelo, 1945), Tres ejercicios literario-filosóficos de dialéctica (Barcelona, Anthropos, 1983), Tres ejercicios literario-filosóficos de economía (Barcelona, Anthropos, 1983), Invitación a filosofar según espíritu y letra de Antonio Machado (Barcelona, Anthropos, 1984), Tres ejercicios literario-filosóficos de moral (Barcelona, Anthropos, 1984), Tres ejercicios literario-filosóficos de antropología (Barcelona, Anthropos, 1984), Tres ejercicios literario-filosóficos de lógica y metafísica (Barcelona, Anthropos, 1986), De magia a técnica: ensayo de teatro filosófico-literario-técnico[10] (Barcelona, Anthropos, 1989), Sobre el «Quijote» y don Quijote de la Mancha: ejercicios literario-filosóficos (Barcelona, Anthropos, 1991) o, en fin, el libro aparecido de forma póstuma, Sobre virtudes y vicios: tres ejercicios literario-filosóficos (Barcelona, Anthropos, 1993).

En las próximas entradas voy a centrarme en Sobre el «Quijote» y don Quijote de la Mancha: ejercicios literario-filosóficos[11], publicación que aporta una lectura original y poco divulgada de la novela cervantina. Resumiré primero la estructura externa y el contenido de la obra de García Bacca, y mencionaré después las ideas clave acerca del Quijote y de don Quijote con las que el filósofo aborda el análisis de las aventuras más significativas del hidalgo y caballero andante de la Mancha[12].


[1] «Juan David García Bacca (Pamplona, 1901-Caracas, 1992)», en Ana Azanza Elío, Diccionario de pensadores. I. Pensadores navarros. Siglos XII-XX, Pamplona, Ediciones Eunate, 1996, p. 317.

[2] Véanse, entre otros, estos trabajos: Mireya Perdomo de González, Bibliografía de Juan David García Bacca, presentación de Ermila Elíes de Pérez Perazzo, Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1981; monográfico dedicado a García Bacca, Anthropos. Revista de Documentación Científica de la Cultura, 9, 1982 (y nueva edición en 1991); Carlos Beorlegui, La filosofía del hombre en Juan David García Bacca, tesis doctoral, Bilbao, Universidad de Deusto (Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación, Departamento de Filosofía), 1983, 2 vols.; Ignacio Izuzquiza, El proyecto filosófico de Juan David García Bacca, Barcelona, Anthropos, 1984; Javier Recás Bayón, El programa metafísico de Juan David García Bacca: de una ontología de la probabilidad a una metafísica transformadora, memoria de licenciatura, Madrid, Universidad Complutense de Madrid (Facultad de Filosofía), 1985; Carlos Beorlegui, «El pensamiento de Juan David García Bacca, un filósofo navarro desconocido», Príncipe de Viana, 6, 1986, pp. 213-240; José Luis L. Aranguren, «Juan David García Bacca, pensador de Dios», Saber Leer, 8, 1987, pp. 8-9; Ludovico Silva, «Juan David García Bacca, filósofo en castellano», Mundaiz, 33, enero-junio de 1987, pp. 79-92; Carlos Beorlegui, «La presencia de Ortega y Gasset en el pensamiento de García Bacca», Letras de Deusto, vol. 18, núm. 40, 1988, pp. 93-117. Carlos Beorlegui, García Bacca, la audacia de un pensar, Bilbao, Universidad de Deusto, 1988; Juan F. Porras Rengel, «Semblanza heterodoxa de Juan David García Bacca», en Juan David García Bacca: exposición bibliográfica, hemerográfica, sonora, fotográfica y de manuscritos, Caracas, Instituto Autónomo-Biblioteca Nacional y de Servicio de Bibliotecas, 1988; Ana Azanza Elío, «Juan David García Bacca (Pamplona, 1901-Caracas, 1992)», en Diccionario de pensadores. I. Pensadores navarros. Siglos XII-XX, Pamplona, Ediciones Eunate, 1996, pp. 317-339; Roberto Aretxaga Burgos, La filosofía de la técnica de Juan David García Bacca, tesis doctoral, Bilbao, Universidad de Deusto (Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación, Departamento de Filosofía), 1998; Nilo Palenzuela, El hijo pródigo y los exiliados españoles. Poesía y filosofía: García Bacca y María Zambrano, Madrid, Verbum, 2001; Carlos Beorlegui, «Vigencia y actualidad de la filosofía de García Bacca», Letras de Deusto, vol. 32, núm. 94, 2002, pp. 43-69; Cristina de la Cruz, «El pensamiento de García Bacca, una filosofía para nuestro tiempo», Letras de Deusto, vol. 32, núm. 94, 2002, pp. 43-69; Carlos Beorlegui, La filosofía de Juan David García Bacca en el contexto del exilio republicano, Bilbao, Universidad de Deusto, 2003; Carlos Beorlegui, Cristina de la Cruz y Roberto Aretxaga (eds.), El pensamiento de Juan David García Bacca, una filosofía para nuestro tiempo. Actas del Congreso Internacional de Filosofía: Centenario del nacimiento de Juan David García Bacca (Bilbao, 15-19 de octubre de 2001), Bilbao, Universidad de Deusto, 2003; y Jorge M. Ayala, Juan David García Bacca: biografía intelectual (1912-1938), Madrid, Ediciones Diálogo Filosófico, 2005.

