Otros elementos religiosos en la poesía cervantina (2)

Volviendo a La Galatea, la novela pastoril cervantina, hay otros lugares similares donde podemos apreciar reminiscencias evangélicas, o la utilización de léxico religioso en un contexto amoroso, etc. Veamos:

Ecos del Eclesiastés, 2, 11 los encontramos en el Libro II, cuando un mozo ermitaño canta al son de un arpa:

De la instabilidad, de la mudanza
de las humanas cosas,
¿cuál será el atrevido que se fíe?[1]

—La afirmación de que la fe sin obras es fe muerta («Pues como el cuerpo sin el espíritu es muerto, así también es muerta la fe sin las obras», Epístola de Santiago, 2, 26) la acomoda Cervantes al amor profano en el Libro III, en unos versos que el desdeñado Mireno dedica a Silveria:

Nadie por fe te tuvo merecida
mejor que yo; mas veo que es fe muerta
la que con obras no se manifiesta[2].

—La idea de que el camino del vicio es ancho, y estrecho el de la virtud, eco de Mateo, 7, 13-14 («Entrad por la puerta estrecha porque ancha es la puerta y espaciosa la senda que lleva a la perdición…») o de Lucas, 13, 24, aparece en ese mismo Libro III, en los tercetos de Timbrio a Nísida:

La senda de mi bien hállola estrecha;
la de mi mal tan ancha y espaciosa
cual de mi desventura ha sido hecha[3].

El sendero ancho y el angosto


[1] La Galatea, ed. de Francisco López Estrada y María Teresa López García-Berdoy, 2.ª ed., Madrid, Cátedra, 1999, pp. 271-272.

[2] La Galatea, ed. López Estrada y López García-Berdoy, p. 322; ver P. Teófilo Antolín, «El uso de la Sagrada Escritura en Cervantes», Cuadernos de Literatura. Revista General de las Letras, III, 7, enero-febrero de 1948, pp. 118-119.

[3] La Galatea, ed. López Estrada y López García-Berdoy, p. 313; ver Antolín, 1948, p. 133.

Néstor Luján: «Decidnos, ¿quién mató al conde?» (1987)

Decidnos, ¿quién mató al conde?, de Néstor LujánLas dos obras mencionadas en entradas anteriores, La vida cotidiana en el Siglo de Oro español y Madrid de los últimos Austrias, redactadas ambas con un tono eminentemente divulgativo, ponen de manifiesto el interés de Néstor Luján por la época y demuestran su amplio conocimiento acerca de ella: personajes, espacios, ambientes, modas, usos sociales… Constituyen, por así decir, la base teórica para sus ficciones ambientadas en el Siglo de Oro, para sus novelas históricas, la primera de las cuales fue Decidnos, ¿quién mató al conde?, que apareció el año 1987[1]. El título es un intertexto literario, tomado del segundo verso de una décima atribuida a Góngora:

Mentidero de Madrid,
decidnos quién mató al Conde;
ni se sabe ni se esconde,
sin discurso discurrid:
dicen que lo mató el Cid
por ser el Conde Lozano;
¡disparate chabacano!
La verdad del caso ha sido
que el matador fue Bellido
y el impulso soberano[2].

En unas palabras explicativas preliminares indica Luján que «Se trata simplemente de una novela de capa y espada, histórica y truculenta» (p. 15). La acción arranca a partir del 21 de agosto de 1622, fecha de la muerte del conde de Villamediana, y plantea con verosimilitud diversas hipótesis posibles sobre su causa, con distintos agentes y móviles. En este sentido, su segunda novela, Por ver mi estrella María, cuya acción ocurre en el año de 1623, vendrá a ser una continuación cronológica de la primera. Además, reaparecerán en ella algunos personajes de la anterior: el conde de Bristol, el duque de Buckingham, y sobre todo María de Coutiño[3] y el alemán Hugo von Stein, que es precisamente quien investiga el asesinato del aristócrata[4].

