«Cervantes», de Bernardo López García

La composición más conocida de Bernardo López García (Jaén, 1838-Madrid, 1870) es, sin duda alguna, su oda patriótica «El dos de mayo», publicada en 1866 en El Eco del País, cuyos primeros versos se hicieron celebérrimos: «Oigo, patria, tu aflicción / y escucho el triste concierto / que forman, tocando a muerto, / la campana y el cañón…». Su producción poética quedó recogida en el volumen Poesías (Jaén, Establecimiento Tipográfico de F. López Vizcaíno, 1867, con ediciones póstumas en 1880 y 1908).

Miguel de Cervantes

A nosotros nos interesa su poema «A Cervantes», en cinco décimas, que se incluyó en 1876  en el Álbum literario dedicado a la memoria del rey de los ingenios españoles, cuyo texto dice así:

¡Gloria a Cervantes! Loor
al genio que en alto vuelo
mojó en raudales del cielo
la pluma del escritor.
¡gloria al genio seductor
que asombra, encanta y divierte!
¡Lauros al atleta fuerte
que con sus hercúleos lazos
arrojó un mundo en pedazos
a las plantas de la muerte!

Él con su genio profundo
y la fe por estandarte
cual nuevo Colón del arte
buscó para el arte un mundo;
con entusiasmo fecundo
trabajó, artista y guerrero;
y al fin consiguió altanero,
con gloria que aturde al hombre,
fijar su potente nombre
junto a Dante y junto a Homero.

Él vio otra aurora lucir
por en medio del nublado,
e hirió de muerte al pasado
presintiendo el porvenir;
dejó en la tierra, al morir,
su nombre, que el mundo aclama;
de su inspiración la llama
que brilla radiante y pura,
y una copa de amargura
tan grande como su fama.

Titán de la inspiración,
con la distancia creciendo,
va un aplauso recibiendo
de cada generación;
y es tan grande la ovación
que da el mundo a su memoria,
que si cantando victoria
se alzase en la tumba fría,
en la tumba se hundiría
bajo el peso de su gloria.

Al escuchar los rumores
que produce su talento,
toma vuelo el pensamiento
para otros mundos mejores;
porque son tan seductores
y es tan pura su belleza,
que cuando a escribir empieza
sobre el mundo, su proscenio,
todas las cumbres del genio
se humillan a su grandeza[1].


[1] Álbum literario dedicado a la memoria del rey de los ingenios españoles. Publícalo la redacción de la revista literaria «Cervantes», Madrid, Establecimiento Tipográfico de Pedro Núñez, 1876, pp. 47-48. Precede al título: «Aniversario CCLX de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra». Se recoge también en Enrique Vázquez de Aldana, Cancionero cervantino. En el cuarto centenario de don Miguel de Cervantes Saavedra, Madrid, Ediciones Stvdivm de Cultura, 1947, pp. 84-85.

«Cervantes», de Marciano Zurita

Para conmemorar el natalicio, tal día como hoy del año 1547, de Miguel de Cervantes Saavedra, copiaré un soneto de Marciano Zurita y Rodríguez (Palencia, 1887-Madrid, 1929), poeta que cabe ubicar en el momento final del Modernismo en España. Este texto salió publicado en la revista Blanco y Negro de ABC el 6 de junio de 1915, formando un tríptico con otros dos sonetos más, dedicados a «Quevedo» y a «El bachiller Sansón Carrasco» (pp. 18-20).

Miguel de Cervantes

El que a nosotros nos interesa hoy es el primero de los tres sonetos, titulado «Cervantes», que reza así (nótese especialmente el hondo lirismo del v. 4; en cuanto al v. 6, «un prelado prestome su valía», lo entiendo como alusión al cardenal Giulio Acquaviva d’Aragona que, como sabemos, tomó a su servicio a Cervantes durante un breve tiempo):

Mi padre fue corregidor de Osuna
y con mi madre en Alcalá vivía
cuando yo cometí la picardía
de nacer reclamando teta y cuna.

Llegué a mozo sin pena ni fortuna;
un prelado prestome su valía
y en Italia luche con bizarría
y en Lepanto me hirió la Media Luna.

Cautivo luego y luego rescatado,
libre después, después encarcelado
y a la fin, sin cadena ni barrote,

el genio un día se acercó a mi frente,
y besándola dulce y sonriente,
me dijo: «Escribe.» Y escribí el Quijote[1].


[1] Tomo el texto de Enrique Vázquez de Aldana, Cancionero cervantino. En el cuarto centenario de don Miguel de Cervantes Saavedra, Madrid, Ediciones Stvdivm de Cultura, 1947, p. 177.