[3] Carlos Beorlegui, García Bacca, la audacia de un pensar, Bilbao, Universidad de Deusto, 1988, p. 18.

[4] Es el mencionado en la nota anterior.

[5] Beorlegui, García Bacca, la audacia de un pensar, pp. 252-253.

[6] Beorlegui, García Bacca, la audacia de un pensar, p. 245.

[7] Beorlegui, García Bacca, la audacia de un pensar, p. 248.

[8] Beorlegui, García Bacca, la audacia de un pensar, p. 249.

[9] Beorlegui, García Bacca, la audacia de un pensar, p. 253.

[10] Este libro comienza con una destacada evocación cervantina: «El Retablo de Maese Pedro, una de las aventuras del Quijote, abre el ensayo. Sirve para ilustrar el mensaje que García Bacca quiere sugerir al lector, acercar la filosofía a las artes y a las ciencias e inversamente, que la filosofía se aventure a ser enseñada por los demás saberes» (Beorlegui, 1988, p. 333).

[11] Juan David García Bacca, Sobre el «Quijote» y don Quijote de la Mancha: ejercicios literario-filosóficos, Barcelona, Anthropos, 1991 (Colección Pensamiento Crítico-Pensamiento Utópico, 59). Citaré siempre respetando las peculiaridades de García Bacca en lo que se refiere al uso de mayúsculas, cursivas y otros recursos que emplea para destacar tipográficamente determinados conceptos o expresiones.

[12] Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «El Quijote y don Quijote a la luz de los Ejercicios literario-filosóficos de Juan David García Bacca», en José Ángel Ascunce y Alberto Rodríguez (coords.), Cervantes en la Modernidad (Cervantes y su mundo, V), Kassel, Edition Reichenberger, 2008, pp. 277-296.

El «Quijote» y don Quijote a la luz de los «Ejercicios literario-filosóficos» de Juan David García Bacca: introducción

Como es bien sabido, el Quijote ha acumulado a lo largo de los siglos multitud de lecturas e interpretaciones. Investigadores, críticos literarios, escritores, pensadores, ensayistas… se han acercado a las páginas de la inmortal novela cervantina con una enorme variedad de enfoques, la han abordado con metodologías, perspectivas y objetivos diversos, han aportado sus contribuciones y establecido nexos de conexión desde ramas del conocimiento muy diferentes. Sucede que en el Quijote está contenido “casi” todo y, en consecuencia, sobre el Quijote se ha podido decir —con mayor o menor tino— “casi” de todo. Por supuesto, también desde el ámbito filosófico ha habido importantes y brillantes aproximaciones, y baste ahora con recordar tan solo el nombre preclaro de Ortega y Gasset.

Cubierta del libro: Juan David García Bacca, Sobre el «Quijote» y don Quijote de la Mancha: ejercicios literario-filosóficos, Barcelona, Anthropos / Gobierno de Navarra, 1991

Pues bien, otro filósofo que en fechas más recientes ha contribuido al estudio de la novela cervantina es Juan David García Bacca (Pamplona, 1901-Quito, 1992), uno de los pensadores españoles más destacados del siglo XX, aunque su figura y su obra seguramente no resultan aquí tan conocidas como debieran[1], en buena medida porque durante la Guerra Civil hubo de exiliarse y vivió sucesivamente en Ecuador, México y Venezuela. Su producción se centró en la filosofía escolástica, la lógica matemática y la filosofía de las ciencias formales y de las ciencias físicas, pero también se interesó en el cultivo de las Humanidades. Así, de entre sus obras filosófico-literarias, destaca la titulada Sobre el «Quijote» y don Quijote de la Mancha: ejercicios literario-filosóficos, publicada en 1991[2], que es la que pretendo recuperar en sucesivas entradas. En concreto, expondré las ideas esenciales contenidas en su libro, especialmente la definición de los cuatro categoriales de Señorío, Salero, Corazonada y Raciocinancia que García Bacca aplica sistemáticamente a las aventuras y personajes del Quijote y que le permiten abordar el texto cervantino a una nueva y original luz[3].