Entrada sobre Juan de Tassis, conde de Villamediana, en Wikipedia:
http://es.wikipedia.org/wiki/Conde_de_Villamediana


[1] Utilizo la edición de Barcelona, Plaza & Janés, 1998. El personaje de Villamediana, y su violenta muerte, ha inspirado también a otros autores de novela histórica.

[2] Los mentideros eran ciertos espacios de la Villa y Corte donde los madrileños se reunían para conversar y compartir noticias y rumores. Los más famosos fueron el de representantes en la plazuela del León, el de las losas de Palacio (en la parte delantera del Alcázar Real) y las gradas de la iglesia de San Felipe, en la Puerta del Sol.

[3] En el índice de personajes leemos: «Prima de las Tabora. Delicada y amorosa. Enamoró al caballero alemán Von Stein, con quien casó, después de largos y encendidos empeños. Pero ésta es una historia que quizá otro día se contará» (p. 283).

[4] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La sociedad española del Siglo de Oro a la luz de las novelas históricas de Néstor Luján: Por ver mi estrella María (1988)», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.), Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 283-300.

Otros elementos religiosos en la poesía cervantina (1)

Me refiero ahora al análisis de elementos religiosos que se hacen presentes en forma de breves referencias, dentro de poemas que no son de temática religiosa. Por ejemplo, el juego con la expresión llamados y escogidosMulti enim sunt vocati, pauci vero electi», Mateo, 20, 16; también Mateo, 22, 14) que encontramos en el remate del soneto de Florisa, de La Galatea, Libro I, interpretada aquí en un sentido amoroso: «sé bien que son de amor los escogidos / tan pocos, cuanto muchos los llamados»[1].

Muchos son los llamados y pocos los escogidos

El mismo juego lo encontramos reiterado en otros pasajes cervantinos, por ejemplo en el romance de Olalla cantado por Antonio en el Quijote:

Abalánzase al señuelo
mi fe, que nunca ha podido
ni menguar por no llamado
ni crecer por escogido[2].


[1] La Galatea, ed. de Francisco López Estrada y María Teresa López García-Berdoy, 2.ª ed., Madrid, Cátedra, 1999, p. 236.

[2] Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, 2.ª ed. corregida, Barcelona, Instituto Cervantes-Editorial Crítica, 1998, p. 125.

«Madrid de los últimos Austrias», de Néstor Luján

Madrid de los últimos Austrias, de Néstor LujánA su vez, en la «Introducción» de Madrid de los últimos Austrias (Barcelona, Planeta, 1989) afirma Néstor Luján que pretende recoger «el primero de los históricos momentos estelares de Madrid como nueva ciudad, como capital de un gran imperio» (p. 9). En la Corte se reúnen el poder político y los valores culturales, de forma que ocuparse del Madrid del XVII es

abordar este momento realmente estelar de una cultura, y tan latidor, de un pueblo que nace, rompiendo la costra de provincialismo, y se transforma en una ciudad, cuyas gentes viven como sorprendidas por la transformación que están conociendo. Una ciudad única, imperfecta, desigual, barroca y dorada, mística y mísera, atracción de todas las gentes de los reinos de las Españas. Una ciudad a la que bien se le puede llamar, con énfasis soberbio y cordial, «la calle del mundo» (p. 10).

Este nuevo libro se divide en dos partes: la primera, «Sólo Madrid es Corte», consta de cinco capítulos: «Una capital nueva: el Alcázar», «La Corte: “Las piezas” del rey», «Madrid, capital religiosa», «La Villa: de la calle Mayor al Manzanares» y «La salud del Madrid barroco»; la segunda, titulada «Algunos personajes significativos», incluye seis capítulos: «Un rey y su valido», «Dos príncipes malogrados», «Dos reinas», «Cuatro escritores madrileños: Lope, Quevedo, Calderón y Tirso», «Velázquez, madrileño “honoris causa”» y «Carlos II, fin de raza y dinastía»[1].