«Quijote y Sancha» y «Por la Mancha», dos recreaciones quijotescas de Gloria Fuertes

Gloria Fuertes

Leyendo estos días la recopilación poética de Gloria Fuertes (Madrid, 1917-Madrid, 1998) titulada  Historia de Gloria (Amor, humor y desamor), encuentro en el libro de esta «stajanovista del verso» (así se define en el poema «Proceso creativo», que figura en las pp. 193-194) un par de composiciones que constituyen sendas recreaciones quijotescas: se trata de los poemas «Quijote y Sancha» y «Por la Mancha». Como este tema de las recreaciones me interesa mucho, y como creo que son textos escasamente conocidos, los transcribo aquí, sin necesidad por ahora de mayores comentarios, dada su sencillez:

QUIJOTE Y SANCHA

Llevo dentro de mí Quijote y Sancha
como toda mujer de ancha
es Castilla,
llevo dentro de mí mora y judía,
llevo un trigal, un chopo y un viñedo.

Presta a luchar con mi locura cuerda
Quijote y Sancha contra el vulgar e injusto,
el ambiente es hostil pero da gusto
cuando soporto bien la burla y befa,
y a enderezar entuertos
y a embellecer a tuertas.

Luchar con verso en ristre
por conquistar la puerta
de un amor borrascoso.
¿Dónde mi Dulcineo?
¿En qué Toboso?[1]

POR LA MANCHA

Por la Mancha
Sancho se aquijota
y Quijote se ensancha[2].


[1] Gloria Fuertes, Historia de Gloria (Amor, humor y desamor), ed. de Pablo González Rodas, 12.ª ed., Madrid, Cátedra, 2011, pp. 219-220. En el penúltimo verso suprimo la coma que figura tras «¿Dónde», entendiendo que «mi Dulcineo» no es vocativo; la frase vale ʽ¿Dónde [está] mi Dulcineo?ʼ. Además de esa doble identificación del yo lírico con Quijote y (aquí) Sancha, pareja que constituye la expresión simbólica de la dualidad idealismo / pragmatismo presente en todo ser humano, cabe destacar la introducción, en los versos finales, de un tema recurrente en todo el libro: el dolor por la pérdida de un amor o la ausencia de correspondencia por parte de la persona amada (aquí ese «Dulcineo» que augura un «amor borrascoso»).

[2] Gloria Fuertes, Historia de Gloria (Amor, humor y desamor), p. 354. El poema parece condensar en sus tres breves versos la conocida teoría de la quijotización de Sancho Panza y la sanchificación de don Quijote (con juego de palabras en en-sancha).

El soneto «Contigo irá mi sombra», recreación quijotesca de Sagrario Torres

En la entrada anterior me refería al poemario Íntima a Quijote (Madrid, Asociación de Escritores y Artistas Españoles, 1986), de Sagrario Torres, y ofrecía algunos datos sobre la autora y su intención al escribir este libro: ofrecer una carta de respuesta íntima (y de ahí el título) a la maravillosa carta de amores que el enamorado caballero escribe en Sierra Morena a su amada Dulcinea del Toboso. Hoy comentaré brevemente la estructura externa del libro, y reproduciré luego uno de sus poemas, el bello soneto con que se cierra, titulado «Contigo irá mi sombra». Este texto constituye una buena síntesis de su contenido y quintaesencia la intención de la autora al escribirlo (tras ver morir a don Quijote, «ante su cadáver juré fidelidad inquebrantable a su espíritu y a su fama», escribía en las palabras introductorias). En fin, podrá servir, además, como una pequeña muestra del estilo poético de Sagrario Torres.

Tras las dedicatorias y las dos páginas con unas someras explicaciones dirigidas «Al lector» (pp. 9-10) —algunos de cuyos párrafos ya reproduje—, encontramos a modo de lema las célebres palabras dedicadas por Dostoievski, en su Diario de un escritor (1873-1876), a la inmortal novela cervantina: «No se puede hallar una obra más profunda y poderosa que el Quijote», etc. Después, el libro se divide en las siguientes secciones:

—Una Primera parte, titulada «Visiones dolorosas y excelsas en Cervantes, donde se ha querido ver lo sobrenatural para el alumbramiento de Don Quijote». Consta de tres apartados: una «Introducción» (el poema «Un hombre entre paredes húmedas»); I, «Quijote: No pudo ser un ciego azar»;  y II, «Quijote: Creció tu cuerpo en lentas perfecciones».

—Un Intermedio, con cuatro apartados: I, «Quijote: Santo mío. Altar para mi incienso», encabezado por un lema de Unamuno en Vida de don Quijote y Sancho sobre la Tolosa y la Molinera; II, «Quijote: Las nodrizas celestes»; III, «En homenaje a [la] Tolosa y la Molinera»; y IV, «Quijote: En la noche de luna».

—La Segunda parte, titulada «Después de las amarguras que sufrió Don Quijote durante largo tiempo, y que a ninguna, por conocidas, se hace alusión», que se divide en: I, «Muchos soles brillaron»; II, «Quijote: El mundo ya no es grande», con otro lema unamuniano, extractado también de la Vida de don Quijote y Sancho, ahora relacionado con Aldonza; y III,  «Quijote: Después de cien galas».

—Cierra el libro una composición última, el soneto «Contigo irá mi sombra», que constituye una especie de canción de envío a don Quijote, ya después de su muerte.