[1] José Luis Abellán, en su Filosofía española en América (1936-1966), ha escrito que «Juan David García Bacca es quizá la mente filosófica más poderosa de todas las que tenemos en América y una de las primeras figuras de la filosofía en lengua española de todos los tiempos».

[2] Juan David García Bacca, Sobre el «Quijote» y don Quijote de la Mancha: ejercicios literario-filosóficos, Barcelona, Anthropos / Gobierno de Navarra, 1991 (Colección Pensamiento Crítico-Pensamiento Utópico, 59). Citaré siempre respetando las peculiaridades de García Bacca en lo que se refiere al uso de mayúsculas, cursivas y otros recursos que emplea para destacar tipográficamente determinados conceptos o expresiones.

[3] Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «El Quijote y don Quijote a la luz de los Ejercicios literario-filosóficos de Juan David García Bacca», en José Ángel Ascunce y Alberto Rodríguez (coords.), Cervantes en la Modernidad (Cervantes y su mundo, V), Kassel, Edition Reichenberger, 2008, pp. 277-296.

Sevilla literaria: «Vinieron de Sanlúcar, / rompiendo el agua», de Lope de Vega

A este panorama de la presencia de Sevilla en la literatura hispánica ya incorporamos en una entrada anterior el nombre de Lope de Vega, quien ambientó varias de sus comedias en la ciudad hispalense (baste recordar, por ejemplo, El arenal de Sevilla). Y ya transcribimos ahí la cancioncilla «Río de Sevilla, / ¡quién te pasase…» que inserta al comienzo de la tercera jornada de Amar, servir y esperar. Pues bien, en la segunda jornada de la misma pieza, mientras se ven en sendas partes del vestuario dos barcos enramados, dos coros alternos cantan «Vinieron de Sanlúcar» (la acotación tras el v. 240 indica «Dentro música, guitarra, sonajas y bulla»):

Alonso Sánchez Coello (atrib.), Vista de la ciudad de Sevilla (finales del siglo XVI).
Alonso Sánchez Coello (atrib.), Vista de la ciudad de Sevilla (finales del siglo XVI).


Vienen de Sanlúcar,
rompiendo el agua,
a la Torre del Oro
barcos de plata.

Galericas de España,
sonad los remos,
que os espera en Sanlúcar
Guzmán el Bueno.

Barcos enramados
van a Triana;
el primero de todos
me lleva el alma.

A San Juan de Alfarache
va la morena
a trocar con la flota
plata por perlas[1].


[1] Lope de Vega, Amar, servir y esperar, Jornada II, vv. 241-256. Cito por la edición digital de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, a partir de Ventidós parte perfeta de las Comedias del Fénix de España frey Lope Félix de Vega Carpio…, en Madrid, por la viuda de Juan González, a costa de Domingo de Palacio y Villegas y Pedro Vergés, 1635.

Armas, estrategias y combates en «Arauco domado» de Lope de Vega: algunas ideas preliminares

En el teatro español del Siglo de Oro existen varias piezas que tienen como tema la conquista de Chile y la prolongada guerra de Arauco[1]. Dentro de ese corpus, hay algunas comedias que fueron encargadas por la propia familia de los Mendoza con la finalidad de prestigiar la figura del cuarto marqués de Cañete, quien en su etapa como gobernador de Chile (1557-1561) había logrado notables avances en la pacificación del rebelde territorio de Arauco, pero cuyos méritos e importancia no quedaron reconocidos por Alonso de Ercilla en su famosa Araucana (cuyas tres partes se publicaron en 1569, 1578 y 1589). Para contrarrestar aquel voluntario olvido se preparó un amplio programa de propaganda[2] que incluyó no solo varias obras de teatro, sino también crónicas, biografías, poemas épicos, etc.

Pedro Subercaseaux (1904), Epopeya de Chile.

Esta extensa e intensa campaña de propaganda se desarrolló, a lo largo de una treintena de años aproximadamente, en América y en España, en dos etapas cronológicas cuyos principales hitos pueden resumirse así: en Perú, con la redacción de obras encargadas por el marqués de Cañete, como la crónica de Mariño de Lobera (1589) y el Arauco domado de Oña (1596); y más tarde en España, primero por iniciativa del propio don García (Arauco domado de Lope[3], en el quicio de los siglos XVI y XVII), y luego, tras su muerte ocurrida en 1609, por encargo[4] de su hijo don Juan Andrés, correspondiendo a esta nueva fase la biografía de Cristóbal Suárez de Figueroa del año 1613; Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, comedia escrita por nueve ingenios capitaneados por Luis de Belmonte Bermúdez, que se representó y publicó en Madrid en 1622[5]; y El gobernador prudente, de Gaspar de Ávila (en torno a 1624-1625, coincidiendo con la entrega a las prensas, en el año de 1625, de la comedia lopesca, si bien no sería publicada hasta 1663[6]).