[1] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La sociedad española del Siglo de Oro a la luz de las novelas históricas de Néstor Luján: Por ver mi estrella María (1988)», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.), Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 283-300.

ENLACES A DOS VÍDEOS:

“Historia de España 6: Los Austrias Mayores”:
http://www.youtube.com/watch?v=rwgV4k6iZMU

“Historia de España 7: El Siglo de Oro (Austrias Menores)”:
http://www.youtube.com/watch?v=gS4dD5EJQ9g

 

Elementos religiosos en la poesía satírico-burlesca de Cervantes

También podemos detectar algunos elementos religiosos en la poesía satírico-burlesca de Cervantes. Precisamente a partir de motivos religiosos se construyen algunos de sus poemas burlescos más famosos, como sucede en el soneto dedicado al túmulo de Felipe II (la circunstancia que inspira el poema es propiamente religiosa: la construcción del túmulo mortuorio en la catedral de Sevilla; en el poema se incluyen juramentos como: «Voto a Dios», «por Jesucristo vivo»); y en el que refiere con sangrante ironía la «triunfal» entrada del duque de Medina en Cádiz después del saqueo de los ingleses en 1596[1], el cual empieza con una ponderación misteriosa:

Vimos en julio otra Semana Santa
atestada de ciertas cofradías
que los soldados llaman compañías,
de quien el vulgo, y no el inglés, se espanta.

Hubo de plumas muchedumbre tanta
que, en menos de catorce o quince días,
volaron sus pigmeos y Golías,
y cayó su edificio por la planta.

Bramó el Becerro y púsoles en sarta,
tronó la tierra, escureciose el cielo,
amenazando una total ruïna;

y, al cabo, en Cádiz, con mesura harta,
ido ya el conde, sin ningún recelo,
triunfando entró el gran duque de Medina[2].

La defensa de Cádiz, Zurbarán

Buena parte del texto se articula en torno a la sorprendente afirmación expresada en el verso primero: «Vimos en julio otra Semana Santa». La clave está en la palabra cofradías, que además de en su sentido recto funciona con el significado que tiene en germanía: vale ‘muchedumbre’, y más concretamente alude a la ‘junta de ladrones o rufianes’. Así pues, los soldados llaman compañías a los grupos que forman, pero en realidad son cofradías ‘agrupaciones de maleantes’. La paronomasia entre cofradías y compañías facilita el juego de palabras y permite la ponderación misteriosa que abre el poema.

Por otra parte, además de destacar la alusión al gigante Goliat (Golías) del verso 7, debemos subrayar que los versos 10-11 enlazan con la alusión a la Semana Santa desarrollada en el primer cuarteto, en tanto en cuanto apuntan a las señales ocurridas en Jerusalén tras la muerte de Jesucristo en la Cruz (terremoto, ruido, oscurecimiento del cielo, etc.).


[1] Para un análisis completo del texto y el suceso histórico al que se refiere, ver Carlos Mata Induráin, «El soneto de Cervantes “A la entrada del duque de Medina en Cádiz”. Análisis y anotación filológica», en Pedro Ruiz Pérez (ed.), Cervantes y Andalucía: biografía, escritura, recepción. Actas del Coloquio Internacional «Cervantes en Andalucía», Estepa, Sevilla, 3-5 de diciembre de 1998, Estepa, Ayuntamiento de Estepa, 1999, pp. 143-163.

[2] Miguel de Cervantes, Poesías completas, ed. de Vicente Gaos, Madrid, Castalia, 1981, vol. II, pp. 375-376.