Muerte de Alonso Quijano el Bueno

El poemario de Sagrario Torres bien merece una atención más detenida. Mientras llega el momento de dedicarle ese análisis de mayor profundidad[1], me limitaré a copiar aquí el hermoso soneto final, que sintetiza el mensaje de todo el poemario, el cual constituye una interesante recreación poética quijotesca. Aquí la locura amorosa se ha contagiado por completo a la voz lírica femenina. Especialmente hermoso resulta el segundo terceto, en el que la mujer promete una compañía fiel («Contigo irá mi sombra») al caballero ideal que —más allá de su muerte física– seguirá peleando eternamente contra la injusticia («Cuando cruces / de nuevo un mundo de dolor y queja»), pero contando siempre con el apoyo de su enamorada, compañera puesta en pie a su lado («me alzaré como un monte hacia tu vida») para ayudarlo incondicionalmente en la defensa de la libertad y de todos los valores positivos que encarnaron —y seguirán encarnando— la lucha y los anhelos todos de don Quijote. Este es el texto completo del poema:

Bajo mi rostro a tu perfil yacente
que alumbra el lecho de tu alcoba oscura.
Un escarchado arroyo es tu figura
y en ríos van mis ojos a tu frente.

Yo caliento tu helor inútilmente.
Párpados tuyos besa mi locura,
pómulos, labios de tu boca pura.
En fuego y frío estamos solamente.

Vienen tinieblas a envolver las luces
de tu cuerpo que asciende y que me deja
para siempre olvidada y confundida.

Contigo irá mi sombra. Cuando cruces
de nuevo un mundo de dolor y queja,
me alzaré como un monte hacia tu vida[2].


[1] Puede verse la reseña de Francisco Mena Cantero, «Sobre Íntima a Quijote», Cuadernos de Nueva Poesía (Asociación Prometeo de Poesía), abril de 1987, s. p.; y, con más detalle, el estudio de José María Balcells, «Sagrario Torres y su poema de amor al Quijote», en Jesús-María Nieto Ibáñez (coord.), Lógos Hellenikós. Homenaje al Profesor Gaspar Morocho, León, Universidad de León, 2003, pp. 903-911.

[2] Sagrario Torres, Íntima a Quijote, Madrid, Asociación de Escritores y Artistas Españoles, 1986, p. 65. 

«Don Quijote», poesía de Francisco A. de Icaza

Durante los meses de abril y mayo de 1905, con ocasión del III Centenario de la publicación de la Primera parte del Quijote, la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid organizó un amplio ciclo de conferencias en el que intervinieron Rafael Salillas, Julio Cejador y Frauca, Cecilio de Roda, Antonio Palomero, Andrés Ovejero, Francisco Navarro Ledesma, Ramón Pérez de Ayala, Enrique de Mesa, Ricardo Royo Villanova, Alfredo Vicenti, José Ibáñez Marín, José Martínez Ruiz (Azorín), Adolfo Bonilla y San Martín, José Nogales, Juan José Morato, Rafael Urbano, Mariano Miguel de Val, José Canalejas, entre otros[1].

DonQuijote_EduardoBarcia

El día 13 de mayo, en la velada-resumen de las conferencias celebrada en el Paraninfo de la Universidad, el destacado actor Ricardo Calvo recitó las «Letanías de nuestro señor don Quijote», de Rubén Darío, y la poesía de Francisco A. de Icaza titulada «Don Quijote». El texto rubeniano es bastante famoso, pero el de Icaza creo que no resulta tan conocido, y bien merece la pena copiarlo aquí. El texto dice así:

¡Oh, famoso caballero,
el de la Triste Figura!,
ha reído el mundo entero
tu locura.

Sin pensar que en el abismo,
término de las edades,
locuras y vanidades
son lo mismo.

Que por diversos engaños,
cubiertos con altos nombres,
van a matarse los hombres
en rebaños.

Y en aventuras andantes,
piensan por encantamento
que los molinos de viento
son gigantes.

Se ríen de que trastornes
lo real en tus empresas;
se olvidan de las princesas
maritornes.

De que siempre habrá quien fíe
en la bella Altisidora,
si de amor dice que llora
cuando ríe.

Y que, triste o venturoso,
es el amador, quien crea
para amar, su Dulcinea
del Toboso.

Se liberta a galeotes,
se combate con yangüeses,
se dan tajos y reveses
por azotes.

Y en los mundos del ensueño
se va a ciegas y al acaso,
sustituyendo a Pegaso,
Clavileño.

Y ni fieras ni titanes
habrá que la marcha impidan,
¡del mismo a quien intimidan
los batanes!

¡Oh, famoso caballero,
el de la Triste Figura!,
ha reído el mundo entero
tu locura.

Sin mirar que en el abismo,
término de las edades,
todas nuestras vanidades
son lo mismo[2].


[1] Tales conferencias se reprodujeron hace unos años en el libro Don Quijote en el Ateneo de Madrid, ed. de Nuria Martínez de Castilla Muñoz, Madrid, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, 2008.

[2] El autor la incluyó en su libro La canción del camino, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1905. Cito por Don Quijote en el Ateneo de Madrid, ed. de Nuria Martínez de Castilla Muñoz, pp. 367-368, con algún ligero retoque en la puntuación.

