«En tiempo fechado», cuarta parte de «Final» de Jorge Guillén

Paso ya al análisis de la cuarta parte de Final, que citaré por la edición de Antonio Piedra (Madrid, Castalia, 1987). «En tiempo fechado» se relaciona simétricamente, como he dicho, con la segunda parte, «En la vida» (y enlaza en algunos aspectos con «Tiempo de historia», de Clamor, como señala F. del Pino). Ahora bien, ¿qué quiere indicar el autor con ese sintagma preposicional «En tiempo fechado»? Se trata de un complemento circunstancial de tiempo indicador de que el autor sigue inmerso «En la vida», pero consciente ya de que está viviendo en un tiempo fechado, de que se acerca su propio final; de ahí quizá el que se acentúe el carácter ético y aparezcan los temas de la divinidad y la conciencia de la propia muerte en esta cuarta parte.

Aire Nuestro, de Jorge Guillén

«En tiempo fechado» consta de tres secciones, la primera sin título, la segunda titulada «Otras variaciones» y la tercera de nuevo sin título. Voy a considerar brevemente el contenido general de cada una de ellas por separado, para pasar después a la ordenación temática del conjunto de los poemas. Este sistema ofrece la ventaja de mostrar con bastante claridad las preocupaciones temáticas de Guillén para poder contrastarlas con los temas en el resto del libro y en el conjunto de Aire Nuestro. Por el contrario, presenta el inconveniente de que, al hacerlo así, algunos poemas concretos se escapan de la clasificación al no poder incluirse, sin forzar las cosas, en los distintos casilleros pre-establecidos —por ejemplo, todos los poemas que son homenajes— (también se dan casos en que un mismo poema podrá ser estudiado en dos o más apartados).

La primera sección, como indicaba, no tiene título. Viene encabezada en cambio por unos versos que, a modo de lema, se refieren al quehacer poético. Siguen después cuarenta y un poemas, todos con su propio título, y muchos de ellos con una dedicatoria y con citas intertextuales (práctica común en Guillén). En ellos el autor hace gala de sus amplios conocimientos y de sus numerosas lecturas; así, irá citando —o bien estarán implícitos— distintos autores, obras y corrientes literarias: el Génesis, Antonio Machado, el Libro de Job, fray Luis de León, la mitología griega, la filosofía taoísta de Lao-Zi, las Geórgicas de Virgilio, fray Luis de León de nuevo, Lucano, las Guerras civiles de César, Sem Tob de Toledo, la Divina comedia de Dante, Petrarca, la poesía amorosa árabe, con el Diván de Hafiz, el Quijote, el Abencerraje, fray Luis de Granada, santa Teresa de Jesús, Aristóteles, El burlador de Sevilla de Tirso, el Paraíso perdido de Milton, Rousseau, La cartuja de Parma de Stendhal, el Don Álvaro del duque de Rivas, Gautier, Kierkegaard, los evangelios de Mateo y Juan, Bouvard et Pecuchet de Flaubert, Bécquer, Rubén Darío, Erasmo, Virginia Woolf, Concepció Casanova, Gabriel Miró, Antonio Machado otra vez, Gerardo Diego, Cernuda, Enrique Badosa, Murilo Mendes y Alejo Carpentier. Y tal vez se me escape algún nombre[1]. En esta primera sección se irán perfilando ya todos los temas importantes de «En tiempo fechado»: la naturaleza, Dios, la creación poética, la preocupación ética, el amor, la identidad personal

La segunda sección tiene el título de «Otras variaciones». Como otras veces, acude Guillén a un término musical a la hora de titular. Los doce poemas que componen esta sección son precisamente eso, variaciones, esto es, versiones, adaptaciones o traducciones libres de textos de otros autores. Y se llaman otras variaciones porque en Y otros poemas había dado ya el título de «Variaciones» a la primera sección de «Despedidas». Esta parte es la menos interesante, para el trabajo que esbozo, porque los temas aquí tratados vienen, por así decir, predeterminados —si bien es cierto que en la mera elección de los mismos el poeta ya ha mostrado sus preferencias.