«La vida cotidiana en el Siglo de Oro español», por Néstor Luján

La vida cotidiana en el Siglo de Oro español, de Néstor LujánEn el conjunto de su producción de tipo histórico-divulgativo, Néstor Luján cuenta con dos obras tituladas La vida cotidiana en el Siglo de Oro español  (1988) y Madrid de los últimos Austrias (1989), libros cuya publicación viene a coincidir cronológicamente con el tratamiento de temas y personajes del Siglo de Oro en forma de ficción narrativa. En la «Introducción» del primero de ellos (manejo la 6.ª ed., Barcelona, Planeta, 1991) afirma Luján que «La España del siglo XVII es, a no dudar, uno de los momentos estelares más resplandecientes y más tornasolados de desesperanza de la historia de cualquier pueblo» (p. 9). Y destaca que se trata de una época en la que se da una muy rara paradoja: «tantos problemas, tantos fracasos, tantos desengaños y desesperanzas, corresponden a un momento literario y artístico único» (p. 10). Tras reconocer la deuda de su trabajo con otros libros sobre la misma materia, como los conocidos de José Deleito y Piñuela, indica que su aportación pretende ser un

acercamiento a la realidad palpitante de una época excepcional […] una época inmortalizada por la literatura, el arte, el ansia vital de cumplir con ideales religiosos y políticos, espirituales y materiales: todo lo que, palpitante de vida, contribuye a entender la vida cotidiana, tan rica y varia, del inicio del derrumbamiento material de un imperio (p. 12).

La vida cotidiana en el Siglo de Oro español se articula en nueve capítulos: «Mercados, tabernas, posadas», «De la cocina palaciega a la sopa boba» (completado con un «Vocabulario gastronómico»), «La moda masculina y femenina», «Los españoles ante el espejo», «Del amor platónico al adulterio», «Usos y costumbres del amor venal» (al que se añade un «Vocabulario del amor venal»), «Las diversiones: teatro, baile, toros», «Un vicio nacional: el juego» (con su complemento de un «Vocabulario del juego») y «La lepra española: pícaros y valentones» (seguido de un «Léxico o vocabulario de los términos más habituales de valentones, matasietes y desolladores»)[1].


[1] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La sociedad española del Siglo de Oro a la luz de las novelas históricas de Néstor Luján: Por ver mi estrella María (1988)», en Álvaro Baraibar, Tapsir Ba, Ruth Fine y Carlos Mata (eds.), Textos sin fronteras. Literatura y sociedad, Pamplona, Eunsa, 2010, pp. 283-300.

Recopilación de artículos de Néstor Luján en La Vanguardiahttp://www.lavanguardia.com/hemeroteca/20120301/54261235753/nestor-lujan-ingenio-y-erudicion-en-nuestras-paginas.html

La religión en los sonetos cervantinos a la pérdida de La Goleta

Podemos recordar también la consideración de mártires que tienen los soldados cristianos caídos en la defensa de La Goleta, tal como se aprecia en los dos sonetos dedicados a esta empresa en Quijote, I, 40[1]. El primero de ellos dice así:

Almas dichosas que del mortal velo
libres y esentas, por el bien que obrastes,
desde la baja tierra os levantastes
a lo más alto y lo mejor del cielo,

y, ardiendo en ira y en honroso celo,
de los cuerpos la fuerza ejercitastes,
que en propia y sangre ajena colorastes
el mar vecino y arenoso suelo:

primero que el valor faltó la vida
en los cansados brazos, que, muriendo,
con ser vencidos, llevan la vitoria;

y esta vuestra mortal, triste caída
entre el muro y el hierro, os va adquiriendo
fama que el mundo os da, y el cielo gloria[2].

Túnez y el fuerte de La Goleta

Ideas muy parecidas refleja la segunda composición, cuyo texto es como sigue:

De entre esta tierra estéril, derribada,
destos terrones por el suelo echados,
las almas santas de tres mil soldados
subieron vivas a mejor morada,

siendo primero en vano ejercitada
la fuerza de sus brazos esforzados,
hasta que al fin, de pocos y cansados,
dieron la vida al filo de la espada.

Y este es el suelo que continuo ha sido
de mil memorias lamentables lleno
en los pasados siglos y presentes.

Mas no más justas de su duro seno
habrán al claro cielo almas subido,
ni aun él sostuvo cuerpos tan valientes[3].