El soneto a «Cervantes» de Ricardo Mujía

El abogado boliviano Ricardo Mujía Linares (Sucre, 1860-Sucre, 1938) fue profesor de Literatura e Historia en el Colegio Nacional Junín de su ciudad natal, y de Derecho Internacional en la Universidad Mayor de Chuquisaca, en la que alcanzaría el puesto de rector. Ocupó diversos cargos políticos (secretario de la Presidencia de la República, oficial mayor del Ministerio de Instrucción Pública, ministro de Gobierno y de Relaciones Exteriores) y, como diplomático, fue secretario de la Legación de Bolivia en Brasil, encargado de Negocios en Perú y ministro de la Legación en Paraguay y en Argentina.

En su faceta de poeta, publicó algunos libros —Ensayos literarios (1881), Poesías líricas (1898) y Penumbras (1907)— que lo sitúan en la transición del romanticismo al modernismo. Su inspiración brilla de forma especial en sus poemas épicos de tono patriótico. Así, en 1925 fue premiado con la Flor Natural y la Banda del Gay Saber en el certamen poético del primer centenario de la república por su composición titulada «La creación de Bolivia». En el terreno de la dramaturgia compuso piezas como las tituladas Orden superior, Pepetes, Bolívar en Junín o El mundo que juzga, entre otras. Cuenta además en su haber con obras didácticas y otras relacionadas con el trabajo que desarrolló en la delegación constituida en Buenos Aires para discutir la cuestión de límites territoriales entre Bolivia y Paraguay[1].

Combate naval de Lepanto (Palacio del Senado, Madrid)

En cualquier caso, en nuestro recorrido panorámico por la presencia de Cervantes y los temas cervantinos en la poesía boliviana contemporánea, debemos recordar su soneto «Cervantes», en el que se predica que la verdadera gloria del alcalaíno no es su vida militar, su heroica participación en la trascendental batalla naval contra el turco de 1571 («La gloria de Cervantes no es Lepanto», tal es el primer verso), sino sus inmortales creaciones literarias, el Quijote y don Quijote, símbolo del ser humano que lucha en pos del Ideal:

La gloria de Cervantes no es Lepanto;
no es el laurel de la batalla cruenta,
conquistado al fragor de la tormenta,
entre alaridos de dolor y espanto…

Su gloria está en un libro, que es el canto
a la eterna ansiedad que el alma alienta;
su gloria está en el libro en que nos cuenta
todo lo que es la vida: Risa y Llanto…

Donde el glorioso Don Quijote, ufano
por desfacer entuertos, con su lanza,
lucha, lleno de ardor… y lucha en vano…

Ese libro de amor y de esperanza
es el poema del Delirio humano,
buscando el ideal, que nunca alcanza[2].


[1] Más datos sobre el autor pueden verse en Luis R. Quiroz (ed.), Cervantes y don Quijote en Bolivia, La Paz, PROINSA Industrias Gráficas, 2009, pp. 270-278.

[2] Cito por Luis R. Quiroz (ed.), Cervantes y don Quijote en Bolivia, p. 279, con algún ligero retoque en la puntuación; mantengo las mayúsculas del original. En el verso 6 enmiendo la lectura «cierna» por «eterna». El texto se recoge también en Walter Arduz C., Antología de poetas de Chuquisaca, Sucre, Imprenta Universitaria, 1977.

Cervantes, de nuevo, personaje de ficción: «La sombra de otro» (2014), de Luis García Jambrina

Hace pocas semanas se presentaba y salía a la venta la nueva obra narrativa de Luis García Jambrina, La sombra de otro (Barcelona, Ediciones B, 2014), que novela la vida de Miguel de Cervantes, narrada por su enemigo Antonio de Segura[1].

La sombra de otro, de Luis García Jambrina

La faja publicitaria anuncia: «La vida de Cervantes como nadie la había contado hasta ahora»; la frase que figura en la cubierta bajo el título es «La mejor novela de Cervantes fue su vida»; y estas son las palabras que leemos en la contracubierta del libro:

En una librería de Toledo, un profesor de literatura encuentra, por casualidad, unos papeles antiguos escritos en caracteres arábigos. Se trata de la «confesión» de Antonio de Segura, enemigo en la sombra de Miguel de Cervantes, a quien envidia con toda su alma y persigue de manera implacable con la intención de destruirlo. En ella Segura nos relata, desde la cárcel, cómo conoció a Cervantes en su juventud y cómo fue herido por él en el curso de una pelea, suceso que cambiará para siempre el destino de ambos.

A partir de ahí se suceden las peripecias, los misterios, las intrigas, los conflictos y las rivalidades personales y políticas, las luchas por la supervivencia y por hacerse un hueco en la Corte y en el mundo de las letras, hasta componer un fabuloso recorrido por la vida del autor del Quijote. De las calles de la Villa de Madrid a la ciudad de Argel, de la inspiradora austeridad manchega a la exuberancia sevillana, los principales episodios de la vida del genio se suceden en un argumento tan apasionante como riguroso.

Una novela histórica de calidad en la que no faltan la ironía y los guiños cervantinos, con una fiel ambientación histórica y unos personajes memorables, impactante en sus revelaciones, y llena de intriga y acción.