En varios trabajos anteriores he abordado cuestiones diversas relacionadas con la comedia Arauco domado, de Lope de Vega. En esta ocasión me propongo un nuevo acercamiento, centrado en los aspectos históricos y, más concretamente, en todo lo relacionado con la guerra entre españoles y araucanos (hechos de armas, estrategias, combates…). En sucesivas entradas comentaré, en primer lugar, la consideración de Arauco domado como «drama de hechos famosos», en el que cabe reconstruir con bastante exactitud el telón de fondo histórico sobre el que se construye la acción de la comedia. En efecto, Lope hace el esfuerzo de ofrecer una documentación histórica seria, a diferencia de lo que sucederá en las piezas más tardías del corpus (hasta llegar a Los españoles en Chile, de González de Bustos, donde la guerra de Arauco no es más que un mero telón de fondo exótico sobre el que superponer una serie de episodios amorosos). En la comedia de Lope es posible reconstruir con bastante precisión los sucesos históricos que evoca, con una cronología (bastante) rigurosa; lo que no quita, por supuesto, para que el Fénix modifique o altere la historia en función de sus necesidades dramáticas. Este sería, pues, el primer aspecto a examinar: lo que hay de histórico en Arauco domado. En segundo lugar me referiré a la guerra vista desde el bando español (cabe destacar el retrato de don García como general precavido y victorioso) y también desde el campo araucano (la comedia refleja sus formas de ataque y da cuenta, además, de la asimilación de las armas españolas capturadas en combate y de los caballos)[7].


[1] Para el tema de las guerras de Arauco en el teatro, ver Patricio C. Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Valencia, Albatros Hispanófila Ediciones, 1996; y Mónica Escudero, De la crónica a la escena. Arauco en el teatro del Siglo de Oro, New York, Peter Lang, 1999. Sobre la cultura de la guerra y el teatro es fundamental el trabajo de David García Hernán, La cultura de la guerra y el teatro del Siglo de Oro, Madrid, Sílex Ediciones, 2006. Todas las citas de Arauco domado son por la reciente edición de Laplana Gil: Arauco domado por el Excelentísimo Señor don García Hurtado de Mendoza, ed. de José Enrique Laplana Gil, en Lope de Vega, Comedias. Parte XX, tomo I, ed. crítica de PROLOPE, Barcelona, Gredos, 2021, pp. 609-835, con algún ligero retoque en la puntuación, que no señalaré.

[2] Ver Victor Dixon, «Lope de Vega, Chile and a Propaganda Campaign», Bulletin of Hispanic Studies, 70.1, 1993, pp. 79-95. Hay traducción española: «Lope de Vega, Chile y una campaña propagandística», en Victor Dixon, En busca del Fénix: quince estudios sobre Lope de Vega y su teatro, ed. al cuidado de Almudena García González, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2013, pp. 131-155. Ver también Germán Vega García-Luengos, «Las hazañas araucanas de García Hurtado de Mendoza en una comedia de nueve ingenios. El molde dramático de un memorial», Edad de Oro, X, 1991, pp. 199-210.

[3] Pueden consultarse, entre otros muchos estudios, los siguientes: Eduardo Toda Oliva, «Arauco en Lope de Vega», Nuestro Tiempo, 17, 1962, pp. 48-71; Sturgis E. Leavitt, «Lope de Vega y el Nuevo Mundo», Mapocho, 1, 1963, pp. 32-42; Elena Martínez Chacón, «Una comedia chilena de Lope de Vega», Mapocho, 5, 1965, pp. 5-33; y José MaríaRuano de la Haza, «Las dudas de Caupolicán: El Arauco domado de Lope de Vega», Theatralia, 6, 2004, pp. 31-48.

[4] Estas obras de encargo —que dejaban pingües beneficios a los dramaturgos— deben estudiarse en el contexto del mecenazgo teatral y literario. Ver, entre otros trabajos, el de Teresa Ferrer Valls, Nobleza y espectáculo teatral (1535-1622). Estudio y documentos, Sevilla / Valencia, UNED / Universidad de Sevilla / Universitat de València, 1993.

[5] Ver Vega García-Luengos, «Las hazañas araucanas de García Hurtado de Mendoza…»; y Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, 85, 2013, pp. 203-227.