En la tercera sección, sin título, reaparecen los mismos temas que en la primera, pero en distinta proporción: los temas del amor, la identidad personal y la naturaleza se reducen bastante, se mantiene el de la preocupación ética, aumenta el de la creación poética y, en fin, al tema de Dios se añade como novedad la idea de la muerte.

Paso ya, por tanto, al comentario de los temas que he ido apuntando, y lo haré siguiendo este esquema de ordenación en seis apartados: 1) la naturaleza y la contemplación trascendente del mundo; 2) la creación poética; 3) el deseo de Dios y la presencia de la muerte; 4) la preocupación ética (personal y social); 5) la identidad personal; y 6) el amor[2].


[1] Ver Antonio Gómez Yebra, «Los nombres propios en Final de Jorge Guillén», Analecta Malacitana, VII, 2, 1984, pp. 249-265.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La cuarta parte de “Final”, de Jorge Guillén: “En tiempo fechado”. Ordenación temática»Rilce. Revista de Filología Hispánica, 13.1, 1997, pp. 74-101.

«Final», de Jorge Guillén

Gerardo DiegoLa obra poética de Jorge Guillén se fue construyendo a lo largo de los años con una firme voluntad arquitectónica: Cántico, Clamor, Homenaje, Y otros poemas y, por último, Final son los cinco libros que componen un conjunto unitario, Aire Nuestro. La voluntad ordenadora se extiende a cada una de estas obras, cuyos poemas se agrupan en partes, secciones y subsecciones que se responden o contraponen entre sí; con ello consigue Guillén un equilibrio, una sensación de armonía para la totalidad de su producción. Veremos qué es lo que ocurre en Final; para ello, no estará de más recordar esquemáticamente las partes y secciones de que se compone:

1) Dentro del mundo

2) En la vida

     I. [Sin título]

     II. La expresión

     III. [Sin título]

3) Dramatis personae

     I. Esa confusión

     II. Fuerza bruta

     III. Epigramas

     IV. Tiempo de espera

     V. Galería

4) En tiempo fechado

     I. [Sin título]

     II. Otras variaciones

     III. [Sin título]

5) Fuera del mundo

Como vemos por los títulos, el equilibrio entre las partes es perfecto: «Dentro del mundo» (1.ª) guarda relación con «Fuera del mundo» (5.ª); «En la vida» (2.ª) se corresponde con «En tiempo fechado» (4.ª); en medio queda «Dramatis personae» (3.ª), a modo de eje que articula el conjunto del libro[1]. En cuanto a la forma métrica, de la que no me voy a ocupar, bastará con recordar que en este libro «ni siquiera faltan las clásicas décimas para que Final sea del más puro Guillén»[2].


[1] Para esta estructura interna, ver Antonio Gómez Yebra, «Final de Jorge Guillén. Estructura interna», Hora de Poesía, 38, 1985, pp. 27-31; y Francisco J. Díaz de Castro, «Estructura y sentido de Final de Jorge Guillén», Cahiers d’Études Romanes (Université de Provence), 10, 1985, pp. 139-177. Ver también José Manuel Blecua, «Sobre Final», Boletín de la Real Academia Española, XLIV, 1984, pp. 35-43.

[2] Antonio Romero Márquez, «El Final de Cántico (Un cántico sin final)», Cuenta y Razón, 9, enero-febrero 1983, p. 83; para un estudio completo al respecto, ver también Antonio Gómez Yebra, Estudio métrico de «Final» de Jorge Guillén, Málaga, El autor, 1988. Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La cuarta parte de “Final”, de Jorge Guillén: “En tiempo fechado”. Ordenación temática»Rilce. Revista de Filología Hispánica, 13.1, 1997, pp. 74-101.