Tenemos, pues, que Luis García Jambrina (Zamora, 1960) vuelve de nuevo su mirada a los escritores de nuestros Siglos de Oro, tras el éxito obtenido con El manuscrito de piedra (2008) —que le mereció en el año 2009 el Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza— y El manuscrito de nieve (2010), novelas histórico-detectivescas en las que Fernando de Rojas, estudiante de Leyes en Salamanca —más tarde bachiller y autor que terminaría completando La Celestina—, investiga sendos asesinatos, el de un catedrático de Teología y el de un estudiante. García Jambrina es autor además de En tierra de lobos (2013), novela negra ambientada en la España de los años cincuenta, y de los libros de cuentos Oposiciones a la morgue y otros ajustes de cuentas (1995) y Muertos S. A. (2005).

Con La sombra de otro, el autor, profesor titular de Literatura Española en la Universidad de Salamanca, recrea desde la ficción literaria la vida de Cervantes, que es en su opinión un personaje absolutamente novelesco —muy cierto—, aunque muy poco tratado en el mundo de la ficción —afirmación esta matizable, pues desde el Romanticismo hasta nuestros días son bastantes los dramas y las novelas que, con mayor o menor acierto, con mejor o peor calidad literaria, han presentado al autor del Quijote como personaje de ficción—. Por ejemplo, en este vídeo de la Universidad de Salamanca en el que se presenta su novela, el escritor indica que existe poca ficción sobre Cervantes, seguramente porque es un personaje que impone mucho:

http://tv.usal.es/videos/1731/luis-garc%EF%BF%BDa-jambrina.-la-sombra-de-otro

La novela, con sus 398 páginas, queda en lista de espera para una próxima, atenta y apasionante lectura, y sin duda que esta nueva recreación literaria cervantina merecerá un comentario detallado más adelante. Mientras esa valoración personal llega, el lector interesado puede ver algunas de las elogiosas opiniones vertidas hasta la fecha —que en parte responden, claro, al habitual marketing editorial— sobre la misma:

«Muy atractiva, muy inteligente, muy bien construida. Un extraordinario compendio de lucidez y verosimilitud» (J. M. Caballero Bonald)

«Muchos guiños cervantinos, rigor, respeto, aventura, intriga y acción son elementos que se entrelazan en La sombra de otro, su tercera novela histórica tras la exitosa El manuscrito de piedra (Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza)» (El Mundo)

«Luis García Jambrina demuestra que la ficción es necesaria donde la Historia no llega» (ABC)

«Una propuesta llena de encanto y calidad para cualquier lector interesado en acercarse a la figura de un genio irrepetible» (Juan Bolea, El Periódico de Aragón)

«Es la primera novela histórica de entidad que se publica sobre Cervantes. […] Está destinada a ser un fenómeno editorial» (Tiempo)

«Luis García Jambrina une los puntos alrededor de Cervantes y aprovecha para reclamar al padre del Quijote como referente que nos permita recuperar la autoestima» (Miguel Barrero, Qué leer)

«Una novela repleta de rigor histórico pero también de conflictos, aventura e intriga que sin duda harás las delicias de todos los amantes del género» (Qué locura de libros)

«La sombra de otro hilvana algunos de los puntos más enigmáticos y polémicos de la trayectoria de Cervantes en un relato tan apasionante como inteligente» (Culturamas)

O consultar, igualmente, algunos de los enlaces donde se refiere la reciente publicación de La sombra de otro, por ejemplo estos:

http://www.todoliteratura.es/noticia/7600/EVENTOS/Luis-Garcia-Jambrina-novela-la-vida-de-Cervantes-en-La-sombra-de-otro.html

http://www.laopiniondezamora.es/zamora/2014/10/13/luis-garcia-jambrina-reivindica-cervantes/794913.html

http://www.culturamas.es/blog/2014/10/13/luis-garcia-jambrina-novela-la-vida-de-cervantes-en-la-sombra-de-otro/

http://salamancartvaldia.es/not/60619/luis-garcia-jambrina-presenta-su-novela-historica-la-sombra-de-otro-/

http://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2014/10/15/543b882cca4741bc338b456e.html


[1] El colofón de la novela es: «Este libro se terminó de imprimir en Barcelona el 29 de septiembre, día de san Miguel y fecha en la que se supone nació Miguel de Cervantes, en Alcalá de Henares, en el año 1547».