La estructura es similar en los dos sonetos: el elogio del valor heroico derrochado en la batalla por los cristianos y la constatación de que, si bien el resultado final fue de derrota y muerte en el plano físico, aquellos soldados muertos obtuvieron una victoria mejor: la de los mártires que ganan la salvación eterna. Los dos textos se construyen en torno a esa misma idea de la derrota de los cuerpos en la tierra (muerte, caída…) frente a la victoria de las almas en el cielo (vida, elevación…), y la mayor parte de los sintagmas y verbos subrayan precisamente esa idea de movimiento vertical, ascendente, desde la tierra y lo material hasta el cielo y lo espiritual[4].


[1] Para un análisis completo de ambos textos y la circunstancia histórica que los inspira, ver Carlos Mata Induráin, «Los dos sonetos a la pérdida de La Goleta (Quijote, I, 40) en el contexto de la historia del Capitán cautivo», Rilce, 23.1, 2007, pp. 169-183; ver también Salvador Muñoz Iglesias, Lo religioso en el «Quijote», Toledo, Facultad de San Ildefonso, 1989.

[2] Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, 2.ª ed. corregida, Barcelona, Instituto Cervantes-Editorial Crítica, 1998, p. 460.

[3] Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, p. 460.

[4] Es notable el contraste que se establece en el texto del segundo poema entre la esterilidad de la tierra («tierra estéril», «duro seno») y la vida eterna del cielo.

La religión en las canciones cervantinas a la Armada

Aludiré más brevemente a la cuestión de la presencia de elementos religiosos en los poemas de Cervantes de tema histórico y bélico. Me refiero, por ejemplo, al providencialismo apreciable en las dos canciones a la Armada, donde se contrapone la gloriosa victoria de la Cristiandad en Lepanto con la derrota de la expedición militar enviada contra Inglaterra, permitida en esta ocasión por Dios; el rey Felipe II es equiparado a David:

Muéstrales si es posible un verdadero
retrato del católico monarca,
y verán de David la voz y el pecho[1].

David vence a Goliat

A su vez, en la segunda composición, el monarca es comparado con un nuevo «Moisés cristiano» (como se relata en el libro del Éxodo, mientras Moisés tiene los brazos en alto, Josué vence a los amalecitas; cuando los baja, los israelitas pierden la batalla):

En tanto que los brazos levantares,
gran capitán de Dios, espera, espera,
ver vencedor tu pueblo y no vencido;
[…]
alza los brazos, pues, Moisés cristiano,
y pondralos por tierra el luterano[2].

Moisés con los brazos en alto

ENLACES:

Entrada sobre la Armada Invencible en Wikipedia:
http://es.wikipedia.org/wiki/Armada_Invencible

Un documental sobre la Armada Invencible:
http://tu.tv/videos/la-armada-invencible-documental


[1] Canción I, vv. 121-123, en Poesías completas, ed. de Vicente Gaos, Madrid, Castalia, 1981, vol. II, p. 363.

[2] Canción II, vv. 86-87 y 101-102, en Poesías completas, ed. Gaos, vol. II, p. 367.

Elementos lírico-religiosos en «El trato de Argel»

Asimismo, podemos detectar otros pasajes de especial intensidad lírico-religiosa en las comedias de cautivos de Cervantes; por ejemplo, en el momento de la Jornada IV de El trato de Argel en que Saavedra trata de hacer razonar a su compañero de cautiverio Pedro, el cual pretende ser moro «con la voz y el vestido», pero sin negar a Cristo. Estas son sus palabras:

¿No sabes tú que el mismo Cristo dice:
«Aquel que me negare ante los hombres,
de Mí será negado ante mi Padre;
y el que ante ellos a Mí me confesare,
será de Mí ayudado ante el Eterno
Padre mío»? ¿Es prueba ésta bastante
que te convenza y desengañe, amigo,
del engaño en que estás en ser cristiano
con sólo el corazón, como tú dices?
Y ¿no sabes también que aquel arrimo
con que el cristiano se levanta al cielo
es la cruz y pasión de Jesucristo,
en cuya muerte nuestra vida vive…?[1]