[6] Ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137; y también «Histoire et théâtre: la revendication de la figure de don García Hurtado de Mendoza dans les comedias espagnoles sur la guerre d’Arauco», en Poésie de cour et de circonstance, théâtre historique. La mise en vers de l’événement dans les mondes hispanique et européen, dir. Marie-Laure Acquier y Emmanuel Marigno, Paris, L’Harmatan, 2014b, pp. 63-91.

[7] Para más detalles remito a mi reciente trabajo: Carlos Mata Induráin, «“Toda la guerra en el ardid consiste”: armas, estrategias y combates en Arauco domado de Lope de Vega», en Juan Manuel Escudero Baztán (ed.), La cultura de defensa en la literatura española del Siglo de Oro, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2024, pp. 99-115.

La comicidad en «La dama boba» de Lope de Vega: a modo de conclusión

Muy brevemente, puede concluirse que la comicidad de La dama boba[1] se hace presente en torno a tres núcleos, que en orden de mayor a menor importancia son:

1) el retrato contrapuesto de las dos hermanas, Finea y Nise, hermosas las dos, una boba y rica, la otra discreta y pobre. En entradas anteriores he examinado por extenso esta cuestión, recorriendo con detalle la acción de las tres jornadas, con las distintas alternativas del enredo, y comentando las principales escenas cómicas a que dan lugar las mudanzas de los pretendientes hasta llegar al definitivo intercambio final de parejas;

2) los elementos de comicidad relacionados con el ámbito de los criados y las criadas, que, como sucede habitualmente en la Comedia nueva, protagonizan —si bien en un plano secundario de importancia— acciones en paralelo a las de sus amos; y, en fin,

3) las referencias costumbristas, las alusiones a tipos satírico-burlescos y otros elementos menores de comicidad verbal (chistes, dilogías y otros juegos de palabras, etc.).

La dama boba. Versión y dirección Rodrigo Arribas
La dama boba. Versión y dirección Rodrigo Arribas.

Todo ello, en conjunto, hace de La dama boba de Lope de Vega una comedia de atmósfera plenamente lúdica, en la que la risa está asegurada para deleite del espectador o lector[2].


[1] He manejado esta edición: Lope de Vega, La dama boba, ed. de Alonso Zamora Vicente, Madrid, Espasa Calpe, 2001.

[2] Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «La comicidad en La dama boba», en Javier Espejo Surós y Carlos Mata Induráin (eds.), Preludio a «La dama boba» de Lope de Vega (historia y crítica), Pamplona, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 2020, pp. 191-220.

«La dama boba» de Lope de Vega: las alusiones costumbristas y otros elementos menores de comicidad

El relato de Clara que transcribía en la entrada anterior incluye algunas alusiones costumbristas, por ejemplo en los juegos dilógicos de los vv. 417-424[1]: el romadizo (‘catarro’ y ‘excremento’), los muchos servicios de la calle Mayor (‘papeles que certifican el tiempo servido por los soldados’ y ‘orinales’), que se suman a otras referencias del mismo cariz como agua, hombres Carnestolendas o heces[2]. Este territorio de lo costumbrista guarda estrecha relación con el territorio de los criados[3]. Recordemos que las primeras escenas de la comedia ocurrían en Illescas, un lugar de paso donde está Liseo de camino hacia la corte, lo que da lugar a hablar —son los primeros versos— de la proverbial incomodidad de las posadas de la época:

LISEO.- ¡Qué lindas posadas!

TURÍN.- ¡Frescas!

LISEO.- ¿No hay calor?

TURÍN.- Chinches y ropa
tienen fama en toda Europa.

LISEO.- ¡Famoso lugar Illescas!
No hay en todos los que miras
quien le iguale (vv. 1-6a).

También resultaría divertida para el público la no menos tópica imagen de Madrid, la Villa y Corte, como una Babel de confusión:

LEANDRO.- Es Madrid una talega
de piezas, donde se anega
cuanto su máquina pare.
Los reyes, roques y arfiles
conocidas casas tienen;
los demás que van y vienen
son como peones viles:
todo es allí confusión (vv. 106-113).