La recepción del «Quijote» en el siglo XX

Vida de don Quijote y Sancho, de UnamunoSi pasamos ahora al siglo XX, debemos recordar que algunas aportaciones fundamentales se producen con motivo del III Centenario, en 1905, de la publicación de la Primera Parte del Quijote[1]. En ese año se publican la Vida de don Quijote y Sancho de Unamuno y La ruta de don Quijote de Azorín. La primera de esas obras es una recreación mítica de la novela cervantina, centrada en el drama vital de los personajes de don Quijote y Sancho. De acuerdo con la interpretación unamuniana, las novelas intercaladas y otros aspectos formales del Quijote quedan relegados a un plano muy secundario, y se da toda la importancia a la problemática existencial de los protagonistas. Para Unamuno, Cervantes es un creador inconsciente de la trascendencia de su creatura: para él, don Quijote, el personaje, está por sobre Miguel de Cervantes, el escritor. Por lo que toca a Azorín, de acuerdo con su práctica habitual de establecer una aproximación cercana a los clásicos (y frente a la tendencia a trabajar en abstracto de los críticos cervantinos), va a centrar su mirada en las gentes y en las tierras de la Mancha, en sus paisajes y costumbres, porque para él el Quijote es «un libro de realidad». También el máximo poeta del Modernismo, el nicaragüense Rubén Darío, se interesó, por esas mismas fechas, en Cervantes y don Quijote, dedicándoles algunas composiciones poéticas, ensayos y narraciones, entre las que cabe destacar su magistral «Letanía de nuestro señor don Quijote»[2], publicada en Cantos de vida y esperanza (1905).

Meditaciones del Quijote, de Ortega y GassetEn la década siguiente, encontramos otro aporte fundamental: las Meditaciones del «Quijote» (1914) de José Ortega y Gasset, libro en el que, de acuerdo con su filosofía racio-vitalista, interpreta al personaje como un símbolo del hombre que tiene un proyecto vital y lucha por hacerlo realidad. Una década después se suma otro título señero en la historia de la recepción del Quijote: nos referimos a la obra de Américo Castro El pensamiento de Cervantes (1925), que marca una ruptura frente a la crítica anterior. Para Castro, Cervantes estaba familiarizado con las poéticas del Renacimiento y el tema central del Quijote es la polémica relación entre historia y poesía. Señala además que el pensamiento de Cervantes es unitario, un sistema coherente que se va conformando en todas sus obras, en el que el aspecto artístico y la expresión de una ideología van de la mano. En cualquier caso, ese pensamiento es difícil de aprehender porque se expresa de una forma ambigua, tamizada por la ironía y el perspectivismo. Décadas después, con Hacia Cervantes (1957) y Cervantes y los casticismos españoles (1966), Castro modifica las ideas expuestas en 1925 y plantea su teoría del Quijote como manifestación cimera del sistema de valores de los judeoconversos españoles.

Al año siguiente, 1926, se añaden otros dos trabajos significativos: la Guía del lector del «Quijote» de Salvador de Madariaga y Don Quijote, don Juan y la Celestina de Ramiro de Maeztu. Desde ese momento, las líneas de interpretación se multiplican y diversifican y, de acuerdo con Close[3], podríamos resumirlas —muy esquemáticamente— en las siguientes tendencias: 1) perspectivismo (Spitzer, Riley, Mia Gerhard); 2) existencialismo (Castro, Gilman, Durán, Rosales); 3) narratología o socio-antropología (Redondo, Joly, Moner, Segre); 4) estilística (Hatzfeld, Spitzer, Casalduero, Rosenblat); 5) inventario de fuentes del pensamiento (Bataillon, Vilanova, Márquez Villanueva, Forcione, Maravall); 6) oposición al impulso modernizante de Castro (Auerbach, Parker, Green, Riquer, Russell, Close). Hay además otras corrientes críticas que derivan de tradiciones antiguas: 7) actitud ante la tradición caballeresca (Murillo, Williamson, Eisenberg); 8) estudio de errores (Stagg, Flores); 9) lengua y estilo (Amado Alonso, Rosenblat); 10) biografía de Cervantes (McKendrick, Canavaggio); 11) estudios del género novela (Riley, estructuralismo, postmodernismo)[4].

En definitiva, cada época, cada generación, cada corriente crítica y filosófica ha leído e interpretado el Quijote de forma diferente, proyectando sobre él sus preocupaciones y problemáticas. Sobre la novela cervantina se han acumulado multitud de interpretaciones literarias, ideológicas, simbólicas, estéticas, etc., aunque todas esas interpretaciones se podrían sintetizar en dos grandes líneas: la que incide en los aspectos serios (el Quijote como libro profundo, con un gran contenido ideológico, etc.) y la que se centra en los aspectos cómicos (el Quijote como libro de entretenimiento, lleno de burlas y gracias del lenguaje). Todo este crisol de interpretaciones constituye una prueba palpable de la riqueza de una obra con inmensas potencialidades, de un clásico, en suma, que sigue y seguirá dando lugar a inagotables acercamientos críticos.


[1] Este texto está extractado de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006. Lo reproduzco aquí con ligeros retoques.

[2] Comienza con esta estrofa: «Rey de los hidalgos, señor de los tristes, / que de fuerza alientas y de ensueños vistes, / coronado de áureo yelmo de ilusión; / que nadie ha podido vencer todavía, / con la adarga al brazo, toda fantasía, / y la lanza en ristre, toda corazón».

[3] Anthony Close, «Interpretaciones del Quijote», estudio preliminar en Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, vol. I, pp. CLX-CLXIV.

[4] Ver Close, «Interpretaciones del Quijote», pp. CXLII-CLXV.