Cubierta de El trato de Argel

Y antes, en la Jornada III, otro personaje, Aurelio, hacía la siguiente protesta:

¡Cristiano soy, y he de vivir cristiano;
y, aunque a términos tristes conducido,
dádivas o promesa, astucia o arte,
no harán que un punto de mi Dios me aparte![2]

Edición digital de El trato de Argel en Cervantes Virtual: http://www.cervantesvirtual.com/obra/el-trato-de-argel–0/

Otra edición digital en:
http://www.online-literature.com/espanol/cervantes/trato-de-argel/

El trato de Argel en ebook: http://www.todoebook.net/ebooks/ClasicosEspanoles/Miguel%20de%20Cervantes%20Saavedra%20-%20Trato%20de%20Argel%20-%20v1.0.pdf


[1] El trato de Argel, en Obras completas, ed. de Florencio Sevilla Arroyo, Madrid, Castalia, 1999, p. 847a. Para más detalles, ver P. Teófilo Antolín, «El uso de la Sagrada Escritura en Cervantes», Cuadernos de Literatura. Revista General de las Letras, III, 7, enero-febrero de 1948, p. 116.

[2] El trato de Argel, en Obras completas, ed. Sevilla Arroyo, p. 843a. Ver también Poesía, selección e introducción de José Manuel Caballero Bonald, Barcelona, Seix Barral, 2005, p. 205.

Elementos lírico-religiosos en «El rufián dichoso»

En El rufián dichoso, al final de la primera jornada, cuando el protagonista hace su voto religioso, se encomienda al Señor, en un pasaje en el que además evoca a la Virgen Madre de Dios, al Ángel de la Guarda y a las ánimas del Purgatorio, menciona los «salmos de David bendito» y se refiere negativamente a los demonios. El segundo ejemplo lo tenemos en los vv. 1782 y ss., donde el P. Cruz hace un contrafactum cantando «a la dura cruz preciosa», después de la visión en que han aparecido unas ninfas loando a Venus. Luego unos músicos entonan un elogio de Sevilla y los amores, y la réplica del P. Cruz («Vade retro, Satanás») repite a modo de estribillo: «No hay cosa que sea gustosa / sin la dura cruz preciosa»:

No hay cosa que sea gustosa
sin la dura cruz preciosa.
Si por esta senda estrecha
que la cruz señala y forma
no pone el pie el que camina
a la patria venturosa,
cuando menos lo pensare,
de improviso y a deshora,
cairá de un despeñadero
del abismo en las mazmorras.
Torpeza y honestidad
nunca las manos se toman,
ni pueden caminar juntas
por esta senda fragosa.
Y yo sé que en todo el cielo,
ni en la tierra, aunque espaciosa,
no hay cosa que sea gustosa
sin la dura cruz preciosa
(vv. 1782-1799).

Cubierta de El rufián dichoso

En tercer lugar, en los vv. 1904-1908 encontramos la paráfrasis de varios salmos bíblicos, convenientemente anotados por Edward Nagy, editor moderno de la comedia en Cátedra. En fin, se podrían aislar en esta obra dramática varios «fragmentos líricos» que podrían leerse independientemente como poemas de tema religioso, circunstancia que no debe extrañarnos si tenemos en cuenta que estamos ante una comedia hagiográfica[1].


[1] Para estas reminiscencias bíblicas varias y otras alusiones a los salmos en El rufián dichoso, vv. 1904 y ss., ver el trabajo del P. Teófilo Antolín, «El uso de la Sagrada Escritura en Cervantes», Cuadernos de Literatura. Revista General de las Letras, III, 7, enero-febrero de 1948, p. 116. Cito por El trato de Argel, en Obras completas, ed. de Florencio Sevilla Arroyo, Madrid, Castalia, 1999.