Jan van Kessel III (atribuido a),
Vista de la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado con cortejo de carrozas (1686). Museo Nacional Thyssen-Bornemisza
Jan van Kessel III (atribuido a), Vista de la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado con cortejo de carrozas (1686). Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

Además, en la urbe pululan los pretendientes cortesanos. Tal es el caso de Leandro, que sale de Madrid «cansado de no salir / con pretensiones cansadas» (vv. 93-94). Y la comedia refleja otros tipos populares, que a veces tienen un enfoque satírico-burlesco: Liseo es un indiano rico, y en los vv. 1512-1514 hay una queja de Otavio a propósito de que la discreción de Nise ha traído a su casa a «El galán, el músico, el poeta, / el lindo, el que se precia de oloroso, / el afeitado, el loco y el ocioso»; no faltan tampoco las alusiones a las damas pidonas: el texto del baile comenta que solo el dar enamora y que todas las mujeres, sean mozas, doncellas o viejas, acuden golosas «en viendo que hay miel de plata» (v. 2288); queda reflejado el léxico de los juegos de naipes en el diálogo de Laurencio y Liseo (vv. 1618-1621); los prejuicios religiosos asoman en la mención del tocino fiambre que hace Turín en el v. 44b, que suscita la respuesta de Liseo: «Pues, ¿a quién puede pesar / de oír nombre tan hidalgo?» (vv. 45-46; recuérdese que los cristianos viejos podían comer cerdo y sus derivados, en tanto que era un alimento prohibido para judíos y moros). Hay alguna mención humorística a elementos de la Biblia (los chistes sobre la costilla de Adán, vv. 1439-1440) y de la mitología (como cuando Duardo le dice a Laurencio que parece que le han dado los hechizos de Circe en la casa de Otavio, vv. 1869-1872).

En fin, todavía podrían explorarse otros elementos verbales de comicidad, como los juegos con refranes y frases hechas (en boca tanto de amos como de criados), los neologismos (gaticidio, v. 476), el empleo humorístico de los diminutivos (atrevidillo, v. 1536) o de los aumentativos (marquesote, vv. 136 y 1531), los juegos de palabras basados en la derivación (celos / Celia, v. 1291; doblón / doblar, vv. 2899-2900; gracias / desgraciada, vv. 2969-2970), la homofonía (hola / ola, vv. 984b-986) o la cuasi-homofonía (Fabio / sabio, v. 188), la dilogía (añádase, a los ejemplos ya antes citados, la de blanco en los vv. 1916-1923, a la que se suma el juego con la declinación del Amo, amas del v. 1926), etc.[4]


[1] Citaré por esta edición: Lope de Vega, La dama boba, ed. de Alonso Zamora Vicente, Madrid, Espasa Calpe, 2001.

[2] Ver la nota explicativa de Zamora Vicente a estos versos en su edición.

[3] Ver Rosa Navarro Durán, «Literatura y vida cotidiana en La dama boba», Cuadernos de teatro clásico, 17, 2003, pp. 111-127.

[4] Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «La comicidad en La dama boba», en Javier Espejo Surós y Carlos Mata Induráin (eds.), Preludio a «La dama boba» de Lope de Vega (historia y crítica), Pamplona, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 2020, pp. 191-220.

«Día de la Epifanía, descubierto el Santísimo Sacramento», romancillo de José de Valdivielso

¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos
su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle (
Mateo, 2, 2).

Hoy, 6 de enero, Día de Reyes, celebramos la Epifanía o manifestación de Jesucristo como Hijo de Dios y Salvador del mundo a todas las naciones. José de Valdivielso —otro gran cultivador barroco de la temática navideña, al igual que Lope de Vega— dedicó una de las composiciones de su Romancero espiritual al «Día de la Epifanía, descubierto el Santísimo Sacramento».

Alberto Durero, Adoración de los Magos (1504). Galería Uffizi (Florencia, Italia)
Alberto Durero, Adoración de los Magos (1504). Galería Uffizi (Florencia, Italia).

Desde el punto de vista métrico, se trata de un romancillo (romance de versos hexasílabos, con rima aguda en ó), que repite el hermoso y emotivo estribillo «Atabales tocan / en Belén, pastor; / trompeticas suenan, / alégrame el son». Como es frecuente en estas poesías navideñas de los autores del Siglo de Oro, bajo la aparente sencillez de la forma y la expresión se encierran variados motivos bíblico-teológicos, como explico en las notas al pie. El poema dice así:

Atabales tocan
en Belén, pastor;
trompeticas suenan,
alégrame el son.

De donde el aurora
abre su balcón
y saca risueña
en brazos al sol[1],
vienen Baltasar,
Gaspar y Melchor,
preguntando alegres
por el Dios de amor.
Todos traen presentes
de rico valor,
oro, incienso y mirra
al Rey, Hombre y Dios[2].

Atabales tocan
en Belén, pastor;
trompeticas suenan,
alégrame el son.

La virginal Madre
del Rey Salomón[3],
para la visita,
de fiesta salió.
De estrellas se puso
un apretador[4],
y un manto de lustre
con puntas del sol.
Para los chapines[5],
que bordados son,
virillas[6] de plata
la luna le dio.