La recepción del «Quijote» en los siglos XVIII y XIX

En el siglo XVIII, la recepción de la novela cervantina se centra sobre todo en el aspecto satírico[1]. Para los eruditos españoles de esa centuria, el Quijote constituye una sátira moralizante que sigue la premisa horaciana del delectare aut prodesse. Como indica Aguilar Piñal, el acento no está puesto

en la genialidad de la ficción novelesca, ni en las implicaciones psicológicas de los personajes, cuanto en la utilidad que para la nueva sociedad que se quiere construir presenta el aspecto satírico del Quijote. Así, paradójicamente, el siglo antinovelesco exalta hasta límites de veneración la genial novela que destruye la inverosímil, mágica e irracional novela de caballerías[2].

Por ello, la lectura ilustrada se ciñe a la idea de un «quijotismo positivo» que alaba la destrucción del pernicioso género caballeresco por parte de Cervantes. De este modo, don Quijote sigue siendo visto como un personaje ridículo y risible, que sirve de vehículo para ejemplificar el daño que puede provocar la lectura de este tipo de ficciones. Asimismo, el Quijote inspira una serie de comentarios y continuaciones que no se quedan únicamente en la sátira de la novela de caballerías sino que se abren a la crítica de la sociedad y de las costumbres. Como señala Álvarez Barrientos, esta actitud crítica podrá apoyar ideologías diversas e incluso contrapuestas:

Los hombres del siglo XVIII se sirvieron de su modelo para criticar todo aquello que les parecía censurable. Este es el motivo por el que podemos encontrar a Don Quijote respaldando críticas de ideologías distintas. Don Quijote es un medio del que se sirven unos y otros para censurar la realidad, dando origen, así, a la ausencia de uniformidad ideológica en la crítica[3].

Don Quijote de la ManchuelaComo he indicado, el Quijote no solo motiva opiniones por parte de los autores ilustrados, sino que también inspira la producción de textos literarios que continúan las aventuras del ingenioso hidalgo y su escudero en distintas circunstancias o que relatan historias de personajes que tienen rasgos quijotescos, como por ejemplo las novelas Don Quijote de la Manchuela (1767) de Donato de Arenzana (publicada con el seudónimo de Cristóbal Anzarena) o Don Quijote en la Cantabria (1782) de Alonso Ribero y Larrea y, en el terreno del teatro, Las bodas de Camacho el rico (1784) de Juan Meléndez Valdés, entre otras muchas piezas[4]. Se estudia más científicamente la biografía de Cervantes (Mayans y Siscar escribe su Vida de Miguel de Cervantes Saavedra y Vicente de los Ríos un Análisis del «Quijote») y se convierte en autor canónico, pasando el Quijote a formar parte de los programas de enseñanza. A finales del siglo XVIII la percepción del personaje de don Quijote comienza a cambiar: pasa a ser considerado como un hombre virtuoso y ejemplar en muchos aspectos. Recordemos lo que planteaba Caldalso en sus Cartas marruecas al decir que en el trasfondo del Quijote hay «un conjunto de materias profundas e importantes». Este cambio significa un avance hacia lo que será la interpretación romántica.

Asimismo, fuera de España, el Quijote cobra entonces mayor renombre y es leído en las numerosas ediciones aparecidas fundamentalmente en Inglaterra y Francia. La obra va a influir en la gestación de la gran narrativa inglesa, a través de autores tan importantes como Fielding (Joseph Andrews y Tom Jones), Sterne (Tristam Shandy), Lennox (The Female Quixote), etc. Igualmente dejará su huella en novelistas franceses como Lesage, Marivaux y Florian.

Portada de la edición del Quijote por Diego ClemencínYa en el siglo XIX[5], uno de los hitos que debemos mencionar es la edición del Quijote de Diego Clemencín (1833-1839), quien anota exhaustivamente, con rigurosa erudición, todos los aspectos relacionados con las novelas de caballerías, al tiempo que manifiesta todos los reparos neoclásicos frente a la obra, a la que critica por ir contra la pureza de la lengua (insiste en las continuas incorrecciones gramaticales y estilísticas de Cervantes) y por no respetar las reglas del arte. Merece la pena recordar también la romántica empresa de Juan Eugenio Hartzenbusch y Manuel Rivadeneyra, quienes instalaron una imprenta en la cueva de Medrano de Argamasilla de Alba para preparar una edición de las Obras completas de Cervantes, en el mismo lugar donde suponían que había estado preso el escritor y donde habría sido pergeñado el Quijote. En Europa, el Romanticismo alemán (Schegel, Schelling, Tieck, Richter…) tomó el Quijote como modelo y cima ideal del género novela. Además de valorarse cuestiones narrativas y estilísticas, en el aspecto ideológico se empieza a fraguar la lectura simbólica de don Quijote como un héroe universal que encarna la escisión del hombre entre espíritu y materia. Así pues, poco a poco la obra se va cargando de valores serios y cada vez más profundos.