La Navidad en las letras españolas: el siglo XX (1)

Si pasamos ya al siglo XX, encontraremos que la poesía de Navidad va a conocer un gran rebrote, en ambas orillas del Atlántico. El argentino Francisco Luis Bernárdez —que después de su conversión llegó a ser el máximo representante de la literatura católica de su país— nos brinda un bello «Soneto de la encarnación» sobre el maravilloso misterio de Dios hecho hombre:

Para que el alma viva en armonía
con la materia consuetudinaria
y, pagando la deuda originaria,
la noche humana se convierta en día;

para que a la pobreza tuya y mía
suceda una riqueza extraordinaria
y para que la muerte necesaria
se vuelva sempiterna lozanía,

lo que no tiene iniciación empieza,
lo que no tiene espacio se limita,
el día se transforma en noche oscura,

se convierte en pobreza la riqueza,
el modelo de todo nos imita,
el Creador se vuelve creatura.

Y volviendo la vista a España, ¿cómo no traer a estas páginas la «Canción al Niño Jesús» de Gerardo Diego? Dice así:

Si la palmera pudiera
volverse tan niña, niña,
como cuando era una niña
con cintura de pulsera.
Para que el Niño la viera…

Si la palmera tuviera
las patas del borriquillo,
las alas de Gabrielillo,
para cuando el Niño quiera
correr, volar a su vera…

Si la palmera supiera
que sus palmas algún día…
Si la palmera supiera
por qué la Virgen María
la mira… Si ella tuviera…

Si la palmera pudiera…
… la palmera…

Nacimiento de Cristo

El poeta hace aquí un magistral uso de la reticencia. La expresividad del poema, en efecto, está más en lo que se calla que en lo que se dice: la palmera dará palmas, con las que Jesús será recibido triunfalmente en Jerusalén, pero eso será para padecer poco después su Pasión y Muerte en Cruz. De ahí la callada angustia con que la Virgen —que presiente el dolor futuro de su Hijo— mira a la palmera…

Otros poetas del 27 se acercaron también al tema navideño, como por ejemplo Jorge Guillén, quien tiene una composición titulada «Epifanía», que se centra en la Adoración de los Reyes Magos a un Dios que no es rey ni rico, sino «camino, verdad y vida», mientras el Portal de Belén supone una «invitación fraternal» a todos los hombres[1].

Entre el corpus poético de Luis Rosales figuran varios poemas dedicados al Nacimiento del Niño-Dios: «Nana», «Villancico y canción de la divina pobreza»…, pero aquí copiaremos otros dos textos. El primero, «Callar…», está formado por dos décimas que repiten el último verso en una suerte de estribillo:

Dicen que el Niño ha nacido,
y el corazón en la brisa
tiene una fiesta imprecisa
de campanario sin nido…;
siempre hay un niño dormido
junto al silencio…; vivir
sin despertarle ni herir
con la nieve su garganta…;
callar, es la noche santa,
no la debemos dormir.

Callar… ¿Si el Niño tuviera
siquiera luz por abrigo,
y el viento no helara el trigo
de su sonrisa primera…?
Callar… ¿Si el Niño quisiera
descansarnos de vivir,
y el mundo dejara oír
su alegre mensajería?
Callar… Habla todavía,
no la debemos dormir.

El segundo poema se presenta bajo el título «De cómo fue gozoso el Nacimiento de Dios Nuestro Señor», y se trata de un soneto:

¡Morena por el sol de la alegría,
mirada por la luz de la promesa,
jardín donde la sangre vuela y pesa,
inmaculada tú, Virgen María!

¿Qué arroyo te ha enseñado la armonía
de tu paso sencillo, qué sorpresa
de vuelo arrepentido y nieve ilesa
junta tus manos en el alba fría?

¿Qué viento turba el monte y le conmueve?
Canta tu gozo el alba desposada,
calma su angustia el mar antiguo y bueno.

La Virgen a mirarle no se atreve,
y el vuelo de su voz arrodillada
canta al Señor, que llora sobre el heno.


[1] Ver Torcuato Luca de Tena, La mejor poesía cristiana, Barcelona, Martínez Roca, 1999, p. 266.