Atabales tocan
en Belén, pastor;
trompeticas suenan,
alégrame el son.

De la tierra y cielo[7]
sacó lo mejor,
en el Agnus Dei[8]que al cuello colgó.
Llora el Niño hermoso,
del yelo al rigor,
mas dándole el tres[9]
luego le acalló.
Aunque le ven pobre
y le dan por Dios,
saben que Jüez
volverá mejor[10].

Atabales tocan
en Belén, pastor;
trompeticas suenan,
alégrame el son
[11].


[1] De donde el aurora … en brazos al sol: es decir, del oriente. Ahora bien, más allá de esa referencia meramente geográfica, en este contexto podemos entender también que la Aurora (la Virgen María) saca risueña (da a luz) al Sol (Jesús).

[2] oro, incienso y mirra / al Rey, Hombre y Dios: el oro es símbolo de la realeza; el incienso se ofrecía a la divinidad; la mirra, que se usaba para embalsamar a los muertos, recuerda la condición también humana de Cristo.

[3] Rey Salomón: en una primera lectura, podríamos pensar que casaría mejor aquí «Rey Salvador», pues Salomón fue un antiguo rey de Israel, hijo de David (su historia se narra en el Primer Libro de los Reyes, 1-11, y en el Segundo Libro de las Crónicas, 1-9), y obviamente la Virgen María no fue su madre. Ahora bien, como rey sabio y constructor del Templo de Jerusalén, Salomón es uno de los personajes del Antiguo Testamento que prefiguran a Cristo, que —no lo olvidemos— era también de la estirpe de David. Por eso, creo que puede mantenerse aquí sin problema la lectura «Madre / del Rey Salomón», entendiendo la expresión en el sentido simbólico o figurado que acabo de señalar.

[4] apretador: jubón o almilla sin mangas.

[5] chapines: chapín es «Chanclo de corcho, forrado de cordobán, muy usado en algún tiempo por las mujeres» (DLE).

[6] virillas: adornos en el calzado, especialmente en los zapatos de las mujeres, que les servían también de refuerzo entre el cordobán y la suela.

[7] De la tierra y cielo: el texto original trae «De la tierra, y el cielo», que da siete sílabas. Suprimo el artículo el para regularizar la medida (todos los versos son hexasílabos).

[8] Agnus Dei: «Objeto de devoción consistente en una lámina de cera impresa con alguna imagen» o «Relicario que especialmente las mujeres llevaban al cuello» (ambas definiciones proceden del DLE). Pero, al mismo tiempo, tengamos presente que Jesús es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

[9] tres: «Conjunto de tres voces o de tres instrumentos» (DLE), es decir, los tres Reyes Magos, en este caso. Compárense estos versos del «Romance de los Reyes, descubierto el Santísimo Sacramento», del mismo Valdivielso: «Como el cielo ve que llora / y que tien tanto por qué, / pienso que sin duda quiere / acallarle con un tres». En la edición moderna de 1880 se lee «dándole él tres», lectura que estropea el sentido. Otra posibilidad sería que tres significase algo así como ʻchupeteʼ o ʻsonajeroʼ, pero no encuentro documentada la voz con este significado en los diccionarios.

[10] saben que Jüez / volverá mejor: en su segunda venida a la Tierra (parusía, advenimiento, maranata…), Cristo vendrá con gloria, como dice el Credo, «a juzgar a los vivos y a los muertos» (Símbolo Apostólico: D 7 9).

[11] Cito por Romancero espiritual, en gracia de los esclavos del Santísimo Sacramento, para cantar cuando se muestra descubierto, por el maestro José de Valdivielso su capellán, y de la capilla muzárabe en su santa iglesia de Toledo. Añadido y enmendado en esta última impresión por el mismo autor, en Madrid, por doña Mariana del Valle, a costa de Francisco Martínez, mercader de libros, frontero de la calle de la Paz, 1659 [en el colofón con estos otros datos: en Madrid, en la Imprenta de la viuda de Francisco Nieto, 1675], fols. 156v-157v. Hay edición moderna, con prólogo de Miguel Mir, Madrid, Imprenta de D. A. Pérez Dubrull, 1880, donde ocupa las pp. 283-285.

«Tanto es el Niño que ves», villancico anónimo del siglo XVII

Para este 5 de enero, en cuya noche mágica los niños —y los no tan niños— esperan ilusionados la venida de los Reyes Magos —que siguiendo la Estrella llegaron a Belén para adorar al Niño Dios recién nacido— copio este hermoso (y denso de motivos) villancico anónimo del siglo XVII.