El siglo XIX va a insistir, igualmente, en el carácter histórico-nacionalista de la novela. Desde mediados del XVII pesaba sobre el autor del Quijote la acusación de antipatriotismo, al considerarse que había acabado no solo con las novelas de caballerías, sino además con el espíritu caballeresco español. En cambio, en un momento en el que en España se da una idealización romántica de la caballería medieval, saldrán en su defensa escritores y eruditos como Agustín Durán y, algunas décadas después, Juan Valera, Marcelino Menéndez Pelayo o Ramón Menéndez Pidal. Con la interpretación de los autores que están a caballo de los siglos XIX y XX, el Quijote se va a convertir en el paradigma del tradicionalismo de la cultura castellana, y sobre su trascendencia reflexionarán con frecuencia los noventayochistas, los regeneracionistas y los novecentistas, cuando aborden en sus obras el problema de España, cuya gravedad se ve acentuada a raíz del Desastre de 1898 (derrota militar, pérdida de los últimos restos del imperio colonial…). En don Quijote verán encarnado el espíritu nacional, la quintaesencia de la vieja España.


[1] Este texto está extractado de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006. Lo reproduzco aquí con ligeros retoques.

[2] Francisco Aguilar Piñal, «Cervantes en el siglo XVIII», Anales cervantinos, XXI, 1983, p. 161.

[3] Joaquín Álvarez Barrientos, «Sobre la institucionalización de la literatura: Cervantes y la novela en las historias literarias del siglo XVIII», Anales cervantinos, XXV-XXVI, 1987-1988, pp. 47-48.

[4] Para referencias sobre esta materia, remito al ya citado trabajo de Aguilar Piñal «Cervantes en el siglo XVIII».

[5] Para más detalles, ver Leonardo Romero Tobar, «El Cervantes del XIX», Anthropos, 98-99, julio-agosto 1989, pp. 116-119.

Trascendencia del «Quijote»: su recepción en el siglo XVII

Portada del Quijote de 1605La inmortal novela de Miguel de Cervantes es una obra cumbre de la literatura hispánica y universal[1]. Entendida en su momento como una narración eminentemente cómica (la historia de un hidalgo loco y su bonachón escudero, cuyas aventuras hacen reír a todo el mundo), el Quijote ha acumulado después, a lo largo de los siglos, interpretaciones de muy diversa índole que lo convierten en una narración de enorme riqueza y profundidad de sentido. En efecto, el Quijote ha sido leído como la última de las novelas de caballerías, como constatación del fracaso del sueño heroico y símbolo de la decadencia española, como síntesis del conflicto idealismo / realidad…; y don Quijote, además de modelo de experiencia vital, ha sido considerado como un héroe desde el punto de vista existencial. Por otra parte, la lectura del Quijote nos permite conocer a fondo la problemática histórico-social del tiempo en que fue escrito, la España del Siglo de Oro. En sucesivas entradas iré repasando —de forma muy sucinta— las principales interpretaciones que se han dado a lo largo del tiempo, es decir, resumiré a grandes rasgos la historia de la recepción del Quijote.

En el siglo XVII la interpretación de la novela y del personaje protagonista es eminentemente cómica: el Quijote es un libro de entretenimiento y don Quijote una figura[2] ridícula, un loco risible del que todos se pueden burlar. La locura del amo y la necedad de su escudero provocarán la risa de todos los lectores, y de inmediato Sancho y don Quijote se convertirán en personajes conocidos por todo el mundo, como ya apunta Sansón Carrasco en II, 3 al comentar la popularidad de la Primera Parte; cuando don Quijote indica que su historia «tendrá necesidad de comento para entenderla», el bachiller señala:

—Eso no […], porque es tan clara, que no hay cosa que dificultar en ella: los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran; y, finalmente, es tan trillada y tan leída y tan sabida de todo género de gentes, que apenas han visto algún rocín flaco, cuando dicen: «Allí va Rocinante». Y los que más se han dado a su letura son los pajes: no hay antecámara de señor donde no se halle un Don Quijote, unos le toman si otros le dejan, estos le embisten y aquellos le piden (pp. 652-653)[3].

Efectivamente, al poco tiempo de aparecer la novela, don Quijote y Sancho alcanzan una enorme popularidad, y se ha rastreado su abundante presencia en bailes carnavalescos, mascaradas, fiestas estudiantiles, etc. Además, de forma inmediata, don Quijote y otros personajes saltan al teatro, se convierten en personajes dramáticos: recordemos, entre otras piezas, el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote (1617), de Francisco de Ávila, dos comedias de Guillén de Castro (Don Quijote de la Mancha y El curioso impertinente, 1618), una comedia titulada Don Quijote de la Mancha de Calderón de la Barca por desgracia perdida, etc. Y ya en ese mismo siglo XVII comienzan a difundirse las primeras ediciones con ilustraciones, sin las cuales la novela será después poco menos que inimaginable.


[1] Este texto está extractado de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006. Lo reproduzco aquí con ligeros retoques.

[2] Véase Melchora Romanos, «Sobre la semántica de figura y su tratamiento en las obras satíricas de Quevedo», en Actas del VII Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, Roma, Bulzoni, 1982, pp. 903-911 y «La composición de las figuras en El mundo por de dentro», Revista de la Facultad de Filosofía y Letras de la Pontificia Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires, VI-VIII, 1982-1983, pp. 174-84.

[3] Cito por Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, 2 vols.