Abraham Bloemaert, Adoración de los Reyes Magos. Centraal Museum (Utrecht, Países Bajos)
Abraham Bloemaert, Adoración de los Reyes Magos. Centraal Museum (Utrecht, Países Bajos).

El texto fue bellamente musicado —con una letra más reducida— por Joaquín Díaz[1] en su vinilo Canciones de Navidad (1968, Sonoplay).

Tanto es el Niño que ves,
zagal, aunque al yelo llora,
que tres reyes a sus pies
cada cual en Él adora
Uno que vale por tres
[2].

Tierno niño y fino amante,
aunque más disimuléis
yo sé que en llorar por mí
sentís mucho y yo sé qué[3].

Si tan feliz fue mi culpa
que por ella padecéis[4],
parabién doy a mi mal
pues fue mi mal para bien[5].

Si una lágrima es por mí
bastante a satisfacer[6],
¿para qué derramáis tantas
si no tenéis para qué?

Quien su infinito valor
siente y le deja perder,
en buena fe que no logra
lo que siente en buena fe[7].

Siendo Dios querer ser hombre
bajando a uniros con él[8],
¿cómo puede ser que yo
sepa cómo puede ser?

No quiero saber de Vos
más, mi Dios, de que no sé,
por saber que el primer hombre
vino a ignorar por saber[9].

Prisioneros tres monarcas
de vuestro arbitrio a la ley,
aprender quieren finezas
de quien los vino a prender[10].

Cuando siendo rey tan grande
forma de criado os ven,
poder de Dios, ¡cómo admiran
el sumo de Dios poder!

Ricos dones ofrecieron;
de amor providencia fue
el ofrecer ocasiones,
que es cumplir el ofrecer.

En viendo a Vos y a María
se salieron de Belén;
sin más ver, de amor van ciegos
pues se vuelven sin más ver.

Tanto es el Niño que ves,
zagal, aunque al yelo llora,
que tres reyes a sus pies
cada cual en Él adora
Uno que vale por tres
[11].


[1] Voz: Joaquín Díaz. Clave: José María Morales. Contrabajo: Carlos Casasnovas. Productor: Carlos Guitart. Técnicos de sonido: Jean François Beaudet / Joaquín Cobos.

[2] Uno que vale por tres: alusión al dogma de la Santísima Trinidad: Dios es Uno y Trino (tres personas —o hipóstasis— distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y un solo Dios verdadero).

[3] yo sé que … yo sé qué: nótese que en los versos tercero y cuarto de todas las estrofas se produce un juego similar consistente en la repetición de una expresión, con alguna ligera variante, que hace que tenga un significado diferente en cada caso. Anotaré solo algunos de estos juegos, cuando me parece que requieren explicación.

[4] Si tan feliz fue mi culpa / que por ella padecéis: evoca la expresión latina felix culpa, que deriva de los escritos de san Agustín acerca de la Caída del hombre, la fuente del pecado original: «Pues [Dios] juzgó más conveniente sacar bienes de los males que impedir todos los males». Esta frase es cantada anualmente en el pregón de la Vigilia Pascual: «O felix culpa quae talem et tantum meruit habere redemptorem» («¡Oh, feliz la culpa que mereció tal Redentor!».

[5] parabién … para bien: nótese el calambur.

[6] una lágrima es por mí / bastante a satisfacer: una sola lágrima del Niño Dios bastaría para redimir al hombre.

[7] en buena fe que no logra / lo que siente en buena fe: en buena fe, en la primera mención, es locución adverbial (lo mismo que a buena fe, ʻciertamente, sin dudaʼ), mientras que la segunda vez que se emplea es complemento circunstancial ʻcon fe buena, teniendo feʼ.

[8] Siendo Dios querer ser hombre / bajando a uniros con él: Cristo reúne en su persona la doble naturaleza humana y divina, lo que teológicamente se designa con el nombre de unión hipostática. Se trata de un gran misterio, de ahí que la voz lírica añada a continuación: «¿cómo puede ser que yo / sepa cómo puede ser?».

[9] el primer hombre / vino a ignorar por saber: Adán, el primer hombre, se hizo ignorante (ʻcayó en el pecado, en la culpaʼ) por comer el fruto prohibido del árbol del conocimiento del bien y del mal, que le había sido vedado por Dios. Cfr. Génesis, 2-3.

[10] aprender … a prender: de nuevo el juego se basa aquí en el calambur.

[11] El texto procede de una recopilación de Villancicos (Zaragoza, 1672). Lo cito (con ligeras modificaciones) por La verdadera poesía castellana. Floresta de la antigua lírica popular recogida y estudiada por don Julio Cejador y Frauca…, Tomo III, Madrid, Tipografía de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1922, núm. 2052, pp. 296-298.